Quién cuidará de nosotros cuando seamos viejos.

Se habla desde hace algunos días de Maxim Huerta porque el casi ministro se ha preguntado precisamente eso, quién cuidará de quienes no tienen hijos cuando sean mayores; teniendo en cuenta que a Huerta le ha asaltado esa duda porque él está atendiendo a su madre, ya mayor, a mi me parece que la pregunta en cuestión más que una duda razonable (y no digo que no lo sea) es la radiografía más exacta y perfecta que he visto de la sociedad en que vivimos.

Maxim Huerta ya ha cumplido los 50 y yo estoy a punto de hacerlo así que podríamos decir que somos compañeros de generación y a mi, aunque tengo madre y suegros que han superado ya los 70 años (uno de ellos incluso los 80) ni por la imaginación se me pasa quién me va a atender cuando sea mayor ¿por qué? Porque tengo un hijo de 16 años, dicho de otro modo, no he terminado de criar a mi hijo como para pensar en mi ancianidad, ese pensamiento es un lujo de quienes no se han cuidado, hasta los 50, más que a sí mismos. Ojo, no crean que critico a quienes no tienen hijos ni considero que los que somos padres seamos una raza superior ¡faltaría más! Lo que sí digo es que ser padres, algo que decidimos ser con el mismo egoísmo que quienes toman la decisión contraria (‘quiero o no quiero ser madre/padre’ el centro de la decisión soy yo), nos lleva después, una vez que tenemos a la criatura en brazos, a amar a alguien más que a nosotros mismos y por ello a la generosidad más absoluta (‘yo por mi hija mato’ decía Belén Esteban… yo digo más bien lo contrario: yo por mi hijo vivo, vivo como nunca pensé que viviría, por su bien y no solo por el mío).

Habrá quien diga ¡mírala que lista! no se pregunta quién la va a cuidar porque tiene quien la quiera (porque es madre) y yo me revuelvo contra esa forma de pensar y vivir ¿por qué? Supongo que la razón es compleja y en el fondo de ella está el hecho de que mi hijo es enfermo crónico desde los 10 años, tiene diabetes tipo 1, una enfermedad crónica y grave que Nacho, el futbolista y capitán del Real Madrid ha definido mejor que nadie: puedo hacer lo mismo que los demás pero tengo que cuidarme el triple; mi obsesión es que mi hijo aprenda a cuidarse cada vez más y mejor, que se cuide más y mejor… de mi ya me cuidaré yo (volveré después sobre esta certeza).

Otro aspecto que me hace revolverme ante ese modo de pensar en los hijos siempre como hijos y no como seres humanos libres más allá del útero del que hayan salido o de los genes que lleven, es que he visto los efectos de los cuidados en quienes cuidan y no me parecen menos inhumanos que los efectos de las residencias en quienes no tienen quien los cuide (cuando las residencias no funcionan como un apoyo a las familias sino como un lugar en el que aparcar al abuelo, algo que no es tanto responsabilidad de las propias residencias como del uso que hacemos de ellas, dicho de otro modo, no es lo mismo meter al abuelo en la residencia y olvidarte de que existe que hacer lo mismo visitándolo regularmente, cuidándote de su bienestar).

¿A dónde me lleva esto? Me lleva a pensar que la pregunta que se hace Maxim Huerta es pertinente no por el hecho de tener o no tener hijos sino por el hecho de ser conscientes de que vamos a una sociedad más envejecida y del mismo modo que todos tenemos claro que si vivimos un boom de natalidad harán falta más guarderías, parques infantiles, profesores, secciones juveniles en las librerías, pediatras… viviendo un boom de longevidad serán otro tipo de profesionales y servicios los que harán falta. Claro que pensar en ello le corresponde a quienes nos gestionan, a nuestros políticos (que Dios nos coja confesados… porque en el pecado de votarlos llevamos la penitencia de sufrirlos); a nosotros, a los que tenemos hijos y a los que no los tienen, nos corresponden otras responsabilidades.

Y esas otras responsabilidades me llevan a la certeza a la que hacía antes referencia, la de que de mi ya me cuidaré yo y no, cuando defiendo la necesidad de que cada uno se cuide de sí mismo no estoy haciendo demagogia ni enalteciendo el individualismo sino la responsabilidad individual y la buena voluntad; creo en el valor de la familia y de la vida en sociedad pero no considero que ni la familia ni la sociedad sean grupos mantenidos por vínculos de derechos y deberes sino por la voluntad de sus miembros pero vayamos por orden:

A cuidarnos en la ancianidad se empieza cuando todavía no se es anciano, no diré aquello de no fumen ni beban que eso pasa factura (no soy tan simple…) pero sí que piensen en lo que está por venir, un ejemplo: casos ha habido de gentes de edad y vivir acomodado (piso pagado y buena pensión) que han puesto el cartel de se vende en su vivienda y se han mudado de un cuarto sin ascensor a un bajo con patio; a eso es a lo que muchos llamamos progreso y pensar en el futuro e implica también cierta voluntad no solo de bien vivir sino de hacer vivir bien a los demás porque si pensamos en nuestro buen acomodo en la ancianidad estaremos poniéndonos la vida más fácil a nosotros mismos y a quien quiera que se preocupe por nosotros llegado el momento.

