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El día que me dolió el ombligo

Era jueves, por la noche, ¡ay! No era un dolor insoportable pero dolía ¡qué sitio más raro para doler, caramba! Te puede doler la cabeza, la espalda, el estómago, los oídos, la garganta o las muelas pero ¿el ombligo? Pues sí, el ombligo también. Y más. Por partida doble incluso porque puedes tener una infección y una hernia umbilical, se puede tener solo una de las dos cosas pero ¿por qué conformarse? Me quedé con el pack completo y empezó la fiesta…

Antibiótico para la infección y cirujano para la hernia ¿fecha de la operación? El 31 de marzo, si quieres, porque tienes que operarte pero urgente lo que se dice urgente no es, la hernia está complicada pero solo con grasa y es muy pequeña aunque cuando estas hernias pequeñas se complican… claro el 31 de marzo es Martes Santo… Pues, así las cosas, pa’lante y a pasar la Semana Santa cual penitente pasillo arriba, pasillo abajo, sentada no, tumbada tampoco, pasillo arriba, pasillo abajo en mi particular camino del calvario, recostada si acaso… que ya llegará la Resurrección.

Y, mientras llega, antibiótico (porque la infección me había tomado cariño), nolotil, paracetamol… pastillita cada 4 horas, a veces dos… ¡qué fiesta! Y te llaman los tuyos ¿qué tal vas? Y tú pensando ¡de cine, oye, de cine! Ni Ben Hur, tú, ésta es la Semana Santa más Semana Santa de mi vida… Además es una Semana Santa que dura hasta un mes, dicen (no lo sé, yo voy por la tercera semana) y puedo afirmar que la Resurrección es discontinua, vas mejorando sí, pero con altibajos, dos pasitos adelante, una atrás y verás como se te ocurra hacer un mal gesto… Y todo porque un día te dolió el ombligo.

La cuestión es ¿cómo se lleva no una semana ni dos, las que sean, en las que al principio no tienes cabeza, solo un cuerpo que duele, y después vas teniendo cabeza en la medida que el dolor remite pero, diríamos, movilidad reducida? Cabe que estéis pensando en atracones de series y películas o de podcasts o música a troche y moche y supongo que hubiera estado bien pero no creo que nada de todo eso me hubiera sacado de mis dolores y preocupaciones (que una tiene obligaciones personales y profesionales y temer que no vas a llegar a ellas no es nada agradable…) en cambio, cumplidos los mínimos reglamentarios de esas obligaciones ya sea por haber adelantado trabajo antes de la operación, por la ayuda de compañeros y familia y por la búsqueda de soluciones alternativas a obligaciones en esos días imposibles de resolver… pero ¿qué se hace para no subirte por las paredes? (metafóricamente hablando, claro, porque subirte no te subes ni del sofá sin hacer antes un estudio del proceso y los pasos que vas a seguir…).

La respuesta es la que quienes me conocen ya imaginan… LEYENDO.

Ahora bien, no cualquier cosa, en estos días no tiene una la cabeza para Platón ni Aristóteles, menos aún para el Ulises de Jocyce que algún día, supongo, conseguiré terminar… Elegí algo más ligero en cuanto a la enjundia filosófica de la cosa pero entretenido, lecturas de esas que te enganchan porque te intrigan y, como llevo ya unos cuantos meses chapoteando en la literatura negra, policiaca y detectivesca, (PD James, Chandler, Hammet, Mankel, Larsson… y volviendo siempre a Sherlock y Poirot…) y de Jo Nesbo solo había leído uno, El Redentor, seguí de ahí en adelante, tan en adelante que en poco más de dos semanas he devorado los cuatro siguientes de la saga (Muñeco de Nieve, El Leopardo, Fantasma y Policía) y estoy con el siguiente, La Sed.

¿Y es la saga de Harry Hole lo más indicado en convalecencia? Ya os digo yo que sí porque si bien es cierto que no se me ocurre un autor que trate peor a su personaje que Jo Nesbo (hasta Chandler y Hammet tuvieron más pudor con sus atormentados detectives Marlowe y Spade, hasta Mankell tuvo un poco más de consideración con su Wallander (salvo al final…), lo de Nesbo con Hole parece personal pero así cuando lees, mientras te duele el ombligo y lo que no es el ombligo, porque la cosa irradia al abdomen entero y la poca y rara movilidad hace que te duela todo el cuerpo, siempre puedes consolarte pensando que Hole está peor, a él le duelen más cosas, por dentro y por fuera, y encima tiene que encontrar al asesino, como tú por otra parte, solo que tú lo encuentras entre líneas, no en el salón de tu casa dispuesto a hacerte picadillo.

¿Mal de Hole consuelo de tonta? Un poco sí, claro, pero cuando te han hurgado en el abdomen para corregir una hernia malla mediante, queridos, el consuelo solo lo encuentra una en el nolotil… y en pensar que más se perdió en Cuba… o en Oslo. Porque quejarte, lo que se dice quejarte, no puedes ¡anda que no hay cosas peores! Y ha sido rápido y ha salido bien… (y hay que joderse que antes te dolía el ombligo y ahora te duele el ombligo y lo que no es el ombligo).

¿Y por qué os cuento todo esto? Porque, aunque sé que quienes aprecian el valor de la lectura no necesitan que yo insista en ello y que para quienes no lo entienden predico en un desierto de ciegos y sordos, insisto, insisto aunque solo sea por decirme aquello de que por mí no fue… Leer cuando el dolor físico y las preocupaciones te limitan te saca de ti mismo, es decir, de tu dolor y tus preocupaciones, te zambulle en otros universos que pueden ser de mero entretenimiento, de puro aprendizaje o una mezcla de todo ello en diferentes proporciones (hay un libro para cada momento, un momento para cada libro, solo es cuestión de elegir bien). Y así, cuando terminas un buen rato de lectura y vuelves a ti, aunque tus dolores y preocupaciones sigan ahí, aunque tú vuelvas al mismo punto en el que estabas antes de perderte un rato en la lectura, tú cabeza no es la misma, no está igual, está más tranquila, más despejada, tú estás más dispuesto a soportar esos dolores, esas preocupaciones… y si añades un paseíto al sol cuando el pasillo se te quede corto y necesites un camino del calvario un poquito más largo, sentirás que, de algún modo, tus ánimos se renuevan porque esas desconexiones que solo algo como la lectura, que exige atención, te da, te permiten también ser más consciente de que te duele, pero hoy menos que ayer, te permiten confiar en que te duele pero mañana menos que hoy y te permiten ver también que los tuyos no son los tuyos porque al uno lo hayas parido y al otro se le ocurrió decir sí quiero cuando el cura preguntó… no lo son solo porque siempre estás ahí para ellos sino porque ellos también están siempre ahí para ti.

La verdad, no concibo un infierno más infame que la vida que Nesbo le da a Harry Hole… O sí, un mundo sin libros, una vida sin lectura.

¡Ah! Por cierto… me confieso más amiga de leer en papel que en ebook (mucho más, de hecho), ahora bien, cuando te duele el ombligo primero y el cuerpo entero después… bendito ebook, queridos, bendito ebook, ligero él, fácil de sostener, de pasar páginas…

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