Ser o no ser. O qué ser.

Ser o no ser, esa es la cuestión, decía el clásico (tan clásico como Shakespeare…) y no era la suya una duda sencilla más que en su planteamiento, que es el de una oración disyuntiva sin sujeto, predicado ni complementos, un par de infinitivos que son el mismo (en positivo primero y en negativo después); ahí termina lo fácil, lo sencillo, lo simple… cuando entramos al análisis semántico llega el problema complejo, llegan las múltiples variables que inciden sobre la respuesta.

No sé si será porque huimos de lo complejo como de la peste, porque simplificamos como si no hubiera un mañana o porque no podemos mantener la atención en una cosa más de lo que dura un short o un reel, tal vez incluso sea porque la falta de comprensión lectora que lleva, irremediablemente, a una falta de comprensión lingüística, ha reducido ya nuestro ámbito de conocimiento tanto como para que el ser o no ser, que tanto juego le dio a Shakesperare y a quienes vinieron después, no signifique nada para nosotros (y ya sería terrible que fuera así…).

¿Qué es ‘ser’ y que es ‘no ser’?

Ser es decidir y no ser es sólo existir: el hombre que es afronta su vida con valor y coraje, haciendo también el debido uso de la prudencia, asumiendo aciertos y errores, corrigiendo cuando corresponde… y el hombre que vive siendo es más cada día, se hace con cada decisión y con cada acción; el hombre que existe, el que no es, es el que se considera víctima del destino, de la fatalidad, de la mala suerte, de las malas artes de los otros… es el hombre que siente y padece lo que le sucede pero no decide nada, no asume responsabilidad alguna sobre su vida, existe pero no es, se deshace con cada día que pasa por él.

¿Qué ser?

Así las cosas, la auténtica cuestión a la que nos enfrentamos finalmente no es ‘ser o no ser’ (decidir o sólo existir) porque incluso el más proactivo de los hombres, en aras de la prudencia, a veces sólo existe y el más cobarde e indeciso de los seres en alguna ocasión decide algo aunque no sea más que por la más básica supervivencia, la auténtica cuestión es qué ser: seres humanas libres, que deciden y se construyen cada día o seres humanos esclavos no tanto de su destino o de un Dios cualquiera sino de su incapacidad para asumir la responsabilidad sobre su vida y de los designios que les proveen los autócratas (que son quienes deciden por ellos y por todos sus compañeros).

El que es yerra y acierta, goza, disfruta y sufre, el que es crece, aprende, evoluciona, se hace mayor y mejor cada día (mayor, más grande, más sabio, no sólo más viejo, que también); el que no es ni yerra ni acierta, no goza ni disfruta porque lo que llega por suerte, sin esfuerzo ni decisión previa es un destello de felicidad que sabe a poco, a nada, en cambio sí sufre, sufre por lo que sucede a su disgusto y por el temor que siempre tiene por los disgustos que están por llegar (o no… en todo caso los sufre preventivamente); sufrir es, para quien no es, su estado natural, su existencia transcurre entre el susto y el disgusto salpicada solo por algún destello de buena suerte y mejor luz, una luz fugaz que pasa y no deja tras de sí estela alguna.

Además, quien no es no se hace sino que se deshace con el paso del tiempo, con el daño auto infligido, con el sufrimiento previsto y el sufrido, con la carencia de saberes y herramientas que solo el esfuerzo de pensar, decidir y aprender da a quienes sí son, a quienes sí deciden, a quienes viven plenamente y no se conforman con existir dolientemente.

‘Nunca es demasiado tarde para ser quien debiste haber sido’

No lo digo yo, que también, lo dijo George Eliot y es esta sentencia una verdad escrita para ser esculpida en piedra: nunca es demasiado tarde para ser quien debiste haber sido, para empezar a pensar, aprender y decidir, para coger los hilos sueltos de tu existencia y empezar a tejer una vida que desvele consistencia, que guarde un ser… Tal vez sea tarde para ser algunas cosas en concreto pero nunca, jamás, es tarde para ser (para ser ese SER que debiste haber sido si hubieras decidido y aprendido en lugar de solo existido…).

‘En mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar; y la experiencia me enseña que el hombre que vive sueña lo que es, hasta despertar’

Eso lo dijo Calderón de la Barca en su obra ‘La vida es sueño’; la vida es sueño y despertar es morir luego soñar es vivir, por eso el hombre que vive (el que decide…) sueña lo que es (se hace, se construye…); claro que el propio Calderón nos dice que la vida es un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, que el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son… ¡Y lo cómodo que es no decidir! Dejar que la vida te lleve y te traiga con sus mareas, jugarte el destino a la buena y la mala suerte, a las decisiones de los otros y a vestirte con los ropajes de la víctima que te enaltecen siendo nada y habiendo hecho menos pero tan engolado y engalanado tú…

Lo fácil, lo cómodo, lo rápido, lo que no depende de ti, lo que te divierte instantáneamente, lo que no te exige esfuerzo alguno… todo eso te lleva a existir, a no ser, a deshacerte, a perder de vista a la persona que podrías ser, esa que debiste haber sido…

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