¿Queréis hablar de pantallas? Hablemos de pantallas.

Vaya por delante que me aburre el tema; me parece obvio que vivimos en un mundo digital y que tenemos que entender que la tecnología es algo de lo que servirnos y no algo que se sirva de nosotros o a través de lo que otros se sirvan de nosotros porque no, no somos seres digitales, somos tan humanos como hemos sido siempre solo que ahora usamos dispositivos tecnológicos que antes no existían; ¿y en educación? Pues más de lo mismo: creo que, como en cualquier otro ámbito, la tecnología debe usarse en la medida que sea útil, sólo si aporta algo bueno y, si detectamos justo lo contrario, es decir, si vemos que dificulta el aprendizaje más que facilitarlo, apartarla y retrasar su introducción en los ámbitos educativos en lo posible.

¿Que hay déficit de atención en los niños y que las pantallas lo empeoran? ¿que acceder antes a las pantallas que a los libros hace que se pierda comprensión lectora? Pues evitemos las pantallas, o al menos reduzcamos su uso, en las primeras etapas de la educación; ¿qué todo lo que pueda hacerse tecnología mediante se hará tecnología mediante? ¿que los adolescentes no van a ir a la biblioteca sino a Google, Youtube, ChatGPT o DeepSeek para buscar información para un trabajo o respuestas a dudas que les puedan surgir estudiando (o sin estudiar)? Pues enseñémosles a usar la tecnología, a servirse de la tecnología sin que la tecnología se sirva de ellos. No hay que temer tanto a la brecha digital como a la brecha educativa.

No estamos en los 90 ni en los 2000, ya hemos hecho la prueba de digitalizar la infancia y las escuelas, ya tenemos los resultados, ya podemos tomar decisiones sobre datos empíricos… ¿por qué tanto lío? Se me antoja que hay aquí muchos intereses creados y alguna que otra cabeza a pájaros cuando no a dólares.

Dicho esto, como sé que queréis hablar de pantallas, hablemos de pantallas… pero de las que dependen de nosotros, no de las que ponen o quitan en los colegios sino de las que ponemos en manos de nuestros hijos y del modo en que las ponemos en manos de nuestros hijos.

Y, antes de empezar, alguna pregunta: si has compartido la vida de tu hijo en tu perfil de Facebook e Instagram, si has contado su vida por capítulos en un blog o en hilos de Twitter, si no lo has convertido en meme solo porque ninguna de las cientos de fotografías que has mostrado de él se ha hecho lo suficientemente viral, dime, ¿cómo piensas explicarle los peligros de las redes sociales? Si tú le has construido una identidad digital a la medida de tu modo de ser padre o madre ¿cómo piensas convencerlo de que no puede él tomar la riendas de la cosa cuando ya es adolescente? Sharenting se llama este delicado asunto y podríamos resumirlo como el peligro de las pantallas en la vida de los niños siendo sus padres quienes las usan.

No pretendo con estas preguntas lanzar dardos a los ojos de nadie; todos los padres que tenemos perfiles en redes sociales hemos, en mayor o menor medida, compartido algo de nuestros hijos; tal vez no una fotografía pero sí una anécdota… algo, lo que sea ¿por qué? Porque cuando hablamos de nosotros mismos, siendo padres, es imposible que no salgan los niños como el perejil que son de todas las salsas; ahora bien, una cosa es que salgan como el perejil, adornando el plato por aquí o por allá, y otra cosa bien distinta es que sean los protagonistas de nuestras publicaciones hasta el punto de que, cuando llegan a la adolescencia, tienen una identidad digital perfectamente creada, les guste o no, tengan o no sus propios perfiles en redes.

Recuerdo que eso fue lo que hizo que no compartiera fotos de mi hijo en redes sociales y que si contaba algo que le afectase no fuese más que alguna anécdota sin importancia o que la carga de la prueba de lo que contaba estuviese más en mi que en él ¿por qué? Tal vez porque soy, como decía mi abuelo, una ‘pataca ventureira’ que son esas que nacen fuera del terreno donde se ha cultivado sin que nadie sepa muy bien cómo la simiente llegó allí, es decir, soy un poco a mi aire y me encanta serlo ¿y si mi hijo se parece a mi en eso? No, no tengo derecho a contar su vida, a exponerlo, puedo exponerme a mi como madre si quiero pero no a él. No llegué a pensar en los riesgos asociados al sharenting, me bastó pensar en mi obligación de respetar su privacidad.

