Buenismo y principio de realidad.

El buenismo, tan ampliamente defendido por quienes hacen del pensamiento positivo su lema de vida, es líquido y, cuando tiene fuerza, se comporta como el mar en pleno tsunami, es profundamente destructivo ¿por qué? Porque es ajeno a la realidad, porque no respeta el principio de realidad.

Y si ese buenismo fuerte combinado con la falta de respeto al principio de realidad se da en la infancia y la juventud, el daño se multiplica porque, a falta de verdad, la doctrina se impone sobre la educación (y educar no es adoctrinar, ahora bien, el único modo de imponer una visión del mundo que la realidad desmonta un día sí y otro también es obviar la educación y convertirla en adoctrinamiento).

Claro que para afrontar un problema no hay que empezar por buscar soluciones sino por entenderlo ¿qué es el buenismo y por que es ajeno al principio de realidad? Es ajeno al principio de realidad porque, si no lo fuera, no sería buenismo, sería algo mucho más cercano a la bondad. Pero empecemos por el principio…

El buenismo empieza por creer que todo el mundo es bueno y supone justificar todo acto malicioso como irremediable, como consecuencia de un mal mayor ajeno al ser humano: en según qué circunstancias todos seríamos violadores o ladrones; ese buenismo, tan igualitario él, tan ajeno a lo que la realidad demuestra como al libre albedrío del que disfruta el ser humano, convierte al yo, un yo igual a todos los demás yoes, en el centro del universo, en víctima de sus circunstancias, acreedor de infinitos de derechos, sin apenas responsabilidad sobre sí mismo y cuya razón vive sometida a sus emociones y sentimientos.

A partir de esa cosmovisión tan irreal como imposible, el hombre woke se presenta como creador de un mundo nuevo, un proyecto que consiste en convertir la realidad en lo que el yo descrito en el párrafo anterior necesita que la realidad sea. Pero del mismo modo que la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero, la realidad es la que es la miremos como la miremos, la pintemos del color que la pintemos, es la que es incluso aunque nos neguemos a verla y tratemos de esconderla bajo la alfombra.

Y la realidad no es buena ni es mala. Simplemente es. Y esto es lo importante, la realidad es aunque la ignoremos…

Tengo para mi que si seguimos ignorándola, si seguimos ahondando en este yoísmo absurdo en el que o eres víctima de otro o no eres nadie, estaremos llevándonos por delante el futuro de nuestros hijos y eso, será porque soy madre, es lo que más me preocupa.

El yoísmo en grado superlativo da como resultado jóvenes que creen que sus deseos y sentimientos son de facto sus derechos y que sus derechos están protegidos por ley ¿somos conscientes del despropósito? Por si no salta a la vista lo describo tal y como yo lo veo: el hombre woke, que es el aquejado de yoísmo en grado superlativo, agarra la hoz, el martillo, la cancelación y lo que haga falta para cincelar la realidad a la medida de sus deseos y sentimientos ignorando por sistema los de los demás y cree el hombre woke que así transformará la sociedad entera y construirá un mundo más justo y más bello, uno en el que cada uno será lo que quiera ser, no tendrá nada y será feliz… (o algo así).

El resultado de esta visión fantástica del mundo sólo puede ser uno y, mal que le pese a todos los creyentes de la religión woke, será el triunfo de la realidad sobre las construcciones fantásticas pero hasta llegar a ese punto, el de vivir con los pies en el suelo como vivíamos hasta hace no tantos años, habrá destrozos, habrá daño, habrá unos niveles de frustración insoportables porque el camino que va de pensar que puedes ser y conseguir lo que quieras a descubrir que la vida no será fácil de recorrer.

¿Y qué hacemos ante este desvarío? Asegurarnos de tener los pies plantados en el suelo y los ojos bien abiertos, pegarnos a la realidad como las lapas se pegan a las rocas y educar… que no es otra cosa que enseñar a los niños el valor del respeto al otro, sea el otro quien y como sea, y la importancia de la competencia lectora: un niño que no lee es como un deportista que no entrena, difícilmente podrá tener un desempeño notable.

No es tan difícil, es cansado, eso sí porque el buenismo y sus cosas, como decía al empezar, es líquido y constantemente sentimos su viscosa textura en la piel pero es precisamente esa falta de solidez la que lo hace especialmente inútil en el ámbito educativo, los niños necesitan guías, pautas, orientación… no fatua liquidez ni buenismo sentimental; el discurso buenista, el de todo es posible, todos podemos, sólo tienes que soñarlo muy fuerte y desearlo con ganas, es tu derecho, tú lo mereces… es de lo más atractivo porque promete mucho, lo promete todo de hecho, a cambio de nada, a cambio de un poco de fe en uno mismo, de pensamiento positivo… El problema es que los hechos están del lado de la realidad, no del de las promesas.

2 comentarios

Replica a ¡Vamos a morir todos! – UNA VUELTA AL MUNDO Cancelar la respuesta