Crowd outside Biblioteca Pública amid discarded books and signs reading “BASURA” and “ESTUDIAR ES PERDER EL TIEMPO”

El desprecio del saber.

Los resultados del informe PISA nos ponen ante la imagen de un bosque arrasado por un incendio y, ante ese desastre, comienzan los análisis, la búsqueda de causas y motivos, la de excusas y justificaciones y el reparto de carnets sobre quien puede o no hablar de educación pero son pocos los que, más allá del ruido y la furia que sigue a la publicación del informe y que devendrá en silencio y olvido antes de una semana, tratan de ahondar en las causas pensando en construir las soluciones, no jugando a señalar al malo de la película ni buscando cabezas de turco ni enfrentándose contra realidades insondables, buscando el quid de la cuestión y pensando en cómo aislarlo.

Entre esos que van un paso más allá están Gregorio Luri y Lucas Gortázar (hay más, sin duda, pero de todo lo que he leído sobre este informe PISA lo que me ha quedado rebotando en la cabeza es lo que ambos han señalado); por una parte está la coincidencia, tanto Luri como Gortázar señalan como origen del problema de comprensión lectora a la atención, la mermada capacidad para prestar atención; a esto hay que añadir algo sobre lo que Luri viene incidiendo desde hace mucho tiempo: la comprensión lectora no es solo comprender el texto sino también su contexto, es decir, si no sabemos de qué nos están hablando vamos a entender poco de lo que nos digan por mucho que conozcamos las palabras que se usan para decírnoslo. Y eso me lleva al saber, al desprecio del saber que subyace a todo esto, un desprecio resumido en aquello de que para qué aprenderme de memoria esto o aquello si ya puedo consultar Google, para qué aprender a hacer operaciones complejas si ya las hace la calculadora… Ese utilitarismo brutal nos llevó a despreciar el saber y el aprender, lo que sumado al igualitarismo (la búsqueda de la igualdad no en oportunidades sino en resultados, es decir, no que todos tengan la posibilidad de aprender sino que todos aprueben al final) nos deja con los peores datos en un informe PISA y, lo que es peor, con tendencia a seguir cayendo.

Leo hablar de pantallas, del uso de la IA en educación, de la LOMLOE y de los padres (de los padres poco, menos de lo que merecen, pero traté de solventarlo aquí), leo las quejas de los pedagogos que dicen que hay que salir de PISA y la de los maestros que dicen que si no eres maestro y estás trabajando como tal en la actualidad no tienes derecho a hablar de educación… y la conclusión a la que llego es que una vez más confundimos el culo con las témporas (con perdón) e insisto, una vez más porque de eso también hablamos cuando se publicó el informe PISA anterior.

Para empezar, de educación habla quien educa y eso incluye a los padres porque los padres son los máximos responsables de la educación de sus hijos; habla también quien sabe de educación, ejerza o no de maestro o profesor y es que, parece mentira que haya que recordar esto, la educación va más allá de adquirir conocimientos, es decir, no es solo la instrucción, es más que eso; y aunque sé que en esto me repito más que el ajo, permitidme que insista con la definición de educación de Escohotado:

La riqueza es conocimiento‘ dice Escohotado y de ahí podemos concluir, sin temor a equivocarnos, que el desprecio del saber es pobreza, pobreza intelectual, espiritual y monetaria, pobreza en su sentido más amplio y lamentable.

Las causas que nos llevan a los peores resultados en PISA de nuestra historia son diversas y complejas pero conviene centrarse en las que están en la raíz del asunto más que en las que ululan entre las hojas porque, como bien sabe todo aquel que ha cuidado alguna vez una planta, si la raíz se pudre, no lograrás salvar la planta mimando las hojas mientras que, si salvas la raíz, la planta rebrota. ¿Y qué hay en la raíz de los resultados de España en el informe PISA? Dicen Luri y Gortázar que una suerte de déficit de atención, y tengo para mi que eso es rigurosamente cierto pero pienso algo más:

Cuando decimos que los niños no entienden textos largos (ni los niños ni los adultos, por eso las novelas son cada vez más cortas…) hablamos no solo de falta de comprensión lectora en cuanto a que no entienden lo que leen sino en cuanto a falta de atención, es decir, no entienden lo que leen porque no son capaces de prestar suficiente atención durante el tiempo necesario; solo eso sería ya un problema al que prestar atención con detenimiento pero es que hay un tercer factor, el contexto de Luri, es decir, que el texto no se entiende porque no se sabe de qué se está hablando y no, no es que les pongan textos de ingeniería aeronáutica, es que saben muy poco de cualquier cosa.

