Reflexionando un poco acerca de lo que dio de sí el año 2024 me he visto contraponiendo, de nuevo, la civilización y la barbarie; vaya por delante que soy consciente de que hablar en esos términos supone alejarse unos pasos de la realidad porque la realidad no es nunca un mundo en blanco y negro ni un lugar de buenos y malos, los matices importan mucho más que los colores planos, ahora bien, hay también hay aspectos que son suelo, es decir, que no son cuestionables y todos tenemos en la cabeza la idea de lo que es un mundo civilizado y lo que no lo es (o deberíamos).
Heródoto consideraba que la civilización es la capacidad de un grupo de humanos para construir ciudades con sus instituciones políticas y vivir en ellas, es decir, ser civilizado es convivir en comunidad; Cicerón daba un paso más y vinculaba el concepto de civilización con el desarrollo intelectual, moral y espiritual de las personas a través de la educación y las virtudes cívicas, es decir, ser civilizado implica no solo convivir en comunidad sino educar a los niños para que puedan convivir en comunidad.
Es verdad que ha habido quien, asumiendo que los planteamientos de Heródoto y Cicerón eran difícilmente cuestionables, los ha aceptado pero dándoles una vuelta de tuerca negativa: Rousseau, el infausto Rousseau, consideraba que la civilización era fuente de desigualdad y degradación frente a lo que él llamaba pueblos naturales (que serían los pueblos bárbaros) pero su planteamiento lo desmonta previamente Cicerón al incluir a la educación como parte esencial e ineludible de lo civilizado.
No quiero ahondar ahora más en lo que es o no es civilización, asumo como certero el planteamiento de Cicerón (lo asumo tanto que escribí Maleducados explicando que si fallamos en la educación fallamos como civilización) y lo que me pregunto es qué nos hace civilizados… porque no, no es la educación, la educación, la buena educación, nos mantiene civilizados e incluso civiliza a los bárbaros pero ¿qué sucedió en algún momento de la prehistoria que nos preparó para ser civilizados? Porque algo debió suceder…
Lo curioso de este asunto es que eso que debió suceder no es fácil de descubrir, es más, no existe una respuesta cerrada a esta pregunta porque la prehistoria es un periodo difícil de estudiar, dado que solo puede hacerse a través de fósiles y otros restos de aquella época, no hay libros que nos cuenten como era la vida entonces escritos sobre el terreno porque no es que no se hubiera inventado la imprenta, es que ni tan siquiera había escribanos porque no había ni lenguaje… Y aquí ya asumo que nos civilizamos antes incluso de contarnos historias y legarlas a nuestros hijos (y desde luego mucho antes de escribirlas).
Vuelvo a la pregunta que me taladra la cabeza ¿qué nos llevó a ser civilizados? (y me la taladra porque el mejor modo de mantenernos civilizados es saber cómo hemos llegado a serlo) y, curiosamente, una posible respuesta a esta pregunta, una que además parece de lo más certero, la encontré leyendo acerca del origen del lenguaje porque lo que subyace a cuestionarnos qué nos hace civilizados es la misma duda que hay tras el origen del lenguaje ¿por qué, a lo largo del camino evolutivo, desarrollamos un lenguaje complejo y otras especies, ni tan siquiera las más cercanas a nosotros, no?
El estudio del origen del lenguaje ha estado incluso mal considerado a lo largo de la historia, llegó a estar prácticamente prohibido porque era algo así como estudiar lo que es imposible estudiar porque los restos prehistóricos que necesitaríamos para hacerlo no existen (los cerebros no fosilizan…) pero, afortunadamente, eso cambió e importantes investigadores de diferentes áreas han ahondado en el asunto y han descubierto cosas realmente curiosas e interesantes; por ejemplo, restos fósiles prehistóricos en los que se veían rastros de roturas oseas curadas… ¿qué significa ésto? Si un homo erectus se rompía una pierna y no podía caminar sin ayuda mientras soldaba el hueso durante vaya usted a saber cuánto tiempo pero el homo erectus cojo sobrevivía hasta curar su rotura y volver a poder salir a cazar… eso significa, por fuerza, que otros individuos de su especie le ayudaban, es decir, que el ser humano, antes de ser incluso un ser humano como lo somos hoy, ya era un ser que ayudaba a otros, que vivían en comunidad.
¿Está ahí la clave del ser civilizado? ¿El ser civilizado es el que ayuda a sus congéneres? lo cierto es que tiene sentido, tiene tanto sentido que incluso algunos estudiosos acerca del origen del lenguaje afirman que ese espíritu colaborador está también en el origen del lenguaje: un ser que ayuda es también un ser que enseña y, para enseñar, el lenguaje es ESENCIAL.
Un pequeño inciso para explicar esto aun sin pretender profundizar en ello: cuenta Sverker Johansson en su libro ‘El origen del lenguaje’ un detalle la mar de curioso y revelador: habla de una chimpancé que está cascando nueces para alimentar a su cría mientras la cría la mira; una vez han comido lo suficiente, la madre se tumba a descansar y la cría coge la piedra que usaba su madre para cascar nueces y trata, con poco éxito, de hacerlo ella; a su madre le importa un bledo lo que hace la cría… lo que esto significa es que la madre alimenta a su cría pero no le enseña a alimentarse, la cría aprende sola por imitación. Esto no sucede en la especie humana, y ese aspecto de ayuda tan nuestro hace que enseñemos y que necesitemos por tanto un lenguaje como herramienta para enseñar. Por eso decimos que el lenguaje nos hace humanos, nos distingue de otras especies.
