Mi generación es como Míster X, todo el mundo hacía como que no sabía quien era pero todos lo conocían; somos como el jueves, estamos en medio: no somos Boomers pero tampoco nativos digitales, no somos machistas pero tampoco lo suficientemente feministas, no somos viejos pero tampoco somos jóvenes; etiquetarnos no es fácil y nuestro nombre ya parece anticipar ese sutil inconveniente: somos la generación X, tan inclasificables que incluso circulan por ahí planteamientos generacionales que nos borran del mapa y nos encajan con los Boomers, que son en realidad nuestros padres (o a lo sumo nuestros hermanos mayores, depende el caso).
Nacimos en los 70 (los más tempraneros en los últimos años de los 60), algunos ya con Franco muerto y otros siendo amorosamente amamantados mientras el dictador moría en la cama; sabemos lo que es una guerra porque salían unas cuantas en los libros de historia y porque las hemos visto en el cine; crecimos en la calle y con una única pantalla, la de la televisión, una televisión que ponía rombos a sus contenidos (con un rombo podías negociar si veías la cosa o no, con dos no había discusión, o la tele se apagaba o tú te ibas a la cama).
Aprendimos a andar en bicicleta pegándonos unos leñazos monumentales según nos iban retirando los ruedines, podía ser una Derby azul o una BH roja… tal vez hubiera otras marcas y colores pero yo recuerdo esas porque eran la mía y la de mi hermano, miembro también de la silenciada, a la par que incomprendida, Generación X. Nos llegó el móvil y el internet cuando buscábamos el modo de comernos el mundo, mientras nos sacudíamos los usos y costumbres que cambiaron a velocidad de vértigo en los 90, mientras pasábamos por la Universidad (no tengo tan claro que la Universidad pasara por nosotros como ha pasado después por los Milenials).
La verdad es que no lo tuvimos difícil… pero tampoco tan fácil, sobre todo si éramos chicas: la mayor parte de nosotras éramos hijas de amas de casa y fuimos educadas para para serlo y para dejar de serlo (todo ello al mismo tiempo); nos dieron las mismas oportunidades que a los chicos (educación…) pero jugaron a recortarnos las alas para que nos conformáramos con ser listas, formadas y educadas sin dejar de ser amantes madres, esposas y amas de casa. Fuimos nosotras, con nuestros aciertos y errores (que de todo hubo y hay) las que, jugando a prueba y error, buscamos la manera de hacer posible formar una familia con no renunciar del todo a nuestros planes y proyectos profesionales, fuimos nosotras las que cogimos a los chicos de la corbata que ya no usaban para decirles ‘esto es entre los dos’, fuimos nosotras las que peleamos no pidiendo conciliación sino haciéndola real y verdadera con nuestras decisiones, no siempre acertadas, y nuestro esfuerzo, a veces cargado de renuncias.
Y de repente nos hicieron viejos. Porque ahora a los 50 ya eres viejo. Eres viejo no solo a ojos de los Zoomers, lo cual es lógico y razonable, al fin y al cabo son nuestros hijos, somos viejos a ojos de los Milenials que no son más que nuestros hermanos pequeños, los nacidos en los 80. Somos tan viejos que buscar trabajo ya no es como tratar de encontrar una aguja en un pajar sino como intentar dar el Santo Grial o la fuente de la eterna juventud (spoiler: no, tampoco es el retinol).
¿Por qué? ¿Por qué ahora, de repente, somos viejos boomers como si no hubiésemos agarrado la tecnología por sus teclas nada más llegó cuando éramos como mucho vinteañeros? Tengo para mi que la culpa es, en gran medida, nuestra… Somos nosotros los que cuando los Milenials pontifican sobre la vida y el ser, callamos y nos abstenemos de recordarles que los problemas que afrontan ellos hoy y los que afrontarán mañana nos llegaron a nosotros antes sin lazo ni libro de instrucciones, somos nosotros los que no les decimos: de dónde tu estás yo acabo de salir, si quieres te lo cuento…
Aunque, ciertamente, no somos la generación silenciosa (esa es la del 28 al 45) ni tampoco silenciada (lo del victimismo es más cosa de Milenials), simplemente somos la que parece que se calla; digo parece porque hay insignes miembros de la Generación X que sí asumen en tribuna pública su papel en su momento, pero la cosa es que no se paran a pensar qué son, quiénes son, ni hacen gala de algo tan casual como la generación a la que pertenecen ¿por qué? Me gusta pensar que la Generación X creció más libre que las que pasaron antes que ella y que las que vinieron después y que en el fondo lo que mejor nos define es un ansia irrefrenable por que nos dejen en paz. No queremos dar guerra ni queremos que nos la den.
Y ahora que se habla tanto de muros y de guerras intergeneracionales, ahora que parece que hay quienes encuentran lícito declarar guerras ideológicas y generacionales además de entre sexos, géneros y lo que fuera o fuese habrá que ver cómo reaccionamos: es demasiado pronto para los Zoomers y demasiado tarde para los Boomers, las decisiones las vamos a tomar X e Y, como en los ejes de coordenadas, los unos (X o Centenials) con su cartel libertario de ‘no molestar’ y los otros (Y o Milenials) con su digitalidad sabelotodo entre los dientes. Si no logramos que el sentido común impere vamos a acabar como el rosario de la aurora.
[…] cuestión es que a las mujeres de mi generación, la Generación X (los nacidos, año arriba año abajo, en los 70) nos dejaron en medio, como a un jueves cualquiera: […]
Me gustaMe gusta