Menudo potaje de conceptos he hecho para titular este post, claro que antes de mi ya lo hicieron otros y respecto a ellos nos advirtió, de todas las formas que pudo y supo, un izquierdista de pro como fue George Orwell y es que la neolengua es exactamente eso: jugar con el lenguaje a partir de la verdad para limitar la libertad y hacer de la democracia lo que el neolingüista quiera. ¿Y los ciudadanos? Somos contingentes.
Oía días atrás, muy a mi pesar, a una periodista explicar que se están viendo en Europa cosas que creíamos de otro tiempo como que la extrema derecha gana en Alemania, recordaba después que el gobierno ultra de Meloni es uno de los más longevos en Italia; me acordaba entonces de un actor de cuyo nombre prefiero no acordarme, valga la redundancia, diciendo algo así como que la extrema derecha mundial, encabezada por Trump, quiere acabar con uno de los pocos gobiernos progresistas que quedan en Europa… (entiéndase por gobierno progresista uno sostenido por la derecha nacionalista catalana (los secesionistas y antes esclavistas) y vasca (los del partido de Dios y leyes viejas)); si añadimos a esto las volteretas que han dado algunos para explicar que las concentraciones en apoyo a Ceuta eran fachas resulta imposible no pensar en la neolengua y sus cosas.
En la neolengua actual ‘democracia’ es un concepto esencial: la democracia es un bien en sí mismo, es el paraíso político de las sociedades progresistas que se puede ver puesto en riesgo por la extrema derecha que vuelve cual tsunami… Resulta conmovedor ver como quienes tanto temen a la extrema derecha y recuerdan los desastres que auspició en el S.XX olvidan por completo los desastres que, a un mismo tiempo y a la vez, ocurrían bajo el mando de la extrema izquierda; han pasado, además, de defender que la democracia es votar y que la soberanía es popular a decir, sin sonrojarse ni nada, que si la mayoría vota otra cosa distinta a la que ellos consideran que deberían votar, es un peligro para la democracia: que las mayorías son un peligro para la democracia, un sistema que se basa precisamente en eso, en que gobiernan los que reciben más votos, no lo vimos venir.
Democracia ya no es lo que diga la mayoría, es decir, si la mayoría no dice lo que yo creo que debe decir, ya no es democracia y si no es democracia ya está justificado luchar contra eso, que ya no es democracia, en nombre de la democracia… Cuando la verdad es que si no te molesta cual china en el zapato es cuando puedes estar seguro de que no es democracia porque democracia es que tu libertad termina donde empieza la del otro y en democracia hay siempre un punto de fricción, incomodidad e inquietud que quienes desnaturalizan a la propia democracia cuando la mayoría no vota lo que ellos quieren fulminan… cargándose, ellos sí, la democracia. Se quedan con la palabra, eso sí, una palabra que ya no significa nada pero eso es lo estupendo de la neolengua, que cada palabra es lo que quieres que sea porque no es nada, dado que no tiene vínculos con la realidad que designa porque tal realidad no existe, es relato y el relato es libre, ajeno incluso a las leyes de la física.
El lenguaje designa realidades, la neolengua designa universos inventados; de ahí que el lenguaje esté inexorablemente unido a la realidad, que es la forma más elemental de la verdad, y de ahí que la neolengua esté vinculada al relato propagandístico, que es la mentira; la ventaja de la neolengua es que su universo lo aguanta todo porque el mundo propagandístico es ajeno a las limitaciones propias de lo humano y lo científico, ahora bien, su desventaja, especialmente a medio plazo, es terrible porque la realidad, tanto si se cuenta como si no es así, es sólida, permanece antes, durante y después de su relato o de la ausencia de tal relato.
La neolengua es un truco de mago de feria, es hacerte creer en universos paralelos más que en realidades sólidas, es torcer verdades hasta la mentira o envolver mentiras en harapos de verdad; para dominar la neolengua hay que ser un trilero, un tipo oscuro y retorcido, un malvado o un aspirante a brujo al servicio del mal y en estos días quien haya querido verlo lo ha visto: dicen que Marruecos nos han lanzado a 80.000 personas a la frontera de Ceuta y cuando quienes lo dicen se declaran abiertamente progresistas y apoyan al gobierno de Pedro Sánchez yo pego un respingo y presto ojos, orejas y hasta olfato (gusto no, no me trago la neolengua hasta ese punto) para ver venir el cambio de guión que sé que no llegará: en un alarde de juego argumental nos cuentan que Marruecos es el malo porque usa a la gente para lanzar un ataque híbrido contra la frontera española en Ceuta y que hace tal cosa en connivencia con Israel y Estados Unidos para atacar no a España, no, sino al gobierno progresista español.
