No es la primera vez que hablo de pantallas y educación ni tampoco es la primera vez que confieso que no me gusta hablar de pantallas y educación; para mi la educación es la esencia de la civilización y las pantallas son una herramienta como tantas que podemos usar, no son importantes… o al menos no deberían serlo. Pero leyendo a unos y a otros atacando o defendiendo el uso de las pantallas a cuenta del veto planteado a su uso en infantil y primaria en el ámbito educativo en Madrid, no me resisto a poner algún que otro punto sobre la i:
En primer lugar es incorrecto hablar de veto porque las pantallas no van a desaparecer sino que ven regulado su uso, un uso que será ciertamente restrictivo ¿por qué? Porque el hecho de que todo lo que pueda hacerse usando la tecnología vaya a hacerse usando la tecnología no quiere decir que la tecnología sea el mejor medio para aprender nada, la tecnología no educa, la tecnología es una herramienta y ahora sabemos de sus inconvenientes más que cuando digitalizar los colegios nos parecía una gran idea: el uso individual de pantallas, que es lo que queda vetado por la nueva normativa de la Comunidad de Madrid, tiene varios inconvenientes muy serios: el primero es que es imposible que el profesor controle lo que los niños hacen con su pantalla ¿tenéis hijos en secundaria o bachillerato? Si es así y no os han contado el uso no autorizado (por decirlo de algún modo…) que se hace de Chatgpt en, por ejemplo, pruebas de inglés, es que simplemente no os lo han contado… Y este, siendo un inconveniente, no es el mayor de ellos: que se aísle cada uno en su pantalla es un problema mayor, y que el uso excesivo y a edades demasiado tempranas engendre problemas de atención que dificultan cualquier proceso de aprendizaje es un problema inmenso.
Alguna ventaja tendrá el uso de pantallas… Supongo que sí pero la único que leo esgrimir con fruición es que los más desfavorecidos necesitan la digitalización de la escuela porque no cuentan con esas herramientas en su casa: no es cierto; necesitan, a lo sumo, cierta formación tecnológica y ni siquiera el restrictivo protocolo que acaba de anunciar la CAM impiden tal cosa, habrá dispositivos electrónicos y se usarán pero no serán una herramienta educativa transversal sino que servirán precisamente para eso, para la formación en tecnología. Dicho esto, seguimos obsesionándonos con que los niños tienen que ser unos linces en inglés y tecnología porque sino no tendrán futuro y olvidamos lo esencial: que primero tienen que dominar su idioma, alcanzar un mínimo nivel matemático y de conocimientos generales para poder después desarrollar cualquier aprendizaje y si el uso de pantallas merma la atención y dificulta las relaciones interpersonales, debe restringirse. No olvidemos que hablamos de infantil y primaria, de niños de entre 0 y 12 años…
Olvidamos que lo esencial antes de los 12 años no es dominar el inglés y la tableta (que si se logra ¡estupendo! pero no es lo esencial); y aquí nos encontramos con un doble problema: por una parte la manía que tenemos de considerar la educación como el camino para convertir a los niños en profesionales y en profesionales, además, digitales y por otra parte lo poco que ayudan las leyes educativas porque plantean objetivos por etapa que tienden a convertir las escuelas en parques de atracciones y a los profesores en monitores de ocio y tiempo libre.
Puede sonar tan rancio como quieran leerlo pero en infantil los niños tienen que aprender a colorear y a dibujar y empezar a leer para llegar a primaria perfectamente capaces de romper a leer (sino lo han hecho ya en el último año de infantil) y de usar el lápiz para empezar a aprender ¿ayuda a eso una pantalla? No veo como, que se use como una herramienta más, un rato, para ver un video o algo así vale pero ¿uso individual? Absurdo… y terrible (créanme, que los niños de tres años manejen mejor una tableta que un cuento es la semilla de muchos problemas de aprendizaje). ¿Y en primaria? La cosa es si cabe más grave: no lo digo yo, lo dice Gregorio Luri, el nivel de comprensión lectora que tiene un niño con 9 años nos permite extrapolar con un margen de error muy pequeño cómo será su desarrollo académico y por ende su futuro. ¿Ayudan las pantallas entre los 6 y los 9 años para asegurar esta compentencia esencial? No, rotundamente no. Así que estamos en las mismas, si quieren usar las pantallas un rato para desengrasar, poner un documental o para un juego grupal, perfecto pero no hacen falta para nada más.
