Falsos debates en educación II: pantallas sí o no.

Este debate, además de falso, es complejo; lo resumimos en un pantallas sí o no, tecnología sí o no, pero lo cierto es que este falso debate se desarrolla a diferentes niveles y en diferentes ámbitos:

¿Digitalizamos la escuela sí o no? Esta cuestión la planteamos en el ámbito escolar y gira alrededor de la conveniencia o inconveniencia de cambiar los libros de texto por un chromebook, la pizarra de tiza o rotulador por una pantalla y por incluir en el currículo escolar la formación digital.

¿Permitimos tener móvil propio a los adolescentes sí o no? En una convención informalmente aceptada los padres regalamos a los niños su primer móvil a los 12 años y digo móvil pero hablo de un smartphone con conexión a internet porque, dado que a esa edad los niños llevan años jugando con nuestros móviles y tabletas, no se conformarán con menos.

Estos dos debates son los que resume el escueto título ‘pantallas sí o no‘ y a poco que nos fijamos en su complejidad deducimos que es imposible responderlo con un sí o un no pero es que, además, el propio planteamiento en esos términos tan simples es falso porque confunde el hecho de que nuestros hijos han nacido en un mundo tecnológico con que sean nativos digitales y el hecho de que vivirán y trabajarán en un mundo tecnológico con que sean ciudadanos digitales en lugar de ciudadanos libres.

Una vez aclarado que asumimos, y lo hacemos además con gozo, que tenemos la suerte de vivir en una época que bien podríamos llamar Revolución Tecnológica, una que nos permite un acceso a la información y la formación como nunca a antes, lo que nos cuestionamos es cuál es el mejor modo de preparar a las nuevas generaciones para el mundo en el que van a vivir, es decir, nos preguntamos lo mismo que se han preguntado todas y cada una de las generaciones que nos han precedido porque lo que busca la educación es precisamente eso, preparar a sus alumnos para el mundo en el que van a vivir sea el mundo como sea.

Si partimos de este planteamiento, la digitalización de las escuelas ya no parece un destino inevitable ni la evolución natural de la educación porque entender que tenemos que preparar a los niños para el mundo online no significa que tengamos que zambullirlos en él cuando apenas saben leer y escribir sino que tenemos que asegurarnos de que cuando llegue el momento de la zambullida saben nadar, bucear y hasta surfear.

Nunca fue buena idea digitalizar las escuelas y aun así lo hicimos; y, como lo hicimos, hemos confirmado que no fue buena idea ¿por qué? Porque no hay mayor enemigo de la lectoescritura que la digitalización y no hay mayor enemigo para la educación que el destrozo causado por el abandono de la lectoescritura; en infantil y en primaria los libros son esenciales, la escritura a mano es esencial, la lectura es esencial ¿por qué? Porque la única herramienta indispensable para desarrollar el aprendizaje de cualquier materia es el lenguaje y el único modo de dominar el lenguaje es escucharlo, leerlo y escribirlo. Una mala comprensión lectora supone una dificultad de aprendizaje que puede llegar a ser insalvable.

Quienes defienden la digitalización de las escuelas dicen que si se dan pasos atrás en esto serán los niños más pobres los que lo sufrirán porque en sus casas no tienen acceso a la tecnología; y yo me pregunto ¿se preocupan de los niños que no tienen libros en su casa y su poco acceso a material de lectura de calidad? Dice Catherine Lecuyer que la mejor preparación para el mundo online es el mundo offline y tiene razón; si los niños no dominan en lenguaje, no tienen un vocabulario amplio y una comprensión lectora notable, más pronto que tarde sufrirán dificultades de aprendizaje con y sin pantallas.

¿Ponemos un asignatura relacionada con la tecnología en primaria? Me importa poco, la verdad, ¿damos a los niños libros de texto digitales y digitalizamos sus escuelas? No, nunca, de ninguna manera y bajo ningún concepto; no es ludismo, es principio de realidad: el mundo tecnológico no ha surgido de la nada sino que lo han parido mentes que venían del mundo online, a saber moverse en las pantallas no se llega por haber nacido en determinada fecha ni porque se sepa manejar una tableta, al verdadero conocimiento (también al tecnológico) se llega, siempre, desarrollando un proceso de aprendizaje de modo que lo esencial en las primeras etapas de la educación es asegurar el dominio de las herramientas que serán necesarias en ese proceso de aprendizaje.

El móvil ¿cuándo? Me niego a responder a esta pregunta porque el móvil no es una herramienta educativa; huelga decir que, dado que funcionan como distracción, no deben estar permitidos en la escuela pero, más allá de eso, me niego a aceptar que se incluya el uso del móvil entre los asuntos a tratar cuando se habla del sistema educativo; hay quien piensa que el móvil cuanto antes mejor, otros que cuanto más tarde mejor y algunos no nos hemos podido plantear esa pregunta porque nos ha tocado vivir circunstancias que han decidido por nosotros cuándo tendría el niño su primer móvil. Y por eso, porque ni todos los niños ni todos los padres son iguales, no sé si tiene sentido estipular una edad legal para el uso del móvil, otra cosa es la edad para darse de alta en redes sociales, por ejemplo, pero no debemos olvidar nunca que si bien nuestros hijos menores de 16 años no pueden comprar alcohol, la edad de la primera borrachera es bastante inferior… La incertidumbre que sentimos ante un mundo tecnológico no puede acobardarnos ni hacernos delegar en el estado nuestra responsabilidad educativa como padres. Cuando tiene tu hijo su primer móvil lo decides tú.

Concluyo:

¿Pantallas sí o no? Pues ni sí ni no, o sí y no… la pregunta no es esa, la pregunta es ¿cómo preparamos a nuestros hijos para el mundo que surge tras la Revolución Tecnológica, es decir, para su mundo? Cómo, no con qué.

Desarrollando la respuesta a esa pregunta, explicando ese cómo, concluiremos fácilmente que aunque la tecnología nos facilita la vida hasta límites que no hubiésemos alcanzado a imaginar hace unos años y aunque sabemos que el uso de cualquier herramienta tecnológica requiere un aprendizaje, lo primero es preparar al niño, educar al ciudadano libre, y después que aprenda lo que tenga que aprender, lo que necesite aprender, lo que quiera aprender.

Dice Gregorio Luri, con no menos razón que Catherine Lecuyer, que en internet está todo salvo el criterio para desentrañar esa maraña de información y desinformación, el criterio o está en nosotros o no está ¿y qué es eso que Gregorio Luri llama criterio? Es lucidez, es saber y no es inaccesible para nadie, se llega a él a través de la educación si la educación es buena y una buena educación empieza por un trabajo muy serio y muy constante desde infantil hasta secundaria en lo básico empezando por la lectoescritura. ¿Qué pintan ahí las pantallas? Pintan lo mismo que un falso debate en educación, son un elemento de distracción que nos aleja de lo realmente importante y nos adentra en nuevos vacíos.

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