Pluribus.

Quiénes decís que Pluribus va de una tipa que no quiere ser feliz ¿qué serie habéis visto? Porque la misma que yo no… ¿o la habéis visto avanzada la noche y en duermevela quedándoos solo con los chascarrillos propios de quien antes de guionizar Pluribus guionizó Breaking Bad? Voy a empezar por ahí, por Breaking Bad.

¿Recordáis como Walter parecía a veces más un amante padre de familia en una situación límite que cualquier otra cosa y en cambio en otros momentos se revelaba un delincuente de tomo y lomo? Claro que si dejabas el sentimentalismo al margen (¡ay pobre padre con cáncer que ni puede pagarse el tratamiento ni dejar a su familia en buen estado económico antes de morirse!) y tenías bien presente que su tratamiento estaba pagado (por los amigos que se hicieron ricos a costa de sus ideas porque él se bajó del barco antes de tiempo) y que lo que lo movía en todo momento era el ego, el orgullo… lo veías siempre como el delincuente en el que se convirtió y no como el profesor de química y padre que había sido.

Pues bien, ese potaje de lo bueno y lo malo vuelve a salir a la palestra en Pluribus y que no seamos capaces ya no de distinguir el bien del mal (no lo somos) sino de entender en qué consiste la felicidad eterna frente a la montaña rusa de emociones, en ocasiones malísimas emociones, no es culpa del guión, ni de la dirección, ni de los actores… Es culpa de nuestra fibra moral que está descosiéndose peligrosamente.

¿Carol Sturka no quiere ser feliz? No es que no quiera ser feliz, es que no es feliz, no lo era antes de ‘la unión’ y menos aún lo es después de ‘la unión’ cuando se queda más sola que una rata; ahora bien, su infelicidad era en cierto modo impostura, era más bien la insatisfacción por un trabajo que le resulta rentable pero que no la satisfacía en absoluto (llega a comparar escribir (es escritora) con sacarse una muela), eso la convierte en una perfecta representante de nuestro tiempo; los demás, ‘los otros’ ¿son felices? Eso dicen, sí, es más, eso creen pero se equivocan, lo que ocurre es que no son; sucede que la colectividad se los ha comido, los ha destruido como el colectivismo destruye siempre a los individuos y todo lo que toca…

El modo en el que el ser humano libre se convierte en un ente colectivo que camina hacia su autodestrucción no puede exponerse con mayor claridad (el colectivismo como condena): primero muere todo lo que nos hace humanos (libres, independientes, diferentes, únicos…), después vienen los desvelos: ese gran ente colectivo es animalista pero come carne humana (porque los humanos no son humanos, no son más que trozos de algo), son más que vegetarianos porque no osan ni arrancarle los frutos a los árboles, solo los comen cuando se caen, tienen información a raudales, como Google que lo sabe todo, no digamos ya la IA, y saben que alimentándose así (sin agricultura, ni ganadería, sin cazar ni recolectar…) tienen los días contados incluso aun comiéndose los unos a los otros ¿y? ¡Amigos! Lo suyo es una especie de pensamiento científico (o religioso, según se mire) y dado que no se saltan las normas que se han dado, asumen mansamente el resultado cual corderos camino del matadero (o algo así)… Es lo que le sucede a los colectivos, a los seres humanos cuando son masa, que son rebaños… y se comportan como tales.

¿Y los que no se han unido al colectivo? Para empezar solo son doce de entre los que destacan cinco: el mauritano egoísta y vividor (dado que a mi me va de cine ¿qué carajo me importa que los demás ni existan?), la peruana dócil que busca la felicidad (la seguridad) por encima de la libertad (el riesgo) y se somete voluntariamente; la india y ciega voluntaria que se conforma con que su hijo está físicamente a su lado y la mira y le habla… es solo su cuerpo pero es su hijo y cuando Carol le demuestra que es una cáscara llena del mismo colectivo que todas las demás cáscaras humanas salvo ellos 12, se cabrea pero se mantiene firme en su ceguera voluntaria; y luego está el paraguayo que no solo no quiere renunciar a su libertad a cambio de una falsa felicidad sino que sigue fiel a su escala de valores, a lo que él cree que debe ser. Y Carol, la escritora libre, independiente e insatisfecha.

Al final, y a pesar de sus avatares y diferencias, solo quedan Carol Sturka y Manousos Oviedo, la primera porque entiende que si no la quieren libre es que no la quieren en absoluto y el segundo porque en ningún momento dejó de ser fiel a su idea del deber ser. Y ahí están ambos, Carol con los días contados, Manousos a saber, ambos dispuestos a salvar a la humanidad o Dios sabe a qué… lo que sí sabemos es que hay algo a lo que ninguno de los dos está dispuesto: a renunciar a su individualidad, a su libertad, a su humanidad.

De eso creo yo que va Pluribus, del individuo frente al colectivo y, los colectivistas no salen bien parados (aunque sean más…).

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