¿Ves el patrón? A mi me ha resultado imposible no verlo: la ayuda entre individuos, y por tanto la vida en comunidad, al fondo y la enseñanza como motor de progreso de esa comunidad: nos ayudamos, nos enseñamos, no somos islas, vivimos en comunidad y estamos de algún modo obligados a aportar algo a esa comunidad, no solo tenemos derecho a beneficiarnos de ella… y por supuesto no podemos degradar esa comunidad, por eso nos damos instituciones que debemos respetar y leyes que debemos cumplir.
En conclusión, ser civilizado es prepararse (educarse) para aportar algo a la comunidad (la sociedad) en la que vivimos y, llegado el momento, aportarlo a ese grupo que a su vez nos da ayuda y cobijo (seguridad); ser civilizado es también respetar las normas (las leyes) que nos damos y trabajar por el bien común, que es el bien de todos; lo más curioso de esto es que si te elevas y miras esta explicación tan rudimentaria verás en ella pinceladas de diferentes ideologías solo que las ideologías tienden a quedarse cada una con aquella parte de esta definición (rudimentaria, insisto) que encaja en su limitado ideario.
¿Qué concluyo entonces? Que la vida en comunidad nos hace civilizados, sí, que aportar algo a esa comunidad y no solo beneficiarnos de ella nos hace civilizados, sí, que ayudarnos nos hace civilizados, sí… pero también que la ideología nos hace no sé si bárbaros pero sí menos civilizados porque tiende a limitar el concepto clásico de civilización y da carta de naturaleza a quienes piensan que la comunidad está para darles cobertura sin aportar nada a cambio, a quienes piensan que el bien común es su propio bien y a quienes obvian por sistema que si no aportamos nada a la sociedad y la succionamos día tras día a golpe de derechos, la vamos vaciando, la vamos haciendo más pobre y más inútil ¿el resultado? La comunidad deja de ser un lugar confortable, deja de ser por tanto un lugar valioso, deja de ser un lugar civilizado… y sin comunidad, por tanto, no somos civilizados, somos bárbaros como los de las islas del Hierro, que no cultivan, no pescan, no trabajan… sólo cogen lo que necesitan.
Y conviene recordar, antes de despreciarnos como hacía Rousseau, que la especie que ha logrado ser más próspera sobre la tierra es el ser humano civilizado ¿vamos a renunciar a lo civilizado a cambio de las migajas de bajas pasiones que alimenta la ideología? Capaces seremos de seguir cancelándonos los unos a los otros, despreciándonos los unos a los otros, enemistándonos los unos con los otros, siendo profundamente irrespetuosos los unos con los otros… y sólo por razones espúreas, por sucias razones ideológicas.
[…] pérdida de la que estamos siendo víctimas sin darnos cuenta ni poner freno a tamaño maltrato de nuestro lenguaje habría que empezar por entender la importancia del lenguaje en nuestra vida pero este no es el […]
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[…] Lo humano tiende a lo civilizado, no de forma natural sino de forma racional (intelectual incluso), de ahí que los más civilizados sean también los más prósperos y los menos bárbaros porque ser civilizado implica respetar al otro, piense lo que piense, rece al Dios que rece, sea cual sea el color de su piel y se acueste o se levante con quien tenga a bien; ser civilizado es por tanto tolerar lo tolerable y poner pie en pared frente a lo intolerable so pena de la degradación sin remedio de lo civilizatorio y la imposición de una barbarie que es más animal que humana (más visceral y emocional que racional). Y ahí es donde acontece el robo del siglo, ahí es donde radica el tongo de lo posmoderno… ¿y qué es lo que la posmodernidad nos roba? La humanidad misma, lo que nos hace civilizados y lo hace además jugando a la neolengua y poniendo en práctica un sinfín de trucos de trilero malparido: […]
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[…] ¿ Te has preguntado alguna vez por qué hay tanta gente creando hoy contenido? Porque nos gusta compartir lo que sabemos (a algunos también hacer alarde de ello pero eso es cosa ya del ego malcriado con el que cargan); luego están los que no saben nada pero igualmente crean contenido porque ¡qué carajo! tienen tanto derecho como los demás a hacerlo… La cuestión es ¿qué aportan amén de ruido, confusión y nada? La clave no está en el podcast ni en el blog, está, siempre, en el saber y si aprendiésemos a respetar el saber y a quien sabe, no me cabe la menor duda, estaríamos construyendo una sociedad mejor en la que los creadores de contenido que no saben nada se diluirían como un azucarillo en el café. Un apunte cuanto menos curioso: tan profundo es ese gusto humano por compartir lo que se sabe que se cree que forma parte de los detonantes que nos llevaron, a nosotros y no así a otras especies carentes de este afán, a evolucionar hasta desarrollar un lenguaje complejo… (pero esa es otra historia). […]
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