Politicians around a table playing a game of power, money, votes, and influence

La política es un juego y un negocio.

La foto que nos devuelve hoy la realidad española es profundamente desoladora y no por la corrupción política, por el precio de la vivienda o el insoportable incremento del coste de la vida llamado inflación, que también, sino por la reacción de los ciudadanos ante todos estos problemas ¿reacción? Sería más exacto hablar de falta de ella… ¿Por qué somos tan poco exigentes con quienes nos gobiernan a día de hoy? ¿Por qué la corrupción tumbó el gobierno de Rajoy pero no tumba el de Sánchez?

Resulta fácil responder a estas preguntas hablando de redes clientelares, de voto cautivo, de propaganda travestida de periodismo, de sectarismo ideológico y de ceguera voluntaria, ahora bien, todos esos males no arraigan en una sociedad libre como lo han hecho en la España del S.XXI, la auténtica pregunta que tenemos que responder es cómo carajo hemos llegado a esto.

Hay un aspecto en este sentido que me parece esencial: nos han convencido de que la política es un juego, como el fútbol, y no nos hemos dado cuenta de que, mientras seguíamos la política como la liga de fútbol, con la camiseta de nuestro partido puesto, otros la convertían en un negocio: hoy, en 2026, la política parece un juego pero es un negocio.

La política como juego para votantes y militantes

Por absurdo y demencial que pueda parecer, hay quien vive con el carnet de partido y el voto entre los dientes; no son pocos los que viven cegados pensando que los suyos son los buenos y los otros los malos, ahondan en esta realidad falsa hasta el punto de que cuando descubren que entre los suyos hay ovejas negras, se consuelan con la supuesta certeza de que los otros son todos ovejas negras; eso sí admiten la existencia de ovejas negras entre los suyos porque estamos viendo a día de hoy a no pocos defendiendo incluso a esas ovejas y empatizando con ellas ¡pobres las hijas de Zapatero que facturaban millones! ¡pobre Begoña que gozaba de una cátedra sin ser licenciada! ¡pobre David, el hermano del presidente, que ocupaba un puesto sin oficina ni trabajo conocido pero sí sueldo!

Me sorprende, y asusta, el modo en que tantos empatizan con supuestos delincuentes olvidando que esos supuestos delincuentes están jugando con el futuro de nuestros hijos, me asusta y me sorprende que se acepte el gobierno de los más mediocres cuando no de los peores como si eso no tuviera consecuencias no ya a nivel general sino para todos y cada uno de nosotros. El problema es que nos han convencido de que la política es un juego y de que tenemos que ir siempre con los buenos que son los de la izquierda porque los de la derecha son Franco. ¿Y un planteamiento tan simple y falaz se sostiene incluso con secretarios de organización del PSOE encarcelados, expresidente imputado y presidente con la familia imputada? Así es… pero no por sí misma:

En realidad no hay una masa crítica a nivel nacional que sostenga tantos despropósitos pero sí hay un número no menor de jugadores de partido que se ven reforzados por no pocos caballos de Troya: los partidos nacionalistas, entre los que están los que defendieron sus ideas poniendo bombas lapa y pegando tiros en la nuca, discriminando a quienes hablan español en según qué regiones, impidiendo estudiar en su lengua materna a miles de niños y hasta declarando la independencia de su región o convocando referéndums ilegales, son los que refuerzan ese bando, ese partido, ese proyecto, ese despropósito…

La política como negocio para los políticos y sus familiares y amigos

Mientras tantos juegan a la política defendiendo a los suyos aunque los suyos no gobiernen por su interés ni por el bien común sino contra sus propios votantes, otros hacen negocios. Seguro que has oído hablar del sector negocios de los partidos no pocas veces, también de las puertas giratorias pero ahora hemos ido más allá, ahora no se trata de que los políticos se lucren de los contactos que hacen mientras ostentan cargos públicos, ni siquiera de que se coloquen en empresas públicas, sino de que hacen negocios literalmente ya no con su influencia sino con la nuestra como país.