¿Y por qué saben tan poco? Aquí podríamos soltar la clásica retahíla de causas que empieza con el desprecio del esfuerzo, con el afán de igualarlos a todos al que va peor, al empeño en hacer del aprendizaje algo divertido como si aprender no supusiera un cierto esfuerzo o como si ese esfuerzo fuera dañino para los niños… Y aunque todo esto, y más que podríamos decir, tiene mucho de verdad, no es la causa primera y primigenia, ese triste honor es para el desprecio del saber.

¿Por qué va a poner atención y esfuerzo un niño en aprender nada si el esfuerzo de poner esa atención y aprender no tiene recompensa? ¿Por qué va a pensar un niño que es mejor saber que no saber si ya sabe que Google lo sabe todo? Y si no es Google es la IA, mejor me lo pones… porque hemos llegado al punto en el que delegamos a la IA el pensamiento con la misma facilidad que delegamos en Google el conocimiento, como si eso no tuviera consecuencias.

Las consecuencias de delegar el conocimiento y el pensamiento son la pérdida de ese conocimiento y la merma de la capacidad de pensar, razonar y resolver problemas ¿por qué? Porque con esas delegaciones perdemos el conocimiento y las habilidades necesarias para resolver cualquier problema; decimos que todo está en Google o en la IA de turno sin sonrojarnos porque sentimos que el conocimiento está entonces a un clic, nunca se nos ocurrió defender que ‘aprender pá qué’ si todo está en la Biblioteca (y, ciertamente, todo estaba en la Biblioteca) porque había que ir a una Biblioteca, rezar para que su fondo bibliográfico fuera bueno y luego ponte a buscar entre estanterías de cientos de libros; ‘tienes que saber buscar‘ te decían hablando tanto de la biblioteca como del diccionario, ahora te dicen ‘tienes que saber escribir un prompt‘ y lo que yo me pregunto es: cómo voy a saber escribir un prompt, cómo voy a saber qué preguntar, qué buscar, de un tema del que no sé nada.

Necesitamos contexto y el contexto es saber, un ser humano sin contexto es un ser humano ignorante y la ignorancia nos encamina de nuevo a las cavernas, no al progreso; hemos progresado a través de la acumulación de conocimiento, de avanzar en conocimiento, no al revés; y además de contexto necesitamos habilidades que nos permitan usar ese contexto para resolver problemas sencillos o complejos, los que se nos pongan por delante, y esas habilidades se trabajan resolviendo problemas; eso, en su conjunto, es aprender y no se hace solo en la escuela: visitar un museo, conversar con quienes tienen algo que contar, leer, ver según que series, películas o documentales, viajar, pasear prestando atención al entorno… todo eso y más es también ampliar contextos.

El aberrante utilitarismo nos ha llevado a justificar el desprecio al saber y al proceso de aprendizaje con el esfuerzo inherente a él y eso nos está haciendo más lerdos y más pobres. Mientras no entendamos que el problema de nuestros pobres resultados en PISA es ese desprecio no lograremos resolver nada, lo que se me antoja un problema complejo es revertir ese desprecio en una sociedad que considera profesión ser influencer o experto (así, a secas), y hace héroes a futbolistas y toreros, una sociedad de padres que aconsejan a sus hijos elegir lo que les resulte más fácil o justifican que no hayan leído un libro porque tienen otros intereses aunque no sepan decir qué intereses son esos, y todo ello mientras, además, ignora, cuando no desprecia, a quienes de verdad saben algo de alguna cosa.

Lo que sí tengo claro es que recuperar el aprecio y el respeto por el saber es el camino y es un camino que, como decía el poeta, se hace al andar y no pasa nada si se hace solo, el caso es ir desbrozando el terreno, abriendo el camino… y antes o después llegarán las máquinas y volveremos a la senda de progreso de la que nunca debimos salir. O no. Pero al menos podremos decir ‘por mi no fue’.

Deja un comentario