Por qué faltan profesores.

Llevo varios días leyendo a periodistas especializados en educación (o no) y a maestros o profesores varios hablando de la falta de profesores, de que, al parecer, ya no queremos ser profesores ni siquiera por las vacaciones… Entre todos los que hablan de este hecho van saliendo razones o al menos pistas de por qué está sucediendo esto, muchas de las razones me parecen de mucho peso, otras más livianas pero, en todo caso, pintan un cuadro que nos lleva al lugar en el que estamos: faltan profesores. Ahora bien, lo que no he visto en ninguna parte es a nadie hablar de la responsabilidad de los propios profesores ¿acaso creen que no tienen ninguna? Acompañadme en esta triste historia…

Yo no quería ser profesora pero estudié filología inglesa y, mientras completaba mi formación para acceder con más garantías al mundo laboral, hice el CAP (Curso de Aptitud Psicopedagógica) y os puedo asegurar una cosa: yo no quería ser profesora cuando lo hice pero, si hubiera querido, lo más probable es que hubiera dejado de querer… y no porque el CAP fuese malo (no lo era, me interesó más incluso de lo que esperaba la parte teórica) ni porque las prácticas estuviesen mal planteadas (me tocó un instituto público del centro de La Coruña donde planteé y di mis clases) sino por los profesores, por lo que descubrí a través de mi tutora de prácticas… una profesora a la que solo vi en una ocasión.

Recuerdo las indicaciones que me dio cuando llegué: tu grupo es este, este es tu horario, ten en cuenta que no puedes echar a nadie de clase porque no puede haber nadie en el pasillo y a la hora de tus clases ya no hay nadie en el claustro, el director no está… (me tocó un grupo de tercero de BUP (hoy primero de Bachillerato) del nocturno). Y con eso y un bizcocho, hasta el fin de las prácticas. Lo peor no fue que no estuviera ni que no me diera pauta alguna para lidiar con un grupo complicado, lo peor fue la sensación de que si se me ocurría preparar la oposición y pasarla y llegaba a aquel instituto las normas serían las mismas que eran para la incauta alumna de prácticas, la sensación de que nada podía alterar el buen vivir del claustro…

Y conste que no pretendo cargar las tintas contra los profesores más de la cuenta porque estoy plenamente convencida de que si se llegó a aquella situación no fue exclusivamente por su desidia sino que hubo circunstancias previas que la hicieron posible (si echar a algún chico de clase y mandarlo a dirección o que llamaran a su casa para lo único que servía era para llenar formularios pues… normal que dejara de hacerse); pero que las circunstancias fueran adversas, que lo sean todavía más a día de hoy, que las leyes educativas no haya por donde cogerlas no exime a los profesores de su grado de responsabilidad y no podemos hablar de mejorar la educación sin pensar en esos profesores: en los que llegan a la profesión y en los que podrían llegar.

Se me ocurren unas cuantas preguntas que deberíamos hacernos: ¿están los profesores bien preparados? (no olvido que, a la hora de elegir carrera, Magisterio era algo así como ‘la María’, la fácil… y resulta que los profesores que salían de ahí eran los que tenían que conseguir que los alumnos pasaran de aprender a leer a aprender leyendo, una capacitación sin la que el proceso de aprendizaje se convierte una misión imposible) ¿tienen conocimientos lo suficientemente sólidos de sus materias y saben enseñar? (ambas cosas son importantes pero sin la primera la segunda no vale nada mientras que, teniendo la primera, la segunda se puede aprender) ¿tenemos claro lo que debe y no debe exigirse a un profesor, qué es y qué no es su responsabilidad? Como dice Gregorio Luri, la escuela no es un parque de atracciones y, por tanto, los profesores no pueden ser monitores de ocio y tiempo libre. Además me viene a la cabeza otra cosa: recuerdo, concretamente en COU (hoy segundo de Bachillerato) como siendo los mismos alumnos en clase de inglés que en clase de lengua española, en la de inglés volaban hasta papelitos incendiados (literalmente…) y en la de lengua se podía oír el vuelo de una mosca ¿por qué? ¿por qué un profesor no logra hacerse con una clase y otro sí? No digo que sea fácil ni que solo sea su problema, solo vuelvo a las preguntas que me hago en este párrafo. Y sigo.

Repartida la responsabilidad de antemano (porque lo suyo en esto y en todo es que cada palo aguante su vela, aunque luego nos ayudemos todos) toca elevar y bajar la mirada y girar la cabeza mirando a los lados como cuando vas a cruzar por un paso de peatones: el destrozo de la profesión que es una de las más importantes del mundo y que bien pudiera ser una de las más bonitas, ha sido un trabajo colectivo y no hay quien no ha haya puesto su grano de arena en ese desastre: de las leyes educativas a los padres desnortados pasando por los niños que llegan al colegio maleducados de casa, sin las más mínimas nociones de respeto al profesor. Ahí está, en mi opinión, una de las claves de la cosa, el día que confundimos autoridad con respeto, y autoridad académica con autoridad militar, ese día, firmamos la demolición de todo el sistema educativo y de ahí no puede salir una sociedad de ciudadanos libres, así de importante es la labor del profesor.

Quizá habría que empezar por ahí: que el profesor recupere la autoridad académica en el aula pero que la recupere de verdad y por las razones correctas (porque es el que sabe y el que enseña), no porque volvamos a poner la tarima y al que respire fuerte ponerle tres negativos; claro que para recuperar así la autoridad necesitamos profesores que dominen su materia y también el arte de enseñar (no vale eso de ‘sabe mucho pero se explica de pena’, no digamos ya el ‘no tiene ni idea de lo que habla’) y los profesores que dominan su materia son los que la trabajan, no los que se pasan las horas muertas rellenando formularios, fichas de contenido, en tutorías eternas con los padres, corrigiendo 127 exámenes…

No quiero extenderme hablando del magisterio de los profesores porque ya lo hice aquí pero sí quiero cerrar esta reflexión con una certeza: la recuperación del sistema educativo tiene que empezar, sí o sí, en los padres y en los profesores, si esperamos que empiece en los políticos ya podemos darnos por jod… Y tal vez entonces, cuando el sistema educativo sea más lo que debe ser que lo que es, no falten profesores.

Un comentario

  1. Es una problemática muy compleja, donde los pilares fundamentales que son los padres y profesores deben laborar en conjunto y armónicamente para llegar al producto final que es: los estudiantes, con un sistema educativo que esta estancado y debe ser modernizado con nuevas herramientas de educación.

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