Si estás familiarizado con el trabajo de George RR Martin y las adaptaciones televisivas de su obra seguro que ya estás pensando en la Casa del Dragón, es decir, en los antepasados de Danerys de la Tormenta, la que enamoró a Pablo Iglesias cuando era libertadora de esclavos y lo dejó mudo como un muerto cuando hizo honor a su tradición familiar y actuó como una reina loca; es en la Casa del Dragón, precuela de Juego de Tronos, donde nos cuentan la historia de la Danza de dragones, que suena romántico y espectacular pero que en realidad es dantesco, es la guerra librada entre hombres que tienen dragones…
Sir Criston, mano del rey y amante de la reina viuda, es quien mejor entendió lo que venía, también Rhaenyra, la reina destronada, pero en su caso podríamos hablar de lucidez, en el de Sir Criston la cosa tuvo más que ver con un baño de realidad: el comandante de la guardia (que también lo era, además de ser mano del rey y amante de la reina viuda) partió a la guerra sabiéndose escoltado por un dragón inmenso y feroz montado por el hermano del rey así que iba camino de la victoria… pero entonces descubrió algo que sabía pero que, de algún modo, creía ajeno: sus oponentes también tenía dragones… y los dragones pelean entre ellos cuando sus jinetes los lanzan a la batalla, sí, pero también miran al suelo y queman las huestes contrarias ¿resultado? Vio arder a miles de sus hombres, incapaces de defenderse el fuego de un dragón.
¿Y por qué recuerdo yo hoy esta temible danza? Porque la política española cada vez se parece más a ese espectáculo dantesco: los ciudadanos somos como los habitantes de Poniente y como los soldados de unos y otros, mero decorado; los dueños de los dragones son la mano que mece la cuna (los políticos, la élite gobernante, la casta) y juegan con nuestras necesidades e intereses, después de freírnos a impuestos, no con el fin de satisfacernos para que los mantengamos donde están, sino para mantenerse donde están aun con votos insuficientes para justificar su amarre al poder.
El problema no es tanto la guerra entre el usurpador y la legítima heredera ni entre quien ocupa la Moncloa y quien ganó las elecciones, el problema es que en su batalla desigual los que ardemos de rabia y desesperación somos los ciudadanos mientras ellos se encierran en sus cuarteles de invierno a crear estrategias y tácticas para avanzar en lo suyo (que no es más que su propio interés, no el de los ciudadanos).
¿Que hay desapego de la política? ¡Cómo no va a haberlo! ¡Cómo vas a respetar a políticos que montan dragones y que demuestran ser capaces de quemar una ciudad entera con tal de sacar tajada y partido !(y quien dice dragones dice Moncloas, y quien dice quemar dice negar la ayuda tras una inundación…).
Cuando el gobierno mezcla churras y merinas en su decretos para forzar a la oposición a aprobarlos porque es incapaz de juntar una mayoría suficiente de forma estable para gobernar, funciona como un Aegon cualquiera que permite que el bloqueo que impide el abastecimiento de la ciudad haga morir de hambre a los suyos porque él puede esperar, él está bien… Cuando a la oposición le tiembla la voz y las piernas reaccionando a la encerrona porque se sienten ellos más incapaces de explicar lo que es cierto y verdad, lo que es justo y lo que es bueno de lo que sienten al gobierno capaz de contar cuentos que resulten creídos por el pueblo y ganar así el relato… Entonces el país se convierte en el escenario de la danza de dragones con los políticos y sus fieras en sus respectivos búnkeres y el pueblo desesperado buscando una salida que difícilmente puede encontrar porque es rehén de esos políticos que danzan con dragones en lugar de servir al pueblo.
¿Y qué podemos hacer? ¡Ya me gustaría saberlo! Pero empezar por decir la verdad, por fea que resulte, me parece un buen comienzo. Y la verdad es que la política en España se ha convertido en el más serio de nuestros problemas. Y los políticos que danzan con dragones lo saben, por eso están siempre atentos a desacreditar, cancelar, hundir y quemar al vuelo a cualquier político emergente (o no tan emergente) que luzca las más mínimas dotes de liderazgo porque un líder, un auténtico líder, encierra a los dragones, cierra el circo y acata la voluntad de las urnas y la sentencias judiciales. Eso así, para empezar. Después desmonta el chiringuito y manda a galeras a remar a los de las tesis plagiadas, las cátedras fake, los que confunden el año de publicación de 1984 con la novela en sí, los amigos de narcodictadores, los censores de tres al cuarto, y los que vociferan consignas para esconderse tras ellas primero y huir de ellas después…
[…] tiempos oscuros que anticipan un largo invierno y no, no hablo de Juego de Tronos, hablo de nuestra realidad: una sociedad que enaltece la ignorancia y desprecia el esfuerzo es una […]
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