El sagrado arte de respetar… y respetarse.

Se nos acumulan los días que pasarán a la historia de España por ignominiosos, al ritmo que van las noticias en el S.XXI los historiadores no van a tener páginas en los libros para contar todos los propósitos y despropósitos acometidos por los políticos de turno para mantenerse o alcanzar el poder, ahora bien, hay algo que resulta especialmente repulsivo y tiene que ver con la burda hipocresía de la izquierda dícese que feminista, que es toda la izquierda, recuerden: Ábalos, el putero (no lo digo yo, lo dice Ketty Garat información contrastada mediante), que es feminista porque es socialista o Carmen Calvo quien, a la sombra del yerno de Sabiniano, que nos cuenta que el feminismo lo han hecho las socialistas, también Irene Montero, eurodiputada y exministra, que habla de los papeles de Epstein y no dice ni esta boca es mía de las saunas de Sabiniano, o Sánchez, que quiere abolir la prostitución después de haberse lucrado de ella vía las saunas de su suegro (el tal Sabiniano), y Pam, Ione o de nuevo Irene, que dicen que solo sí es sí pero que si tu padre te impone un burka te lo pones y te callas… y Yolanda, que dice que el burka es libertad religiosa (libertad y burka en la misma frase, sí… ella es capaz de eso y de mucho más ¡no hay horizonte que la detenga!).

El problema que subyace a este mundo de contradicciones e hipocresía, más allá del clásico y evidente que tiene que ver con los intereses creados (no va Irene a morder la mano que le da de comer, es decir, la del PSOE que la hizo a ella ministra y al padre de sus hijos vicepresidente ni va precisamente el padre de sus hijos, Iglesias, a hacer lo propio echando pestes de Irán cuando Irán pagó su televisión), es el respeto: una concepción errada de lo que es el respeto y cómo ejercerlo por una parte y una falta absoluta de respeto a uno mismo.

Concepción errada de respeto

¿Acaso, porque vivimos en democracia, hay que respetarlo todo? No, una y mil veces no. Hay que respetar a todos, sí, porque toda vida humana tiene su dignidad y eso es sagrado (ahí está el sagrado arte de respetar) pero no todo lo que hacen los seres humanos, como tampoco todo lo que dicen, es digno de respeto ¿cómo es posible que estemos siquiera planteándonos respetar el sometimiento de miles de mujeres, su borrado de la esfera pública, que sean silenciadas, que se les niegue precisamente esa dignidad que nos obliga a respetar a todos los seres humanos? Dice Yolanda Díaz que así lo manda nuestra Constitución, que hay que respetar la libertad religiosa… porque para Yolanda, y esto es una novedad, es más importante respetar la libertad religiosa que la dignidad y la libertad de las mujeres.

¿Libertad religiosa, Yolanda? Mira, aquí está la historia de esta bonita prenda de vestir, nos la cuenta Paco Álvarez Romano: ‘el burka no es ninguna tradición ni costumbre islámica. Nació en Afganistán hace poco más de 100 años como método por parte del emir Habibullah Khan para evitar que nadie pudiera ver a las mujeres de su harén. Hasta los años 90 del siglo pasado, hace sólo unos 40 años, los talibanes no obligaron a las mujeres afganas a utilizarlo‘.

¿Qué libertad quiere Yolanda que respetemos? ¿La de un emir afgano? ¿la de los talibanes? Discúlpenme si me pongo del lado de las mujeres afganas sometidas al silencio, la humillación, el encierro y la esclavitud a través del burka que respeta Yolanda. Yo no.

Porque no hay que respetarlo todo sino solo aquello que es digno de respeto. No lo digo yo, lo explicó maravillosamente el filósofo José Antonio Marina: ‘¿Es verdad que todas las opiniones son respetables? (…) No. Lo que es respetable es el derecho a exponer tu opinión sin que haya una inquisición. La respetabilidad de las opiniones depende del contenido de las opiniones. Y puede haber opiniones estúpidas, opiniones blasfemas, opiniones injustas, opiniones racistas…

Falta de respeto a uno mismo

La falta de respeto a uno mismo empieza en el hipócrita, capaz de defender una cosa y la contraria en la misma frase por un interés mayor que es siempre el suyo propio y además un interés muy bastardo; continua por quien se deja engañar por el hipócrita (porque un mentiroso te engaña una vez, de ahí en adelante ya eres tú eligiendo vivir la aventura de sus mentiras); tanto el que engaña como el que se deja engañar demuestran tenerse por muy poco, no respetarse en absoluto porque sirven bazofia a su cerebro contándose el cuento de es comida gourmet, verdad deconstruida con hummus de realidad…

Cuando admitimos estas falacias y manipulaciones, estas mentiras, estos dobles juegos que sirven al interés de unos pocos y dañan a muchos, demostramos tenernos por muy poco y tener aun por menos a la sociedad en la que vivimos, una sociedad próspera y libre en la que hemos podido hacer, limitados solo por nosotros mismos y nuestras circunstancias, de nuestra capa un sayo: decimos querer respetar al burka, el velo el hiyab y lo que se tercie escudándonos en la libertad religiosa aunque estemos pisoteando la libertad e igualdad de las mujeres, algo que es inaceptable per sé pero que, además, daña de manera muy seria los derechos y libertades que no llovieron del cielo, que en occidente han costado vidas… y nos dejamos robar ese marco de libertad ¿a santo de qué? Que la izquierda diga que es por la libertad religiosa daría risa sino fuera para llorar…

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La libertad religiosa fake en la escuela

Soy una firme defensora del respeto como fino hilo conductor de las relaciones humanas y de la educación, del respeto bien entendido, a los otros y a uno mismo, y por eso, en lo tocante al burka, el velo en hiyab… tengo pocas dudas: podemos cuestionarnos la prohibición del uso de estas prendas en espacios públicos cuando es una mujer adulta, por decisión libre y propia quien opta por utilizarlas, ahora bien, para llegar a esa decisión libre por parte de una mujer adulta primero va la educación y por eso tolerar el uso de este tipo de prendas en ámbitos escolares es sencillamente intolerable, porque limita y daña la educación de estas niñas y hace algo peor, les roba el espacio de libertad en el que desarrollarse con sus compañeros en pie de igualdad, permitir eso no nos convierte en seres tolerantes, nos convierte en cómplices de la barbarie.

Y si esto no se entiende porque el velo nos parece un detalle menor, recordemos que a Yolanda ya se la ha ocurrido decir que el burka es libertad religiosa y a Irene que los niños, las niñas y los niñes pueden mantener relaciones sexuales con quien quieran si quieren… ¿qué será lo siguiente? ¿que el matrimonio infantil concertado también sea libertad religiosa? ¿y la ablación del clítoris? La libertad no se negocia, la igualdad de derechos no se negocia, la educación no se negocia. Y el feminismo que trafica con todo esto, el posmoderno, no es digno de tal nombre.

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