Los estados de la materia ideológica son básicamente tres: sólido, líquido y gaseoso:
Sólido cuando los ideas son suelo, son rocosas, son canon, soportan el paso del tiempo y aunque puedan verse erosionadas, apenas llegamos a percibir los cambios en ellas, solo el paso de una cantidad de años que supera de largo la de una vida puede modificarlas sustancialmente.
Líquido cuando las ideas se diluyen, cuando pierden dureza y consistencia, cuando fluyen y evolucionan, cuando cambian incluso de color y de textura y sorprenden dibujando cursos que no podíamos imaginar pero se mantienen ahí, en su curso, como los ríos que, aunque lleguen a desbordarse, siempre vuelven a su cauce.
Gaseoso cuando las ideas… desaparecen; cuando ha sido tanta su fluidez que de tanto rozamiento con el lecho de su curso la temperatura sube hasta evaporarlas liberándolas incluso de su esencia, de sí mismas; no es que vuelen ni que se conviertan en uno de los gases de la tabla periódica sino que, simplemente, desaparecen en la atmósfera.
¿Y woke? Woke no es un cuarto estado de la materia ideológica es el acelerante que ha empujado a las ideas clásicas de lo sólido a lo líquido y de ahí a lo gaseoso sin solución de continuidad alguna, sin medir las consecuencias de tal acelerón, sin valorar la necesidad de que haya siempre ideas sólidas y líquidas, sin pensar que al estado gaseoso solo deben llegar las desechables y nunca jamás debe desecharse una idea sin haber asegurado una mejor porque, si gaseamos ideas en lugar de matizarlas o incluso sustituirlas, lo que estaremos haciendo es crear vacíos, nadas absolutas que no se sostienen ni soportan y que se llenarán con cualquier infierno antes de asomarse al abismo de la nada.
Por eso el proyecto Woke fracasará, porque nació muerto, porque renunciar a toda solidez y convertir lo fluido en suelo solo podía terminar de un modo: con desbordamientos de realidad que iluminan la verdad que solo los ciegos que no quieren ver se niegan a reconocer y con la desaparición de todo, con la tierra arrasada que dejan las inundaciones a su paso y la nada ideológica que sigue a la evaporación de las ideas.
El wokismo será una nota a pie de página en la historia del mundo, con episodios indudablemente trágicos y cabe que alguno memorable también, pero no representará más que lo que representa un grano de arena en el desierto porque la verdad es sólida y permanente, porque o es así o no es verdad; el empeño woke en matizar toda solidez y hacerla fluir es solo un engaño, es la negación de la verdad que, en su acepción más básica, es la realidad; solo la ceguera voluntaria de tantos y los intereses espúreos de unos pocos explican el florecimiento woke pero tras toda primavera llega el verano con sus altas temperaturas y la evaporación de lo líquido y después el otoño con la caída de la hoja (ahí estamos, diría) y llegará el invierno… y la próxima primavera será diferente y renovadora y si no lo es habrá que hacer que lo sea, al fin y al cabo a la nada que queda tras el estado gaseoso no se la combate más que con ideas sólidas, con belleza, con creación y reconstrucción… y con verdad.
[…] Hecha esta aclaración, voy a al lío… y el lío es tomar consciencia de cuánto hemos perdido ya con la degradación de nuestro lenguaje, con el manoseo de palabras que eran bonitas (y mucho más que eso, eran importantes) y su pérdida de significado (significados que siguen siendo importantes y que ya no están, que se han licuado y evaporado): […]
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[…] la juventud, es entonces cuando salimos al mundo, libres, jóvenes, lozanos y dispuestos a todo (o quejicas y victimistas pero eso es cosa del wokismo y es otra historia cuyo lugar no es esta divagación); es entonces […]
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