Que jugar a la cancelación, además de absurdo, es propio de quienes tienen alma de tiranos, no hacía falta ser muy lúcido para descubrirlo, es tan parecida a la censura elevada a la enésima potencia que resulta casi increíble que quienes critican duramente la censura en tiempos de Franco puedan defender su versión corregida y aumentada (porque eso y no otra cosa es la cancelación) en el S.XXI, pero en esas estamos.
No es que ahora ya no rija eso de que somos dueños de lo que callamos y esclavos de lo que decimos, es que sólo rige para algunos: los censores de hoy en día, que son los que viven elevándose sobre los demás y haciendo alarde de superioridad moral, lo tienen claro: si no piensas como ellos y callas, te habrás ganado su ignorancia, el éxito te será esquivo pero tampoco serás objeto de su odio; si piensas como ellos tuyas serán las mieles del triunfo tanto si alardeas de ello como si no, según les convenga a ellos que son los que organizan la agenda cultural, social, política y hasta deportiva; y si osas pensar distinto a ellos y además exponerlo en público… serás objeto de burla, mofa y desprecio, te convertirás en su muñeco de las bofetadas y podrás llegar incluso a abrazar la cancelación como refugio, acabarás auto censurándote para que te dejen en paz.
Y ¿a cuento de qué recuerdo yo hoy el mecanismo de la cancelación? A cuenta del camino del héroe que le ha tocado recorrer a Karla Sofía Gascón, quien ha pasado de héroe a villano es cuestión de días, como había pasado antes de desconocida a héroe en un plazo similar. Y todo por la misma razón: los supuestos woke y sus arquetipos.
No he visto Emilia Pérez, la película que protagoniza Karla Sofía Gascón y a la que debe su fama pero, desde que supe de su nominación al Oscar Mejor Actriz he seguido el tema con curiosidad ¿por qué? Porque el feminismo posmoderno me fascina: ahora que en las competiciones deportivas las mujeres luchan para no tener que competir con trans y, aunque sea tarde en algunos casos, la justicia y la política, al albur del sentido común, les van dando la razón, no leí ni medio comentario al respecto de la nominación de la trans Karla Sofía Gascón al Oscar como Mejor Actriz… Supongo que se debe a un silencio administrativo por motivos ideológicos y también al hecho incontestable de que del mismo modo que una deportista de élite puede justificar la existencia de categorías femenina y masculina por las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, un actor y una actriz no podrían recurrir a esa explicación, es decir, podrían competir en la misma categoría, cosa que no querrían hacer porque eso sería reducir sus premios a la mitad.
Cuando pensaba yo esas cosas Karla Sofía Gascón era favorita para llevarse la estatuilla y la cosa tenía algo de justicia poética porque Hollywood es ya tanto la meca del cine como la del wokismo así que bien estaba que se aplicara allí, llevándola hasta las últimas consecuencias, la doctrina woke que borra a la mujer. Pero entonces alguien encontró el perfil de X, antes Twitter, de Karla Sofía Gascón y descubrió que no respondía al arquetipo de persona de izquierda woke, razón por lo demás por la que la habían subido a los altares, porque físicamente sí respondía a ese arquetipo, es trans. Si en sus tweets se hubiera preguntado cuantos judíos caben en un cenicero, como el tipo aquel de infausto recuerdo… hubiera habido polémica (o no) aunque difícilmente la hubieran cancelado; pero resulta que Karla Sofía Gascón era crítica con el modo en que se trata a la mujer en el Islam y ya se sabe que el wokismo puede sentar en el banquillo a un Rubiales cualquiera por plantar un beso a una mujer, una mujer que además calla y otorga en lugar de soltarle un mandoble a lo Gilda, pero no dirá nada en contra de quienes lapidan homosexuales u obligan a las mujeres a vivir tapadas llegando a ser tratadas como una propiedad más de sus maridos.