Verán, yo venero la vida humana, le concedo un valor incalculable, creo que es lo más valioso que tenemos, una vida; una y solo una. Y considero que cada cual es muy libre de usar la suya a su antojo, de hacer con ella su santa voluntad pero no y nunca de imponer esa voluntad a los demás, mucho menos a los hijos aprovechándonos de los lazos emocionales que nos unen a ellos. Respeto tanto la vida del mayor que ya no puede valerse por sí mismo y de la irrenunciable dignidad humana incluso en esas circunstancias como la vida de la persona de mediana edad que tiene todavía mucho por hacer además de ocuparse de mantener la dignidad del mayor al que atiende ¡ah qué difícil equilibrio! ¿verdad? Por eso digo que la pregunta de Maxim Huerta es pertinente más allá de si se tienen o no se tienen hijos, porque la familia y la sociedad son salud y vida cuando se sostienen en la voluntad de sus miembros y no en una interminable carta de derechos y deberes de unos y otros que llegan a contradecirse entre sí sin que a nadie parezca importarle.

La voluntad humana trasciende los lazos de sangre porque los lazos de sangre no existen, existe el amor, sin más (y sin menos) y existen la voluntad de hacernos la vida más agradable, más fácil, más cómoda… (o no); en mi opinión lo que debe preocuparnos es estar educando (o maleducando) a generaciones enteras en el valor de sus derechos independientemente, cuando no por encima, de los derechos de los demás, en el enaltecimiento de la juventud como un valor y en el desprecio del saber y la experiencia; cuando en una sociedad lo dominante es la buena voluntad hay armonía y ayuda, dicho de otro modo, no necesitas que quien vive en el piso junto al tuyo sea tu padre o tu madre para que le preguntes si necesita algo y te acerques a recoger su medicación a la farmacia (o para que llames a su puerta a las 10 de la noche para dejarle a tu hijo porque te vas a llevar a tu marido al hospital porque no se tiene de pie…).

Dicen que esa voluntad es una cosa viejuna y del pasado y que no existe hoy porque la sociedad es demasiado individualista pero tengo para mi que es justo al revés, la sociedad es cada día más colectivista y no hay nada más inhumano que los colectivos que degluten a los individuos y los convierten en meras etiquetas: ya no somos Juan, Pedro, María o Isabel, somos feministas, ecologistas, socialistas, liberales, nacionalistas, trans, gays, no binarios, jubilados, estudiantes… El individuo importa cada vez menos e importan cada vez más las causas que representan ¿dónde deja eso la tan humana buena voluntad? Donde Cristo dio las tres voces… Y entonces las dinámicas de la vida se vuelven perversas porque cada cual grita por sus derechos, que son los inherentes a las etiquetas que se cuelga, y exige su cumplimiento importándole cuarto y mitad de bledo los derechos de los demás.

¿Y a quienes no tenemos hijos quien nos va a cuidar? Se pregunta Maxim Huerta y yo añado más cuestiones ¿y a quienes no tuvieron hijos y no tienen hoy quien los atienda quién los cuida? ¿y a los niños sin padres quién los cuida? ¿y de quienes nunca pudieron cuidarse a sí mismos quien se ocupa? ¿y de quienes viven en la calle quién se acuerda? … Y así podría seguir un rato largo haciéndome preguntas pero la respuesta a la que llegaría sería siempre la misma: una sociedad de ciudadanos libres es una sociedad que se respeta a sí misma y que considera la dignidad humana como un valor, dicho de otro modo, es una sociedad que da respuesta, de un modo u otro, a esas preguntas. Una sociedad cegada por los derechos de los colectivos y sus etiquetas por encima del valor y dignidad de cada individuo sólo gritará y señalará con mucha saña esas cuestiones sin dar una respuesta digna de tal nombre a ninguna de ellas.

+

En Maleducados hablé un poco de cómo veo la sociedad en que vivimos, es verdad que lo hice desde la perspectiva de la educación de los hijos, no del cuidado de los padres, pero la sociedad, al fin y al cabo, es la misma…

Un comentario

Replica a De lo efímero de la vida y del ser. – UNA VUELTA AL MUNDO Cancelar la respuesta