Four children sitting on cushions reading books in a library

Dejad que los niños se acerquen a los libros

¿Por qué leer? ¿Para qué leer? ¿Son los libros objetos viejunos y obsoletos? ¿Leemos para entretenernos, por ocio y diversión o para aprender? ¿Lo audiovisual, lo rápido, matará al libro? Los niños hoy en día tienen otros intereses, dicen, ¿qué intereses? Una casa sin libros es un jardín sin flores, dicen los cursis, en realidad todos los jardines tienen temporadas sin flores, el problema es que algunos no florecen jamás, son como las casas sin libros…

Hace ya tiempo descubrí que hay batallas que no merecen darse porque están perdidas de antemano: no se puede convencer a un no lector de la importancia de la lectura, menos aún en una época que ha abrazado el igualitarismo y defiende sin pudor alguno que la sabiduría de unos vale tanto como la ignorancia de otros porque confunde la dignidad humana con la importancia del saber; ahora bien, hay otras batallas que hay que dar todos y cada uno de los días, el Día Internacional del Libro, más, batallas como la que defiende la importancia de la lectura en la infancia, que los niños tengan acceso a los libros en su casa, en su colegio, en la biblioteca, en las librerías… Y no, no es para ganar en el futuro la batalla de la lectura, para crear nuevos lectores (que también, oigan…) es porque la importancia de la lectura va mucho más allá de lo que se lee.

No se me revuelvan… que ya veo a los del ‘para leer esto mejor que no lean’ y no voy por ahí ni creo que haya que ir por ahí: la importancia de la lectura en la infancia no está tanto en lo que se lee como en que se lea (que se les lea a los niños cuando todavía no saben leer, que se lea con ellos cuando están aprendiendo o acaban de aprender a leer y que lean ellos cuando ya saben leer). ¿Por qué? No son pocos los beneficios colaterales que tiene la lectura en la infancia pero me voy a quedar con uno, con el esencial, básico e irrenunciable sino queremos involucionar en lugar de evolucionar:

La lectura mejora la comprensión lectora, la comprensión lectora mejora el dominio del lenguaje, el dominio del lenguaje es viento en las velas de cualquier proceso de aprendizaje, su carencia es quedarse en medio del mar a merced de las corrientes.

No recordamos cómo aprendemos a hablar, el esfuerzo que supone ni el tiempo que nos lleva conseguirlo porque es algo que sucede en un tiempo del que no tenemos memoria y tenemos la sensación que sucede de modo natural; en cierto modo es así pero solo en cierto modo, aprendemos a hablar en familia, en sociedad, no solos, adquirimos el lenguaje de nuestro entorno, no otro. Y tal vez por eso, porque hablamos desde que tenemos memoria, tendemos a despreciar el valor del lenguaje, a valorar más aprender una segunda o tercera lengua que dominar la propia y lo hacemos porque no acabamos de ser conscientes de que el lenguaje es una herramienta poderosa, la más poderosa que posee el ser humano.

¿Por qué hablamos? ¿Por qué somos la única especie que ha desarrollado un lenguaje complejo? No me adentraré aquí en los vericuetos del origen del lenguaje pero sí recordaré uno de las conclusiones a la que llegaron quienes investigan acerca de este asunto: desarrollamos el lenguaje como empezamos un día a caminar erguidos, es decir, evolucionamos, la cuestión es por qué, por qué evolucionamos de un modo y no de otro, por qué en esa evolución tuvimos los mimbres para crear un lenguaje complejo, por qué… y para qué; pues bien, son diversas las teorías al respecto, cabe que todas tengan algo de verdad y ninguna sea completa pero hay una que da una pista muy clara acerca de ese por qué y ese para qué:

Lo descubrieron unos investigadores del lenguaje mientras trabajaban con monos: una mona cascaba nueces y alimentaba con ellas a su cría además de comer ella misma, cuando consideró que ya habían comido lo suficiente dejó la piedra con la que estaba cascando las nueces junto a las nueces sobrantes y se tumbó al lado; la cría cogió la piedra y empezó a tratar de cascar nueces con ella (con poco éxito…) y la madre no hizo absolutamente nada, apenas a mirar a la cría. ¿Que se puede concluir de esto? Lo que concluyeron quienes estaban trabajando con aquellos primates es que, tal vez (solo tal vez) la diferencia entre los primates que evolucionaron a humanos tuvo que ver con el deseo de transmitir conocimientos, de enseñar… una cosa es aprender por imitación y necesidad y otro muy distinta aprender porque te enseñan ¿fue nuestro afán por enseñar, por transmitir nuestros conocimientos a nuestros vástagos, lo que hizo que la naturaleza nos diera los mimbres para desarrollar un lenguaje complejo?

