La fatal importancia de la comprensión lectora.

El problema no es que los niños tengan una peor comprensión lectora de la que deberían tener, el problema es que no entendemos que eso sea un problema y no, no pretendo hacer un trabalenguas ni un silogismo incomprensible (se trata justamente de lo contrario, de que se entienda): que los niños tengan una baja comprensión lectora es malo, que no entendamos la gravedad de ese hecho es peor. Y por eso, porque hay que empezar por entender la necesidad de la comprensión lectora, hay que empezar por explicarlo:

El lenguaje es la principal herramienta que el ser humano utiliza para comunicarse; podemos hablar de comunicación no verbal y por supuesto también del valor de las imágenes (que sólo una de ellas vale más que mil palabras, dicen…) pero lo cierto es que cuando queremos comunicarnos, trasladar una información, pedir una cosa o explicar otra recurrimos al lenguaje, por eso aprendemos a hablar y por eso aprendemos a leer y a escribir, porque el lenguaje es una herramienta esencial para el ser humano.

Ahora bien, si los niños saben hablar y han aprendido a leer y escribir ¿dónde está el problema? En la comprensión lectora, que no se basa en que sepan o no leer sino en que entiendan lo que leen; la comprensión lectora, que es la capacidad de entender lo que se lee y es mejor cuanto mayor es el vocabulario que una persona maneja; la importancia de este punto es brutal porque afecta a todo el proceso de aprendizaje, incluso en edad infantil: un niño de 3 años que maneja un vocabulario de 1000 palabras cuenta con una base y una serie de herramientas para desarrollar su aprendizaje mayor que un niño que llega a primero de infantil con un vocabulario de 800 palabras; dicho de otro modo sencillo: cuanto mayor sea el vocabulario que maneja un niño, más fructífero será su proceso de aprendizaje.

Dado qu estamos hablando de niños que todavía no saben leer ¿de dónde sacan el vocabulario que manejan? ¿Por qué unos niños manejan más palabras que otros? La respuesta hay que buscarla en su entorno más cercano: los niños a los que se les habla de forma sencilla pero correcta y completa y los niños a los que se les leen cuentos y se les cuentan historias tienen un vocabulario mayor; su vocabulario no depende de ellos, depende más de sus padres y de su entorno que de nadie (por eso y no por otra cosa es cierto eso de que la meritocracia son los padres).

Durante la etapa de infantil esto no cambia demasiado: los niños van ampliando vocabulario ahora también en el colegio, lo hacen al escuchar a los adultos, al ver películas, dibujos animados… y por supuesto cuando se les leen cuentos e historias.

El proceso continua cuando aprenden a leer solo que entonces ya son ellos quienes leen e incrementan su vocabulario gracias a sus lecturas… o no. O no porque en muchos casos los padres llegan a la insostenible conclusión de que una vez que el niño ya sabe leer bien la lectura ya carece de importancia (ay! la falta importancia de la comprensión lectora…) de modo que esta tarea suele despistarse del día a día y los niños incrementan su vocabulario de modo mucho más lento del que deberían, de ahí sus problemas de comprensión lectora al llegar a la adolescencia. Y o no porque ahora se ha puesto de moda ‘adaptar’ las novelas, libros, historias… al nivel de los niños permitiéndoles así usar el vocabulario que manejan pero sin darles acceso a adquirir otro nuevo; cuando compramos libros para niños más nos valdría desconfiar de la edad recomendada que indica su portada o su contraportada y echar un ojo antes ¿un dato orientativo útil? Un niño puede entender un texto del que conozca el 90% de las palabras sin recurrir al diccionario, ese 10% adicional cuyo significado deduce por el contexto es el nuevo vocabulario que amplía el suyo.