Y con la misma velocidad que subió la espuma de su cerveza, bajó de nuevo porque en la iglesia woke o cumples todos los mandamientos (no importa si los entiendes, es más, la clave está en que te conformes con no entenderlos) o te excomulgan automáticamente, no hay opción de penitencia, lo suyo es excomunión directa y es lógico que sea así, de otro modo sus postulados, ajenos a la realidad de forma a veces incluso sorprendente y no pocas veces contradictorios entre sí como sucede con el feminismo y el Islam, no podrían sostenerse, es más, no podrán sostenerse, es más, no se sostendrán.
La cuestión aquí va mucho más allá de lo ideológico, no es un ‘como piensas distinto te ignoro‘ es un ‘como eres trans, y entonces eres de los míos, te nomino al Oscar’ y después ‘como no eres progre y woke, te cancelo aunque seas trans‘ ¿os suena de algo el planteamiento? A mi me ha recordado mucho a lo que sucede con el feminismo posmoderno, woke, y las mujeres: si eres de izquierda puedes acabar denunciando a un impresentable por plantarte un beso en los morros y te harán la ola mientras que si no eres de izquierda, no solo no gozarás de la condición de víctima por pertenecer a un género históricamente maltratado sino que te podrás convertir en muñeco de las bofetadas de todos, todas y todes (que le pregunten a Díaz Ayuso).
El wokismo ha devenido en locura por su manía de ignorar la realidad y en su convencimiento de que la sociedad se modela rauda y velozmente a golpe de martillo y cincel; y ha devenido también en tiranía por su gusto tanto por la superioridad moral de unos como por la cancelación de otros. Y por eso caerá, por ignorar la realidad y por tratar de destruir a tantos pero dejará cadáveres y heridos y sobre todo dejará a una generación entera tocada por sus postulados líquidos y gaseosos; buen ejemplo de esto es la propia Karla Sofía Gascón: a poco que hayas visto alguna de las entrevistas que concedió antes de que la cancelaran, te habrás dado cuenta de que creía en la honestidad de su nominación al Oscar y por eso trató de defenderse cuando vio que era objeto de una especie de caza de brujas, aunque no logró más que cavar bajo sus pies y ahora no solo la cancelan de la gala que iba a protagonizar sino incluso de la película que protagoniza… eso además de cancelar la publicación de una nueva edición de sus memorias publicadas en 2018 (antes de su transición), Karsia; así las cosas, normal que no logre ya no aceptar su caída en desgracia, ni siquiera entenderla… aunque la explicación es, en el fondo, sencilla: iba a ser más de lo que había demostrado merecer ser porque así convenía al wokismo y va a ser menos de lo que merece ser por la misma razón. La vida es siempre una cuestión de equilibrios.
Tengo para mi que, cuando logre reponerse del viaje que le están metiendo los apóstoles de la iglesia woke, Karla Sofía Gascón recordará algo que sin duda ya sabe, que ser trans no te hace de izquierdas como tampoco ser homosexual o mujer, por poner un par de colectivos de los que el wokismo ha apalancado como propios, te hace de izquierdas, es más, ser lo que quiera que seas no te hace progresista ni conservador, ni mala ni buena persona; es eso, o tratar de seguir ganándose un perdón, que por otra parte no pide, al señalar como responsable de su caída en desgracia a Elon Musk, que nos puede gustar más o menos, pero es antagonista del wokismo que está cancelando a Karla Sofía Gascón.
La ética no tiene etiqueta política y quienes se empeñan en ponérsela son los tiranos a los que no, no hay que cancelar… pero sí señalarlos, al fin y al cabo, cuentan quienes investigan el origen del lenguaje que cabe la posibilidad de que el desarrollo del lenguaje se deba a la necesidad que tenían nuestros ancestros de señalar a los miembros de la tribu que querían beneficiarse del trabajo de todos sin hacer su parte, señalarlos explicando los motivos del señalamiento, claro, con razones y hechos, con realidades perfectamente explicadas y relatadas.
[…] pues no, no creo que Karla Sofía Gascón goce de su cancelación porque lamenta más ser ella la cancelada que la cancelación en sí pero […]
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