Porque sin un lenguaje complejo el conocimiento se limita, es decir, los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro conocimiento: para señalar donde hay frutos que recoger, dónde está la manada de búfalos o cómo hacer fuego no se necesita un lenguaje complejo pero para transmitir conocimientos más densos, sí: no pensamos con imágenes sino que lo hacemos con palabras ¿cómo aprendemos matemáticas? No con números sino con palabras, con las palabras que se usan para explicarlas. ¿Y todo esto qué quiere decir? Algo simple y a todas luces evidente: que cuando mayor es nuestro vocabulario, cuando mayor es nuestro domino del lenguaje, mejor será cualquier proceso de aprendizaje que afrontemos.

Y esto no es una deducción a partir del origen del lenguaje, a esta conclusión han llegado otros más sabios y lo han hecho con pruebas: está demostrado que los niños que llegan al colegio a los 3 años con un vocabulario más rico llevan ventaja a los que llegan con un vocabulario más justo, una ventaja que tiende a ir ensanchándose a lo largo de toda la Educación Primaria si no se ponen los medios para reducirla o anularla; claro que en ello estamos, anulando esa distancia pero por abajo en lugar de hacerlo por arriba, es decir, en lugar de ocuparnos de que los niños que tienen peor dominio del lenguaje mejoren, despreciamos la lectura y hacemos que los que tienen un lenguaje más rico se estanquen. Igualitarismo puro, un error garrafal que pagaremos caro por una razón sencilla: procesos de aprendizaje peores dan a futuro menos y peores profesionales y eso hace las sociedades más pobres.

Así las cosas, me olvido de los sesudos estudios que hablan de la influencia del nivel social, económico o de estudios de los padres en el futuro de los hijos, de cómo está o deja de estar el sistema educativo, de lo que los profesores enseñan o dejan de enseñar… y voy a lo esencial, al dominio del lenguaje, a la importancia de los libros y la lectura desde la infancia; no podemos arreglar el sistema educativo para nuestros hijos, no podemos hacernos más ricos y pagar por lo que nos falta, no podemos subir de estatus social solo por quererlo o por pensar que tenemos derecho pero sí podemos dar a nuestros hijos una herramienta poderosa para que emprendan su camino vital: el lenguaje ¿y cómo lo hacemos? ¿cómo se da a los niños esa herramienta en casas en las que no hay libros o con padres que no leen? Sencillo, leyendo, comprando libros o visitando las bibliotecas públicas.

Leer cuentos a los niños antes de que ellos aprendan a leer es el primer paso, un paso que tiene además efectos colaterales que tienen que ver con la desconexión de lo audiovisual y el trabajo tanto de la atención como de la imaginación; leer con los niños cuando están aprendiendo a leer es otro paso importante que tiene que ver también con su evolución, con ser cada día un poquito menos dependientes de sus padres; y que los niños sigan leyendo cuando ya leen solos es el tercer paso, el que consolida el hábito de lectura mientras sigue enriqueciendo su universo imaginativo y su lenguaje.

Después llega la adolescencia y entramos en una época difícil en la que el hábito de lectura tiende a ser como el Guadiana, a veces está y a veces no está… pero eso no debe preocuparnos, el trabajo esencial ya está hecho: quienes desarrollan un proceso como el pincelado en el párrafo anterior, tanto si se convierten en adolescentes lectores como si no es así, tienen ya un nivel en el uso de esta estupenda herramienta que es el lenguaje que les permite redactar con corrección sintáctica y sin faltas de ortografía y que acercarse a textos complejos y largos con más o menos ganas pero sin dificultades de comprensión lectora. Tienen asegurado el viento en las velas de su proceso de aprendizaje.

No, lo más importante en la infancia no es qué se lee sino que se lea: cuentos, cómics, relatos cortos, historias ilustradas… no importa tanto el qué como el para qué y por eso, a la hora de elegir lecturas para los niños, solo hay que valorar dos factores: por una parte lo que a los niños les interesa (siempre será más fácil que lean algo que despierte de antemano su curiosidad) y por otra parte el nivel del texto, que debe ser siempre un poco más complejo del nivel del niño lector pero no demasiado, no tanto como para que se atasque en la lectura.

Cuando se trabaja la lectura de este modo, desde que se empieza a hablar sino antes, se llega a la adolescencia bien armado para desarrollar cualquier proceso de aprendizaje y para, de ahí en adelante, ampliar las fuentes de información y aprovechar, ahora sí, el mundo audiovisual como un recurso valioso para acceder al conocimiento; no que no es negociable nunca jamás es el dominio del lenguaje, sin eso no hay pantallas que valgan, la herramienta que hay que dominar más y primero es siempre el lenguaje y por eso termino como empecé: dejad que los niños se acerquen a los libros, acercad los libros a los niños…

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