Los libros.

Los libros no son el bálsamo de Fierabrás porque ya sabemos que tal bálsamo no existe pero, si existiera, serían los libros… Y no lo digo con el ánimo de insistir en que hay que leer (allá cada cual con su tiempo y sus bálsamos…) sino porque ha vuelto a ocurrir… he acudido a un libro buscando única y exclusivamente paz y la he encontrado.

Miraba mi librería* con la avidez propia de quien sabe que ahí hay libros todavía pendientes de leer y otros que merecen segunda y tercera lectura (y las que le cuelguen…) pero, como soy dada a atesorar clásicos y en particular clásicos anglos, se me iba la mano a libros muy conocidos, muy sabidos y en algunos casos muy releídos… Que sí, que estamos en el año de Jane Austen pero es que los suyos he perdido la cuenta de las veces que han acabado en mis manos; así que en una tarde de paseo de esas que acaban casualmente (casualmente… ¡y un cuerno!) en un Re-Read me puse a buscar algo diferente y recordé que en su día le hice ascos a P.D. James porque tenía saturación de Mary Higgins Clark (pecadillos de lecturas ligeras a la par que negras que tiene una) y decidí echarle el guante a uno de los suyos…

Y ahí estoy, recorriendo Londres de mano de esta notable escritora y visitando escenas del crimen con Dalgliesh, alejándome emocionalmente a cada página de la realidad tóxica que los políticos y quienes los siguen como los ultras a su equipo de fútbol quieren hacernos vivir; no me malinterpretéis, soy de las que piensa que cuanto más cerca vivamos de la realidad mejor para nosotros y no evito estar al tanto de la actualidad pero entre eso y la gota malaya del sectarismo y la política convertida en show hay un abismo… y en ese abismo no se vive, a lo sumo se sobrevive malviviendo, de mal café y de mala gana.

Esa es la razón por la que digo que los libros son el auténtico bálsamo de Fierabrás, o lo serían si existiera, porque cuando te embarcas en una lectura que te atrapa y te complace, que te entretiene y te interesa, construyes por dentro y sin saberlo un aislante emocional, de modo que cuando empieza a jarrear fuera tu estás a buen recaudo, refugiada, viendo la tormenta a través de la ventana y pensando… pensando que a quienes están levantando muros, destruyendo sociedades y robando a manos llenas les tiene que llegar su San Martín, como a todo cerdo malnacido. Y es que una cosa es verlo con nítida claridad, pensarlo y razonarlo y otra bien distinta es sentirlo visceralmente, las vísceras tienen su función (de no ser así ya no las tendríamos donde están) pero esa función no puede ser, no podemos dejar que sea, la autodestrucción.

¿Cómo soportar una realidad tan ácida y amarga como la que vivimos? ¿Cómo hacerlo sin huir de esa realidad, sin ignorarla como si no existiera pero evitando también que nos revuelva las vísceras? Lo de los buenos amigos y las conversaciones largas está muy bien pero no siempre depende de uno poder gozarlas, en cambio echarle el guante a un libro… eso sí es solo cosa tuya y de tus manos. Yo solo os digo que he vuelto al Re-Read a por algún otro Dalgliesh de P.D. James porque con uno no llego a vacaciones y sí, ya le he dicho a George Eliot que sí, que ella va luego, que después de disfrutar Middlemarch, y más si cabe Silas Marner, tengo ganas de volver a leer, con los ojos de la cincuentona que soy, el Molino junto al Floss que leí en su día con la mirada de los veinte (aunque no respondo de cuántos Dalgliesh caerán antes… eso depende de cuán surtidos estén de ellos en buenas ediciones los Re-Read de mi ruta de vacaciones) .

Felices vacaciones, queridos…

+

*Mi librería: pues sí, aunque tengo e-book (dos por falta de uno) y no les doy poco uso, sigo siendo una lectora analógica, de las que si pueden escoger papel abandonan el e-book sin remordimiento alguno, eso sí, solo si la edición lo merece, ya no tiene una vista para las mínimas ediciones de bolsillo…

Un comentario

Replica a Los libros II – UNA VUELTA AL MUNDO Cancelar la respuesta