El problema que tenemos con los niños y las pantallas lo generamos, para empezar, los padres: primero usamos las pantallas ya no como juguete sino como arma calma-niños y los niños se acostumbran, desde que tienen pocos meses y pasean en carrito de bebé, a tener frente a su cara una pantalla con muñecos que vienen y van; ahí empezamos a sembrar el déficit de atención y no digamos ya si además descuidamos el asunto de los cuentos, los libros, los relatos, las historias, la lectura… El caldo que preparamos es el perfecto para que la comprensión lectora se vaya al traste y los niños a las pantallas dejándose buena parte de su educación y formación hasta los 10 años en el tintero.

Y después vienen los lloros y llantos porque la comprensión lectora está en un pueblo de la Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme y, sin comprensión lectora, el proceso de aprendizaje es un dolor de muelas de los que no te libra ni el dentista. Pero eso no es todo, porque de los 10 a los 12 años se llega en un visto y no visto, y los adolescentes de instituto van ya todos con su propio smartphone ¿lo controlas? ¿sirve de algo que lo controles? ¿entiende tu hijo lo que tratas de evitar? ¿sabe lo que tiene en las manos? ¿entiende la importancia de la privacidad y el valor de la discreción? Que sea así no depende tanto de la charla que le hayas dado, o no, cuando le has regalado el smartphone como de lo que ha visto, de lo que te ha visto hacer a ti con el tuyo, especialmente si tenía que ver con él.

Escribí un libro explicando como estamos maleducando a nuestros hijos, un libro para padres porque somos los padres los que maleducamos, sí, pero hay algo más: una cosa es lo que uno haga bien o mal y otra cómo lo que sucede alrededor ayuda o entorpece nuestras acciones y el viento que sopla en nuestras velas nos lleva al desastre ¿por qué? Porque nos despista de lo esencial y un buen ejemplo lo encontramos en las pantallas: nos anima a pelearnos por digitalizar o no digitalizar las escuelas, por pedir libros de texto digitales o por insistir en que se usen los de papel pero nadie dice lo evidente, nadie habla del elefante en la habitación*: los que ponemos pantallas en manos de nuestros hijos antes de que sepan hablar somos los padres así que, si queremos hablar de pantallas, empecemos por nosotros mismos…

*Nadie habla del elefante en la habitación porque eso es lo antipático, lo feo, es más fácil señalar a los profesores, los pedagogos, los ministros y consejeros de educación, los políticos en general… que señalarnos a nosotros mismos pero como hace ya muchos años que descubrí que la simpatía no era la mejor de mis cualidades y como solo soy una señora que pasaba por WordPress y abrió un blog… pues lo digo. Y si no os fiáis de mi fiaos de mi abuela que era una señora sabia, quien bien te quiere te hará llorar, decía… así que si os incomoda este planteamiento (empezar a hablar de pantallas hablando de las que ponemos los padres en manos de nuestros hijos) quizá sea el momento de pensarlo un poco…

Y no (dejadme que me ponga la tirita antes de la herida), no soy de la liga anti-pantallas, es más soy muy pro-tecnología, ahora bien, tengo también muy claro que el lenguaje es la herramienta más importante de la que dotamos a nuestros hijos (nacen con capacidad lingüística, sí, pero no hablando, el lenguaje lo adquieren después, escuchándonos, imitándonos, dejándose ensañar a hablar…), cuanto mejor y mayor sea el dominio de esa herramienta mejor será su proceso de aprendizaje para empezar y su capacidad de comprensión del mundo para continuar ¿qué quiere decir esto? Que no importa tanto si los niños usan o no pantallas como si se les leen cuentos o no, como si leen cuentos o no, como si se sale con ellos a la calle, a la vida, los parques, los museos, los pueblos… y se les cuentan cosas, historias, aventuras

Si llenamos de cuentos el universo de los niños desde que son bebés, si vemos con ellos historias de dibujos animados, si les leemos historias, si les enseñamos a leer, si les ayudamos a mejorar su comprensión lectora leyendo con ellos primero, hablando con ellos de lo que leen después, trabajando un buen hábito de lectura… me importa poco si las pantallas forman parte de su ocio o si se usan incluso como herramientas de aprendizaje, ahora bien, si no se hace nada de lo anterior lo que sucederá es que no tendremos a niños que usan la tecnología sino a niños que son usados por la tecnología (por quienes dominan la tecnología…).

Me aburre hablar de pantallas, decía… porque la clave no está en las pantallas, la clave no es la tecnología, clave es el lenguaje, su dominio a través de un texto y contexto amplio.

2 comentarios

Deja un comentario