El trampantojo de la cultura.

La cultura… ¿qué es la cultura? Nadie respondería ‘no lo sé’ a esta pregunta porque todo el mundo sabe lo que es la cultura, cree saber lo que es la cultura o le importa un bledo la cultura… Y resulta que el mayor mal que padecemos, el del triunfo de la ignorancia por encima de todo arte, talento y saber, nace precisamente de ahí, de que no sabemos lo que es la cultura y, por tanto, estamos lejos de ver en ella la razón de ser de nuestra civilización y más lejos aún de pensar que defenderla es un deber cívico y moral (y lo es).

¿Por qué cuando se habla del mundo de la cultura se piensa antes en cine español y en la gala de los Premios Goya que en el mismo Goya o en Cervantes?‘ Esa pregunta, que lancé en Maleducados, viene muy al caso para hablar del trampantojo de la cultura, asumir que la premisa de la que parte es cierta (que el mundo de la cultura está en la gala de los Premios Goya o en el Benidorm Fest como deslizó Pedro Sánchez en una entrevista en La Sexta) demuestra que no tenemos, o no queremos tener, ni la más remota idea de lo que es la cultura y de lo que supone a para un pueblo.

Si digo que en la actualidad llamamos cultura a la ignorancia más falaz, es decir, que no hablamos de cultura sino de falsa cultura como explico en Maleducados, de un trampantojo de cultura, cabe que más de uno piense que exagero pero estos dos ejemplos, los dos acontecidos estos días y localizados sin necesidad de buscar mucho, demuestran que no exagero ni un poco:

Ana Belén con Jordi Évole

Escuchar a Ana Belén preguntar qué nos ha hecho a nosotros el comunismo resultaría enternecedor por el pequeño alarde de egoísmo infantil que destila el planteamiento sino fuera seguido por un recordatorio del daño que sí nos ha hecho el fascismo: a mi ninguno, nací cuando Franco estaba ya más muerto que vivo y para cuando murió yo acababa de aprender a hablar, a ella por su parte mucho daño tampoco debió hacerle porque triunfaba en Zampo y yo cuando el dictador estaba todavía bien acomodado en su sillón. Pero la cuestión no es a quién ni a cuantos han hecho daño el fascismo o el comunismo, la cuestión es que han hecho daño, que no han hecho otra cosa más que daño y blanquear uno legitima el blanqueamiento del otro.

Claro que la intención de Ana Belén no creo que sea blanquear nada, lo suyo es más bien poco saber, ignorancia pura e interés propio, el de posicionarse con el poder para poder trabajar porque desde el momento en el que cualquier ámbito social o cultural responde a unas ideas determinadas y sólo quien las defiende trabaja… el saber y la cultura mueren porque pueden más las ganas de comer y vivir bien. Alexeis Navalnys que antepongan la defensa de sus ideas al bienestar propio hasta poner en riesgo su propia vida hay muy pocos (no digo que tendría que haber más… a poco que todos ejerciésemos un mínimo de dignidad probablemente no harían falta).

Mercedes Milá, Santiago Segura y García Margallo con la comisaria Silvia Itxaurrondo

Si lo de Ana Belén con Jordi Évole nos dejó un ejemplo de la palmaria ignorancia que campa a sus anchas por eso que llamamos el mundo de la cultura, lo de Mercedes Milá con Margallo y ante la comisaria política Silvia Itxaurrondo es ya tan evidente que quien no lo vea será solo porque no lo quiere ver:

La Milá, como Ana Belén, se mantiene en línea con los postulados defendidos por el mundo de la cultura ¡Hernán Cortés el villano! y García Margallo, dato sobre dato, demuestra lo falsario de tal planteamiento, como lo demuestra también Nacho Cano en Malinche, los libros de Javier Santamarta, o Javier Rubio Donzé, o Pedro Insua, o Díaz Villanueva, o Iván Vélez o tantos otros. Pero… como quien oye llover; sucede que no importa lo que diga nadie, lo que no está dentro de las líneas marcadas ideológicamente a quienes quiere vivir de la cultura hoy en día ni se oye ni se escucha, como la lluvia, no es más que un repiqueteo de fondo, un poco molesto a veces, pero poco más… ¿y eso por qué? ¿Somos idiotas? ¿Cortos de entendederas? Nada más lejos de la realidad…

Eso sucede por dos razones: la primera es que hemos vaciado la escuela de contenido y la hemos llenado de dogmas y diversiones convirtiéndola en algo así como una iglesia del wokismo con sus dogmas y sin lecturas, saber ni memoria; el producto de esas escuelas es una sociedad ignorante de todo y por tanto capaz de escuchar y deglutir cualquier dogma debidamente presentado por un pastor de la iglesia wokista, un Sánchez cualquiera o un Trudeau o una Silvia Itxaurrondo entre otros muchos; la segunda razón es casi peor porque no se basa en la falta de herramientas ni saber para poner pie en pared frente a este despropósito sino la decisión de no hacerlo vaya usted a saber por qué…

Y por eso es tan importante la guerra cultural… no por defender unas u otras ideas sino por defender la cultura, por desenmascarar a la ignorancia que enarbola la bandera de la cultura como si fuera suya cuando no lo es, no puede serlo porque la ignorancia no es cultura sino su antónimo.

¿Y cómo se da la batalla cultural? No hace falta ser Juan Carlos Girauta ni Marcos de Quinto, aunque que ellos lo hagan ayuda, basta a veces con gestos tan sencillos como leer un libro, como asegurarte de que tus hijos leen un libro, con ver un documental de este o aquel asunto histórico, con documentarte bien y escuchar a quien sabe del asunto que fuera o fuese antes de sumarte a una causa como si fuera la vida en ello cuando lo que te va es la muerte porque la muerte de la cultura es la muerte de una civilización: enterrar a Shakespeare, a Goya y a Cervantes para subir a los altares culturales a Alba Flores, a Almodovar y a Marisa Paredes es sucumbir a la ignorancia, es ser cómplices de la caída de la civilización occidental, la más próspera para sus ciudadanos.

La verdad es que para dar la batalla cultural basta con preguntarse, y responderse con absoluta honestidad, ¿qué es la cultura?.

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Maleducados. Página 77: La falsa cultura…


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