Una de las cosas más detestables de la posmodernidad que nos hemos dado es el trato que ésta hace de la pobreza tanto en lo que tiene que ver con sus mensajes hacia los pobres como en su gestión de la pobreza misma: la posmodernidad hace de la pobreza estigma porque la considera condición casi genética, como si fuese imposible salir de ella, como si solo quienes roban pudieran llegar a ser ricos, solo quienes heredan pudieran ser propietarios de una casa y quienes pueden pagar un máster o una tesis pudieran ascender en la escala social por la vía de la educación.
Yo niego la mayor. Todo esto es mentira. Y conseguir que los pobres crean tal mentira no la convertirá en verdad, solo en relato dominante y auténtico lastre, precisamente, para salir de la pobreza. Y conviene no equivocarse, tan culpables de semejante desaguisado son quienes estigmatizan a través de la pobreza como quienes se dejan estigmatizar.
El pecado de quienes convencen a los pobres de que lo son porque otros son ricos y por culpa de (algunos) de los que son ricos se resume en este titular: el relato como herramienta política. Y no somos conscientes de la terrible trampa que encierra este planteamiento…
Mientras nos dicen que somos pobres por culpa de los ricos, que no tenemos oportunidades para dejar ser pobres porque tales oportunidades las tienen los ricos en sus cajas fuertes guardadas bajo siete contraseñas de 8 dígitos, destruyen cualquier atisbo de ascensor social por una razón bien sencilla: por una parte porque si existe un ascensor social el relato se cae a pedazos y por otra parte porque si de verdad podemos hacer algo para salir de la pobreza por nuestros propios medios y esfuerzos no habrá masa crítica suficiente de pobres que estén dispuestos a votar a quienes viven del relato, a quienes hacen del relato su única herramienta política.
Y la cosa alcanza en este sentido tintes dramáticos no solo cuando, al analizar lo que se ha hecho con el sistema educativo en los últimos 40 años, descubrimos como se ha ido destruyendo el ascensor social sino cuando vemos hoy a gentes supuestamente cultas, supuestamente leídas, supuestamente lúcidas… defendiendo argumentos de este porte: que quien lee a sus hijos en casa y con sus hijos en casa está fomentando diferencias sociales porque hay niños que no cuentan con ese apoyo… ¿no sería mejor asegurarnos de que la escuela da a esos niños que en casa lo tienen peor precisamente eso, las oportunidades que no les va a dar la casa? En lugar de eso se critica a los padres que sí educan a sus hijos y se baja el nivel en la escuela porque nada es más fácil que igualar por abajo…
El daño que causan quienes hacen del relato su herramienta política lo vemos cuando descubrimos a los pobres que lo compran, a quienes creen que el problema es la distribución de la riqueza y no su creación por una parte y se descansan en la fatalidad que les ha caído por haber nacido pobres… Esto también se ve muy claro en el mundo educativo, cuando los padres celebran las facilidades a todos los niveles, las notas infladas, la bajada de nivel que reduce el esfuerzo y el conocimiento…
El pecado de los pobres que compran tan falaz relato: el victimismo y la excusa. Haber nacido pobre es la excusa que se cuenta a sí mismos quienes compran el relato de quienes lo usan como herramienta política y pasan así de ser víctimas de la pobreza a ser victimistas profesionales, con sus caballeros de brillante armadura defendiéndolos y los malos atesorando oportunidades y pisos en sus cajas fuertes.
El error aquí es ya un despropósito absoluto porque nada incapacita más para salir de la pobreza que acomodarse en la idea de que no depende de uno hacerlo, de que uno no puede hacer nada por sí mismo para mejorar su situación y de que la culpa es de otros; esta actitud provoca además una ceguera autoinfligida que impide ver realidades tan evidentes como que el destrozo educativo es lo que ha hecho gripar el ascensor social y que son quienes han promovido ese destrozo los que han dificultado el progreso de los pobres.
No seré yo quien niegue algo tan evidente como que con dinero la vida es más fácil pero diré también tantas veces como sea necesario que somos lo que hacemos de nosotros con lo que nos viene dado previamente y nada más que eso: uno no elige dónde ni cuándo nace, no elige a su familia, no elige ser rico ni pobre, no elige el colegio al que lo mandan sus padres… uno crece con lo que le toca y se va forjando como persona como puede y con lo que le rodea pero ese uno llega a adulto y, de ahí en adelante, se va convirtiendo en lo que hace de sí mismo con los mimbres que le tocaron y eso es lo realmente importante, lo que nos viene dado, sea mucho o poco, bueno o malo, no es mérito ni demérito nuestros, son nuestras circunstancias y conviene no olvidar que, sean como fueran, podrían haber sido peores (porque tendemos a recordar solo que podrían haber sido mejores y ahí voy…).
Ahí voy, decía, porque quienes ante estudios que muestran y demuestran que el nivel cultural y económico de los padres influye directamente en el desempeño de los hijos, quizá influidos por el dañino relato de la posmodernidad, tienden a culpar a la pobreza, ya sea intelectual o económica del desastre, y eso es tanto como echarle la culpa al viento…
¿Que el nivel cultural y económico de los padres influye en la vida de los hijos? Pues claro ¿Que la importancia que los padres, titulados o sin titular, ricos o pobres, dan a la educación influye más? No me cabe la menor duda ¿Que el sistema educativo debería funcionar no solo como ascensor social sino como elemento de cohesión social y fomentar la igualdad de oportunidades y no lo hace? Desgraciadamente, tampoco lo dudo… El problema es que estamos a vueltas con los ricos que se compran la tesis, la cátedra o el máster y con llevar la igualdad no al campo de las oportunidades sino por la vía rápida al de los resultados lo cual, por otra parte, abre una autopista a quienes pueden comprar la tesis, la cátedra o el máster. Y estamos a vueltas con todo eso en lugar de ir a lo esencial, a la educación, al hecho cierto de que la educación está fallando:
La educación está fallando en casa por una y mil razones que no voy a detallar aquí (bastante me explayé al respecto en MALEDUCADOS) y está fallando en la escuela por ese empeño de igualar en resultados porque ¿cómo se consigue esa igualdad en resultados? No igualando el acceso al saber sino limitando el saber, dejando a los mejores abandonados a su suerte y regalando a los peores un sistema que les facilita ser peores todavía porque no les exigen nada.
