Hábitos de lectura y compra de libros: el hábito no hace al monje pero sí al lector.

Hace pocas semanas nos desayunábamos con el informe PISA y sus preocupantes conclusiones: de comprensión lectora no sólo vamos mal sino que la tendencia es a peor; incluso ante esa certeza hubo quien siguió hablando de pantallas porque hoy en día la tendencia es que todos los males de la educación en particular y de la sociedad en general giran alrededor de las pantallas, como si la tecnología no hubiese supuesto nada bueno para la humanidad o como si fuese sólo cuestión de un curso de formación en digitalización lo que nos hace falta para paliar lo que han traído de malo las pantallas.

Ninguna de las teorías más ampliamente defendidas me convence, supongo que la razón es que pongo al individuo y su voluntad (o falta de ella) en el centro del problema y no a lo accesorio a él, por eso defiendo que el problema no es que los niveles de comprensión lectora sean bajos sino que no entendemos las consecuencias a las que nos abocan esos bajos niveles de comprensión lectora, como ya expliqué cuando hablé de la fatal importancia de la comprensión lectora.

¿Qué hacer para mejorar los niveles de comprensión lectora? La respuesta rápida, sencilla y directa sería ésta: leer. Una respuesta que aceptarán quienes ya leen y que lloverá por fuera a los que leen ¿por qué? Porque quienes no leen justifican el hecho de que no cojan un libro ni por despiste con cosas que suenan de lo más plausible pero que son manifiestamente falsas: por falta de tiempo dicen… pero curiosamente la región con un mayor porcentaje de lectores es esa en la que se vive más rápido, llegando tarde a todo, perdiendo el tiempo a mares en la M40… en Madrid, y regiones en las que supuestamente se goza más del slow life como Extremadura tiene el menor índice de lectura de España.

Claro que no todo el mundo se engaña a sí mismo, y a quienes se ocupan de preparar el barómetro de hábitos de lectura y compra de libros, los hay que confiesan que no es que no tengan tiempo sino que dedican su tiempo de ocio a otras actividades, es decir, equiparan la lectura a la práctica deportiva, a ir al cine, ver la televisión, jugar a videojuegos, salir a cenar…

Y es precisamente esa equiparación la que nos desvela la verdadera razón por la que no leemos o leemos tan poco: consideramos la lectura un pasatiempo más dándole mucha menos importancia de la que tiene para nuestro dominio del lenguaje y desempeño en la vida y le concedemos, a lo sumo, algún rato de nuestro tiempo de ocio; aceptado este planteamiento el ’no tengo tiempo’ o ‘prefiero hacer otras cosas en mi tiempo de ocio’ cobran sentido pero… ¿te imaginas diciendo que no tienes tiempo de cepillarte los dientes? Y no, la razón no es que cepillarte los dientes te lleve 3 minutos y leer media hora, la razón es que cepillarte los dientes es un hábito, algo que no te cuestionas, que haces casi sin pensar porque hubo un día en el que alguien se ocupó de inculcarte la importancia de cepillarte los dientes advirtiéndote de las dolorosas consecuencias de no hacerlo y asegurándose de que tras cada comida acababas en el baño con el cepillo de dientes en la boca. El hábito no hace al monje, dicen, pero lo que sí es seguro es que hace al lector.

La razón por la que leemos poco es porque no cultivamos un buen hábito de lectura, porque hemos perdido la sana costumbre de irnos a la cama con un libro o de llevarlo en el bolso cuando vamos a trabajar en transporte público, porque hemos dejado de llevar el libro a la playa o a la piscina, porque hemos permitido que las pantallas ocupen todos esos espacios… y léase que digo ‘hemos permitido’, no conozco ningún caso de ninguna pantalla secuestradora y terrorista que haya amenazado a su dueño con volarle la sesera si no le prestaba atención, somos nosotros los que permitimos que las pantallas se traguen nuestro tiempo de ocio y somos nosotros, más allá de lo adictivas que puedan ser las aplicaciones diseñadas para las pantallas, quienes podemos recuperar o incluso crearlo si nunca antes lo tuvimos, un buen hábito de lectura.

¿Cómo se crea un buen hábito de lectura? Buscando un rato muerto en tu día que puedas ocupar leyendo: dependerá de la vida de cada cual, de la planificación, organización y desorganización de nuestros días que el mejor momento y lugar para sacarnos de la chistera un rato para leer (con 20 minutos de los 1440 que tiene el día es suficiente) sea uno u otro pero hay un momento que es todo un clásico: la noche ¿eres de los que se va a la cama con el teléfono móvil? Cómprate un despertador, deja el móvil en la cómoda a los pies de la cama y coloca un libro en tu mesilla.

¿Y en los niños? En ellos es si cabe más sencillo… ¿O acaso no leías un cuento a tu hijo cuando se iba a dormir? Cabe que eso fuera hace ya mucho tiempo y de aquel hábito de irse a la cama con un cuento ya no quede nada, en ese caso, como padre o madre debes tenerlo claro: se puede negociar qué leer, se puede negociar cuándo y cuánto leer, no se puede negociar leer o no leer.

2 comentarios

  1. […] ¿Y cuáles son esos falsos debates en educación que nos despistan de lo importante? En la actualidad, y en mi opinión, son esencialmente cuatro: el bilingüismo (¿educación bilingüe sí o no?), las pantallas (¿digitalizamos la educación, empezando por los colegios, sí o no?), el deporte (que se usa como coartada para educar en valores (¿en qué valores?) despreciando la moral), y la lectura (tras la debacle en el infome PISA (¿de verdad es ese informe tan importante?) hablamos de lecturas (¿mejor que las lecturas obligatorias sean los clásicos u otro tipo de libros juveniles?) pero no de hábito de lectura cuando lo cierto es que el hábito no hace al monje pero sí al lector). […]

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