El problema no está solo en los negocios que hacen los políticos mientras lo son o después de haberlo sido sino en a qué están dispuestos para poder seguir haciendo negocios: esa línea, la que marcaba el punto que no se podía pasar ni para hacer negocios no es que se haya movido, es que se ha diluido por completo, el mejor ejemplo lo tenemos en el propio Sánchez: no estaba dispuesto a gobernar con Podemos ni a pactar con Bildu… e hizo ambas cosas ¿por qué? No solo por dormir en Moncloa, más bien por todo lo que podía hacer durmiendo en Moncloa.

A finales de los 90, hace poco más de 25 años, toda la sociedad española estaba con las víctimas del terrorismo, fueran del partido que fueran, y frente a los terroristas, hoy en día no pocos están con los terroristas (no existe tal cosa como un exterrorista, a lo sumo habrá terroristas arrepentidos pero nada más) y obvian cuando no atacan a las víctimas; demasiados han cambiado de bando cuando quien defendió el cambio fue el PSOE con Zapatero a la cabeza y ahora el cambio sigue con Sánchez en Moncloa (estamos con Hamás, con Irán, con China, y todo por los negocios de unos pocos).

¿Y cómo es posible que esta estructura falaz, porque la política ni es un juego ni puede ser un negocio, se sostenga?

Porque somos unos auténticos maleducados… porque somos capaces de soportar que los mismos defiendan el aborto como un derecho inalienable de las mujeres como dueñas y señoras de su cuerpo y el derecho a que se las obligue a llevar burka o hiyab porque son sus costumbres y hay que respetarlas; porque somos capaces de soportar discursos que atacan a Madrid a pesar de que la mitad de los que viven en Madrid proceden de otras regiones de España, mientras en regiones como Cataluña y el País Vasco entre otras se ponen barreras de entrada a ciudadanos de otras regiones empezando por las lingüísticas y no solo eso, aceptamos sin despeinarnos que haya regiones que aporten menos que otras a la caja común… y reciban más a cambio.

Una estructura tan dañina como esta solo puede sostenerse cuando la ceguera voluntaria es ya patológica, cuando en la sociedad hay demasiados incapaces de alzar la mirada, que diría León XIV, y ya no mirar al cielo y al Altísimo sino a la cruda realidad que vivimos. Recuerdo a un anciano, ya fallecido, votante de extrema izquierda de toda la vida, diciéndome: yo siempre he votado así y, a estas alturas, ya no voy a cambiar… Recuerdo que le dije que lo entendía y era y es verdad, a él, a un hombre que vivió bajo una dictadura y que con los 80 ya cumplidos se niega a hacerse una enmienda a sí mismo; el problema es que hoy en día no es que no estemos dispuestos a enmendarnos a los 80, es que nos negamos ya a los 50 y a los 30, hoy hemos hecho del partidismo fe y juego haciendo de la lealtad lo bueno, aunque sea lealtad a un corrupto, y de la falta de lealtad, aunque sea retirar la confianza a quien la ha traicionado, lo malo.

Lo que tenemos al fondo es un problema de muy mala educación: en la sociedad española no solo abundan quienes viven con el carnet de partido entre los dientes, abundan también los equidistantes exquisitos que empatizan siempre con los unos y los otros (con los asesinos y los asesinados…), son demasiados los ciegos voluntarios y los ideológicos y demasiado pocos los lúcidos, los que desnudan la política de todo su artificio y se niegan a aceptar que sea un juego o un negocio, los que quieren que sea lo que siempre debió ser, un asunto de servicio y gestión pública que responde siempre a las necesidades de los ciudadanos y no a las del partido o los negocios.

Pensar en la política como servicio y gestión pública, a la vista de los periódicos del día, la semana, el mes o el año suena naif pero conviene tener siempre presente el deber ser de las cosas para no dejar nunca de caminar hacia él por lejano que parezca… andando se llega a Roma, decía mi abuelo.

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