He aquí un buen ejemplo: hace pocos días leía que hay quien defiende que se elimine el examen de inglés de la PAU porque los ricos tienen mejor nivel que los pobres… me recordó aquello de las universidades americanas cuando querían cambiar las pruebas de matemáticas porque los negros sacaban peores notas que los blancos; la razón última que se daba es que los ricos tenían ventaja porque podían pagar colegios bilingües, estancias en el extranjero, clases particulares… y los pobres no y yo, ante esto, por una parte vuelvo a lo de siempre, sí, la vida con dinero suele ser un poco más fácil (también con unos padres preocupados y ocupados por la educación de sus hijos), bienvenidos a la realidad ¡pero! no es condición sine-qua-non y a las pruebas me remito: conozco el caso de un chaval que va a la PAU este año y que sin estancias en el extranjero y sin Kid&Us allá que va con un 8,5 de media en Bachillerato en inglés, nota más alta que compañeros suyos de colegio que sí han hecho salidas de inmersión lingüística al extranjero o asistido a academias tipo Kid&Us desde el jardín de infancia y no, no ha sido ciencia infusa ni cosa semejante, han sido horas ¡horas! de dibujos animados en inglés siendo pequeño, algún que otro cuento bilingüe antes de dormir y sobre todo la diferencia ha estado en los juegos en red con gente de diferentes lugares siempre en inglés y las horas de podscasts en inglés… ha sido tiempo y esfuerzo, no esfuerzo por aprender inglés sino por jugar al juego que quería jugar con gente que no hablaba su idioma y por escuchar podcasts que le interesaban y que no estaban en español sino en inglés y el precio, en lo económico, ha sido el de una ADSL.
Y no me vengan con la demagogia… no estoy diciendo que salir al extranjero no sea una ventaja, es más, creo que es el modo óptimo de mejorar el nivel de inglés; lo que estoy diciendo es que no es el único modo, que hay otras vías, que todo depende de los intereses de cada cual y del esfuerzo que se esté dispuesto a hacer.
Y sí, tener unos padres lúcidos que, en la medida de sus posibilidades, guían, orientan y exigen a sus hijos en su justa medida es una ventaja, una grandísima ventaja, la más grande de todas… Sí, ahí puede haber una brecha social importante que no debería ser insalvable porque el sistema educativo debería tender los puentes que la salvaran… ¿que no lo hace? Ahí lo tenéis, el problema no es la pobreza, el problema es la educación… la buena o mala educación en casa y en la escuela…
Lo que, a mi modo de ver y pensar, es más vergonzoso de todo este lío es el fin último de convertir la pobreza en estigma, de usarla como excusa y coartada; el fin y objetivo lo marcan, naturalmente, quienes usan el relato de la pobreza como herramienta política y quienes compran tal fin, a veces inocentemente, y creen a pies juntillas tal relato: nada aprieta más las filas de un grupo de seres humanos que la agresión exterior, que el enemigo común, por eso abundan los discursos de ‘los pobres y los ricos’ (que son en este relato los buenos y los malos, como si la pobreza fuera una vacuna contra el mal y la riqueza la inoculación del mal); por eso la fatalidad de lo irremediable, por eso el victimismo, por eso el odio en vena al enemigo común, ya sea un enemigo real o los molinos de la Mancha. ¿Y todo esto para qué? Para asegurar votos dirán algunos… tal vez, en realidad es para hacer negocios; el poder no se ejerce ya para gestionar la cosa pública sino la privada y la mala educación es parte del negocio, es el estiércol con el que abonar el suelo electoral de quienes quieren hacer negocios.
Y, por cerrar dando una pista acerca de cómo revertir este desastre, a la mala educación se llega siempre igualando por abajo, es decir, reduciendo los contenidos hasta que no sea necesario más que el mínimo esfuerzo para adquirirlos ¿resultado? El fin del saber… ya no sabemos apenas nada y no nos importa porque todo lo sabe Google y lo resuelve la IA pero resulta que el progreso de la humanidad ha llegado SIEMPRE a través del saber, de la acumulación del saber que sólo ha sido posible porque contamos con un lenguaje complejo que permite tal acumulación: cuando mejores han sido las herramientas que hemos creado para incrementar esa acumulación de saber (a través del lenguaje…), más rápido ha sido el progreso de la humanidad y cuándo más y mejor ha sido el acceso de más gente a ese saber también más y más rápido ha sido el progreso por eso dicen algunos como David Cerdá, con mucha razón, que la brecha que viene será cognitiva… así que ríete tú de la comprensión lectora: la mala comprensión lectora limita el acceso al saber y el acceso limitado al saber limita el desarrollo de pensamiento crítico, lateral y creativo… y todo ello con y sin IA. No entender esto es, tal vez, el primer problema que tenemos que afrontar porque es sobre él sobre el que se sostiene el uso de la pobreza como coartada, excusa y negocio.