Two pedestrians talking beneath bilingual Respect Street and Spanish civic respect signs

Cuando te roban la educación, te roban el progreso.

No entender que cuando te roban la educación te están robando el progreso es, probablemente, lo que nos está llevando a la ruina, una ruina que es emocional antes que económica pero que acaba ahí, en los bolsillos vacíos, en que llegar a fin de mes sea un reto, en que comprar una vivienda sea un cuento de hadas que se cuenta a los niños antes de dormir y pagar el alquiler, o con sacrificio la hipoteca, la pesadilla de todos los meses.

No lo vemos porque no somos capaces de seguir la línea de puntos que une actitudes como no ceder el asiento en el metro o no saludar amablemente al vecino en el ascensor con la pobreza, tan lejos estamos de verlo que ni siquiera consideramos esos actos como algo maleducado, al fin y al cabo en el metro vamos con los cascos y mirando al móvil así que ni siquiera sabemos que hay una abuelo o una embarazada de pie a nuestro lado; al no seguir esa línea de puntos, nos vamos aislando y ese aislamiento íntimo nos lleva a asociarnos y así vamos levantando nuestros pequeños muros: los del partido, los de la asociación X o el sindicato Y son los míos, con ellos todo, para ellos todo ¿y los demás? El averno ¡si no son humanos! ¡si no merecen ni unos buenos días o unas buenas tardes, mucho menos un por favor o un gracias!

Sé que trazar la línea esa línea, la que va de la mala educación a la violencia, es tan difícil como trazar la que va de la buena educación al progreso pero nuestra incapacidad para unir los puntos no nos librará de las consecuencias de seguir una u otra línea aunque lo hagamos a ciegas. Ahora bien, hay algo que resulta muy fácil ver y entender, algo que nos puede servir de salvavidas llevándonos al camino del progreso y alejándonos del de la ruina, se llama respeto.

RESPETO

Respetar no es convencer ni dejarse convencer, no es someterse ni someter, no es ni tan siquiera entender lo dice nadie porque el respeto no es para las ideas, los discursos, los sentimientos ni las cosas, el respeto es para las personas y se aplica con una ley muy básica: tu libertad termina donde empieza la de los demás, tus derechos son inalienables siempre y cuando no arrasen con los derechos de los demás ¿te parece un equilibrio difícil? Pues no lo es. Es verdad que hoy lo parece pero eso sucede porque te han convencido de que el mundo eres tú, de que tienes derecho a todo y obligación de nada, que tú eres el bien moral a imponer y los demás el enemigo a aplastar ¿y cómo han logrado convencerte de tal despropósito? No lo han hecho de frente y explicándolo, claro que no, entonces no hubieras caído en su trampa…

Lo han hecho minado ese ingrediente esencial de toda sociedad que vive en paz, el respeto: te han convencido de que tus padres merecen respeto pero no tanto (por eso con 16 años puedes irte a abortar sin que ellos lo sepan), te han convencido de que en clase mandas tú porque tú eres quien tiene derecho a una educación de calidad, el profesor es contingente y el contenido innecesario porque lo importante es que tú transites plácidamente por la escuela, pasando de curso en curso sin dolor de cabeza alguno y sin dejar a nadie atrás, es decir, sin que la escuela transite por ti…

Te han convencido de que tienes derecho a una vivienda, a un trabajo digno, a una pensión y todas las ayudas que necesites, lo que no te han contado es que todo eso hay que pagarlo, que las casas no se hacen solas, que para el buen trabajo hay que prepararse y que las ayudas deben ser siempre puntuales y contingentes o te avocarán a la ruina.

Te han maleducado contándote cuentos que el papel y en la pantalla quedan se ven preciosos pero que en la realidad se disuelven como un azucarillo en el café y ahora te has enfado, te has cruzado de brazos y has hecho una amenaza muy seria: ¡me enfado y respiro! Te han llevado a donde querían tenerte, centrado en ti mismo y tus derechos, derechos que no son solo los innegables derechos humanos o los que, supuestamente, te otorga la Constitución, son tus necesidades y deseos, todos ellos. Y no hablo solo de jóvenes ni a jóvenes, también a los mayores porque ser mayor suele tener la ventaja de la experiencia pero no necesariamente la de la lucidez y tan cegado está el joven que cree que su derecho a la vivienda pasa porque le pongan una en Plaza de España a precio de saldo como el anciano que cree que su derecho a cobrar la pensión pasa incluso porque se la suban año a año como no suben los sueldos incluso si su pensión es la máxima.

Y así vamos: como solo nos miramos a nosotros mismos y nuestros derechos e ideas, que por supuesto nos parecen justos y necesarios, dejamos de ver a los otros como seres humanos con sus derechos e ideas y, una vez perdido el respeto, ya es imposible hablar de educación.

Pero lo cierto es que un país maleducado es un país de futuro tenebroso por eso es tan importante que entendamos que, cuando te roban la educación, te roban el progreso porque te hurtan el único medio que podría estar al alcance de cualquiera para ir a más y a mejor en lugar de quedarte chapoteando en la charca de la ciénaga. Y sí, cuando te animan a tomar las calles contra alguien, aunque lo hagan disfrazando la llamada como la defensa de alguien, te están cercando en la ciénaga; los que deshumanizan al que piensa distinto, quienes se presentan como solución a todos los males mientras a quienes discrepan de sus planteamientos los presentan como el diablo vestido de azul, como la más absoluta de las perdiciones, esos que alientan a faltar al respeto al otro hablándole a tu yo más emocional y menos racional, esos son los que te están robando la educación y, con ella, el progreso.

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