Dado que ya sabemos cómo se fragua la comprensión lectora (en la más tierna infancia), sabemos también como se revierte el desastre: leyendo. La única cura posible para una baja comprensión lectora es la lectura; hay que leer no porque nos haga más listos, porque vayamos a ser eruditos ni sabios ni porque vayamos a aprender latín leyendo a Homero, hay que leer para ampliar nuestro vocabulario y con él nuestra comprensión lectora porque lo que subyace a una mala comprensión lectora es una mala comprensión del lenguaje, y habíamos dicho ya que el lenguaje es nuestra principal herramienta de comunicación…

Y si somos conscientes de la importancia del lenguaje, tan conscientes somos que nos preocupamos porque nuestros hijos aprendan una segunda e incluso una tercera lengua, ¿por qué nos ocupamos tan poco de que dominen la suya propia? Porque creemos que lo hacen, porque creemos que lo hacemos… y no es cierto: en muchas ocasiones los problemas que tienen los adolescentes para resolver un problema de matemáticas o de física no está en la física ni en la matemática, está en que les cuesta entender el enunciado; cuando nos quejamos de que no entendemos un informe médico no es que porque la letra del médico sea un jeroglífico egipcio (ahora te lo dan escrito en perfecta letra de imprenta), es porque tenemos mala comprensión lectora y, a lo peor, porque quien ha escrito el informe sufre la misma carencia y por tanto también dificultades para expresarse con corrección.

Tener mala comprensión lectora nos impide leer textos complejos (o no tan complejos), nos limita, nos impide incluso leer y entender las noticias del periódico… o del telediario; tener mala comprensión lectora nos acaba llevando a tener una comprensión muy limitada del mundo en que vivimos no tanto porque sepamos poco (que también) sino porque entendemos menos.

La frase más dura que he oído respecto a la comprensión lectora es una que se convierte en un misil contra la línea de flotación de la educación de nuestros hijos: ‘es normal que no lean, tienen otros intereses, nosotros es que no teníamos otra cosa…‘. No. No es normal que no lean e importa poco si tienen otros intereses o ninguno, la comprensión lectora no es una opción y por tanto la lectura es una obligación: se puede negociar qué leer, cuánto leer, cuándo leer pero no se puede aceptar que no se lea.

El informe PISA demuestra que la simplificación de las lecturas y su reducción casi a la nada lleva a la pérdida de comprensión lectora a marchas forzadas ¿preocupante? ¡Mucho! y a la vez muy poco ¿por qué? Porque lograr que nuestros hijos mejoren su comprensión lectora depende de nosotros, de los padres, no importa si el gobierno nos impone leyes educativas desastrosas, si los profesores se fajan en el asunto de la lectura o no, los padres podemos y debemos imponer un rato de lectura diaria.

Un consejo: el rato de lectura diaria debe ser la única imposición: si ese rato es cuando los niños y adolescentes se van a la cama o por la tarde lo pueden decidir ellos y también pueden decidir ellos qué leer, no importa si son cuentos, cómics o las novelas de Harry Potter, el caso es que comiencen a hacer suyo el hábito de leer, ya habrá tiempo después para ir recomendando libros, algo que debe hacerse siempre prestando mucha atención a los gustos e intereses de los niños para que el libro que leen les satisfaga estén siempre más cerca de querer leer una hoja más en lugar de leer una hoja menos (o tirar el libro por la ventana…).

Conclusión: el lenguaje es la herramienta que usamos para comunicarnos y entendernos, para acceder al conocimiento, para entender el mundo… y por eso la comprensión lectora es esencial, es una competencia básica e irrenunciable, es la llave que abre puertas que de otro modo permanecerán cerradas para siempre. No te convenzas (ni te dejes convencer) de que no importa que tu hijo no lea el Quijote, que se puede vivir muy bien sin leerlo (y sin visitar el Museo del Prado, añadiría yo…), recuerda que la comprensión lectora no es necesaria para entender al Ingenioso Hidalgo ni a su realista compañero Sancho, es necesaria para entender la explicación de una formulación química o de un teorema de física, para leer con fluidez un tema de historia o filosofía y para entender las noticias del día, un informe médico o las instrucciones de la lavadora.

2 comentarios

  1. […] Ninguna de las teorías más ampliamente defendidas me convence, supongo que la razón es que pongo al individuo y su voluntad (o falta de ella) en el centro del problema y no a lo accesorio a él, por eso defiendo que el problema no es que los niveles de comprensión lectora sean bajos sino que no entendemos las consecuencias a las que nos abocan esos bajos niveles de comprensión lectora, como ya expliqué cuando hablé de la fatal importancia de la comprensión lectora. […]

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