En su cabeza todo encaja, tanto Estados Unidos como Israel han querido contar con el apoyo de Marruecos a los Acuerdos de Abraham, unos acuerdos que están en el origen del vil ataque de Hamás a Israel aquel infame 7 de octubre que la izquierda caviar ha decidido olvidar; y por eso, porque Marruecos es algo así como un amigo de Israel y Estados Unidos, resulta evidente que lo ocurrido en Ceuta se lo debemos a Netanyahu y Trump… y Mohamend VI está encantado de trabajar con ahínco para que caiga el gobierno progresista español. Y es entonces cuando llega el fallo en Matrix que no ven, no quieren ver, hacen como que no ven…
¿En qué cabeza cabe que Mohamed VI vaya a trabajar para derrocar un gobierno sometido a sus designios? No exagero: el gobierno español ha defendido y defiende al de Marruecos sin titubeos, eso después de haberles entregado el Sáhara, la final del Mundial y vaya usted a saber qué más ¿en qué cabeza cabe que Marruecos quiera un cambio de gobierno en España cuando ese cambio supondría, a priori, no solo la pérdida de una influencia de la que ahora gozan sino, además, que se trataría de un gobierno de eso que llaman extrema derecha europea, de esos que quieren poner coto a la inmigración ilegal… (y legal)?.
Pero la neolengua es lo que tiene, recrea realidades manipulando la verdad y llega a límites inimaginables, como que un gobierno progresista sea uno sostenido por partidos de rupturistas extrema derecha por una parte y de extrema radicalidad izquierdista y terrorista por la otra, uno que mina las instituciones del estado, politiza la vida pública y privada y defiende una concepción nacional líquida, prácticamente sin nación, como es el caso del gobierno español actual. Y que todo eso sea democracia y que la alternancia, tan recomendable en democracia, no sea posible porque… porque lo dice el que se ha quedado con el diccionario de la neolengua.
Y ahora que hemos desnudado el modo en que la neolengua retuerce la realidad y llega a convertir la democracia en una suerte de autocracia (así como lo hizo también Largo Caballero cuando dijo aquello de que la República sería de izquierdas o no sería…) ¿dónde queda entonces la libertad? Lo cierto y verdad es que, sencillamente, no queda, queda una libertad tan exigua que no es digna de tal nombre porque, y esto es algo que solemos olvidar, es el estado de derecho el que protege nuestras libertades y, dado que el estado de derecho que nos hemos dado (con todos los defectos que se le quieran colgar) está sufriendo un ataque sin precedentes, nuestras libertades están en la picota ¿o acaso no nos damos cuenta de que nos están diciendo ya que no podemos votar lo que nos de la gana porque, si votamos lo que nos da la gana, nos cargamos la democracia?
Pensadlo un momento: según Sánchez PP y VOX no son alternativa democrática, son ultraderecha y por tanto desechables… y lo dice mientras gobierna con PNV Y Junts (tan ultraderecha sino más que PP y VOX) y, lo que es más elocuente si cabe, gobierna con partidos que han tratado de destruir la integridad nacional (Bildu con ETA y Junts y ERC declarando la independencia) como si no fuera la nación con su estado el contenedor en el que estamos todos con nuestros derechos y libertades, eso sí, hoy en manos de políticos pendencieros… Y lo suyo sí es democracia, dicen…
Y todo este desaguisado, todo este desastre, este caos, este lío… a cuenta de la neolengua que sostiene todo relato propagandístico; explícame ahora aquello de leer para qué… total para qué, eh! ¿para tener una comprensión lectora que nos permita distinguir la lengua de la neolengua y entender tanto lo que nos quieren decir como lo que nos quieren ocultar con las palabras?.
Y mañana sale PISA, verás tú qué bien.