Que de 9 a 12 años las pantallas se puedan usar algo más tiene sentido, pero sin abusar porque educar la atención sigue siendo aquí esencial, si los niños pierden la capacidad de atención, perderán su oportunidad de aprender.
La CAM no dice por ahora nada nuevo sobre el uso de pantallas en secundaria y bachillerato y no me parece mal porque en esos cursos el uso de la tecnología como una herramienta es más habitual y lógico, los niños no van a ir a la biblioteca ni tienen una enciclopedia en casa para hacer un trabajo, usan medios digitales y es lógico que sea así por lo tanto regular el uso de pantallas en estas etapas educativas no es tan sencillo aunque como sucede de infantil a primaria, lógicamente el uso irá creciendo gradualmente y más en la medida en que los niños aprendan a sacarle partido a lo digital: con Chatgpt resolviendo dudas, con canales de Youtube de profesores que explican determinadas materias de modo que les resultan más comprensibles… Eso además de mantener a los adolescentes conectados con sus compañeros y usando la tecnología como antes usábamos el teléfono y quedábamos para estudiar, ayudándonos entre compañeros.
No me parece que venga al caso hacer un drama de que se limite el uso de las pantallas en infantil y primaria como tampoco fue un drama que dejaran de impartirse materias troncales en una segunda lengua que no se domina con un mínimo de fluidez y no porque vaya a hacerme ludita a estas alturas de mi vida (trabajo todo el día delante de una pantalla) ni porque reniegue del aprendizaje de idiomas (soy profesora de inglés aunque no ejerza) sino porque la educación no puede tener como objetivo cosas tan vacuas como manejarte con una tableta o hablar una segunda lengua, la educación tiene objetivos mucho más elevados (aunque no los reconozcan ya ni las leyes educativas).
Si queremos que nuestros hijos ‘sean lo que quieran ser’ tenemos que empezar por darles las herramientas que necesitarán para lograrlo: una buena comprensión lectora (basada tanto en un buen dominio del lenguaje como en el conocimiento de contextos amplios), una buena formación matemática básica y unos conocimientos generales suficientes; es sobre estos cimientos sobre los que ellos construirán su proceso de aprendizaje, cuanto más sólidos sean, mejor para ellos, cuanto menos sólidos sean, más endeble será la estructura que levantarán (si llegan a levantarla). ¿Y qué pintan las pantallas en todo esto? Algo pintan porque la tecnología nos ofrece posibilidades nuevas pero si permitimos que esas nuevas posibilidades se impongan haciendo más arenosos los cimientos del aprendizaje, no digamos ya si convertimos a la tecnología en pieza esencial del la educación como si realmente lo fuera, nos estaremos equivocando gravemente.
Suelo decir que no soy de la liga anti-pantallas pero tampoco de la liga pro-pantallas y no porque sea una equidistante exquisita (de eso me curé hace tiempo) sino porque atiendo a los argumentos sólidos de ambas posturas, argumentos que debidamente atendidos, nos llevan a concluir que las pantallas en etapas tempranas de la educación no son tan útiles como en etapas avanzadas, es más, que en etapas tempranas pueden incluso convertirse en un problema. Lo dejé escrito, negro sobre blanco y en un libro (el lugar ideal para que no se entere nadie) e insisto en ello: el objetivo de la educación no es formar ciudadanos digitales y bilingües sino ciudadanos libres y para ser ciudadanos libres se necesitan conocimientos y los conocimientos no se adquieren usando una pantalla sino usando el lenguaje así que las palabras claves son esas, lenguaje (comprensión lectora) y conocimientos (saber), unas palabras a las que dedicamos menos tiempo que las pantallas…
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[…] pena que gloria, sobre ese informe han corrido, y correrán, muchos menos ríos de tinta que sobre las pantallas y la digitalización de la escuela, también se escribirá sobre esto menos que sobre la importancia de la comprensión lectora y […]
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