¿Ciudadanos digitales?

Haceos esta pregunta: ¿qué clase de jóvenes queréis que salgan del sistema educativo? No respondáis rápido y sin pensar, dadle una vuelta…

Cuando escribí Maleducados dediqué no poco espacio a explicar el modo en el que la ideología estaba permeando en la educación, la manera en la que sacamos a Dios de las escuelas afirmando, no sin cierta razón, que la religión pertenece al ámbito privado de las personas y no al educativo, y el modo en que ese espacio que deja la religión estaba siendo ocupado por otras doctrinas (no hay que olvidar que los vacíos siempre tienden a llenarse…); al llevar la ideología a las aulas lo que estamos haciendo es aglutinar a los niños alrededor de unas ideas determinadas que se les exponen como las buenas, correctas y reales, como las que deben tener, es decir, educamos a niños ecologistas, feministas, animalistas… en lugar de educar a los niños para que sean ellos, libremente y llegado el momento de su madurez, los que definan sus propias ideas.

Al permitir que la ideología penetre en las aulas estamos revirtiendo el camino educativo, recorriéndolo al revés: ponemos primero las ideas y luego pastoreamos a los niños hacia ellas en lugar de educar y formar a los niños, presentarles el mundo en el que viven y que luego sean ellos quienes elijan qué creer, qué defender… A poco que lo pienses te darás cuenta de que la diferencia entre un camino y otro es la misma que hay entre un esclavo y un ciudadano libre: como esclavo se te dice qué pensar y si te atreves a llevar la contraria eres negacionista… como ciudadano libre eres precisamente eso, libre de pensar lo que quieras.

Pues bien, hubo algo que se me escapó cuando escribí Maleducados… y es que no había visto, como veo en la actualidad, que ahora lo que se pretende hacer es educar a los futuros ciudadanos digitales; lo de educar ciudadanos libres no sé si es de fachas, de rancios o de qué… es demagogia dicen algunos incluso, la cosa es educar a los ciudadanos digitales del futuro (y que además sean bilingües o incluso trilingües salvo que vivan en Cataluña, el País Vasco o Galicia, ahí con que hablen catalán, euskera y gallego respectivamente es suficiente).

Me pregunto ¿a qué se refieren cuando hablan de educar a los futuros ciudadanos digitales? ¿a que aprendamos a vivir en una simulación al más puro estilo The Peripheral (una serie por lo demás la mar de entretenida)? ¿a que seamos funcionales como seres humanos para un nuevo mundo digital creado por nosotros mismos y a pesar de nosotros mismos? Divago… y divago porque trato de entender qué se busca aunque, ciertamente, me importa un bledo.

¿Y por qué me importa un bledo? Porque, y de eso sí hablo en Maleducados, la educación debe tener como finalidad educar ciudadanos libres SIEMPRE; ¿que no es lo mismo educar en la era digital y tecnológica que cuando las guerras se hacían con lanza? Claro que no y yo no defiendo que la educación sea monolítica e inflexible sino que su objetivo sea el correcto y que todo lo que hagamos en el ámbito educativo nos lleve a él porque si perdemos de vista ese objetivo, el de educar a ciudadanos libres, corremos el riesgo de educar borregos cuando no esclavos.

Un apunte más, uno al que me remito una y otra vez cual loro de repetición con la esperanza de que cale un poco (a modo de gota malaya…): además de esta peregrina idea de educar ciudadanos digitales (y llamarnos luditas a quienes nos negamos a tal cosa aunque no reneguemos de la tecnología tampoco en el ámbito educativo), veo que se mantiene con buena salud la tendencia general de animar, apoyar y empujar a los adolescentes hacia la práctica deportiva y a trabajar su nivel de inglés… ¿y cuál es el problema? Pensaréis, porque ciertamente ni la práctica deportiva ni estudiar o practicar inglés tienen nada de malo, más bien al contrario: lo malo no está en el deporte ni en el inglés sino en lo que falta junto al deporte y al inglés: si, como padres, pusiésemos el mismo empeño en que nuestros hijos participaran en actividades culturales de todo tipo (del cine y las series de TV o documentales al teatro pasando por los conciertos, los museos, las visitas turísticas…) y en que dediquen unos minutos (con 20 basta) de su día a la lectura, estaríamos dando un vuelco al mundo educativo sin tocar una coma de ninguna ley educativa… ¿por qué? Porque esas actividades son las que mantienen despierta la curiosidad de las mentes infantiles y juveniles y la curiosidad es el primer paso del proceso de aprendizaje que nos lleva al conocimiento, eso además de ir dejando un poso de saber en ellos que les permite tener referentes y referencias a los que sujetarse ante cualquier duda o temblor.

En cuanto a la lectura… mientras no seamos conscientes de la importancia de la comprensión lectora para comprender el mundo difícilmente aceptaremos la importancia de la lectura: entendemos y explicamos el mundo a través del lenguaje, no entendemos lo que no somos capaces de explicar… lo de que una imagen vale más que mil palabras es sólo cierto a veces, la realidad es que un niño de brillante mentalidad científica puede cargarse un examen de física por no entender el enunciado de un problema; el lenguaje, nuestra lengua materna, es esencial en el proceso de aprendizaje, cuando peor sea nuestro dominio de ella más pobre será nuestro nivel de aprendizaje; entender esto es entender que es tan importante (más, de hecho) convencer a tu adolescente de leer 20 minutos al día que de ir al gimnasio tres veces por semana (no, el deporte no es malo, tampoco comer manzanas pero no estamos hablando de eso…).

Vuelvo a la pregunta con la que empezaba este post: ¿qué clase de jóvenes queréis que salgan del sistema educativo? Si respondes ‘jóvenes felices’ o algo así… (vuelve a leer este artículo… o Maleducados) pero si no dudas y quieres que sean ciudadanos libres recuerda que la libertad se conquista, no es un bien tangible ni asegurado, se conquista cada día, se mantiene ejerciéndola y exige siempre un alto grado de responsabilidad. La otra opción es ser borregos… o a lo peor esclavos…

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