El fin de semana del 7 y 8 de octubre ha resultado ser tristemente clarificador no tanto por los sucesos que harán que estos días queden escritos en los libros de historia, que también, sino porque sólo los ciegos que lo son porque no quieren ver, los que van por la vida con orejeras y antifaz para vivir dormidos, pueden permanecer ajenos a la realidad que vivimos.
Cuando, en tiempos de paz tensa o a duras penas sostenida, tenemos noticia de ataques palestinos en Israel y contundentes acciones defensivas israelíes podemos entretenernos discutiendo si el pobre palestino que tiraba piedras lo hacía porque tenía hambre y si los soldados israelíes se excedieron o no en el uso de la fuerza y digo que podemos entretenernos en esas discusiones porque eso, a lo sumo, es lo que hacemos, los hay que ni llegan a tanto, sólo defienden los postulados del líder político o del partido político que han decidido que es el suyo, sin más.
Pero cuando no hablamos de conatos de violencia sino de un ataque terrorista sin precedentes (permitidme que insista: un ataque terrorista sin precedentes, que me rebotan ya en la cabeza las piruetas de tanto periodista equidistante tratando de omitir la palabra terrorista…), la cosa cambia y cambia porque no hablamos de un niño que tiraba piedras vaya usted a saber por qué, hablamos del asesinato de civiles, del secuestro y violación de mujeres, de la exposición de su cuerpo como si fuesen trofeos de caza… hablamos de barbarie y, ante la barbarie ¿todavía tendremos el valor de criticar a quien se defiende? Como dijo en una ocasión Arturo Pérez Reverte, la violencia está mal… hasta que la necesitas para defenderte.
Pero no seré yo quien haga un alegato en defensa de Israel, no porque no lo merezcan, sino porque merecen que lo hagan quienes tienen conocimientos tanto históricos como de geopolítica más profundos que los míos que son más de ‘andar por casa’ y a eso voy, a andar por casa porque fue aquí, en España, donde la izquierda ha dejado claro de qué va, no es la primera vez que lo hacen, por supuesto, pero este fin de semana han confluido, y no precisamente en el metaverso sino en la realidad en que vivimos, su posición a favor de la barbarie en Israel… y en España:
La izquierda radical española, dícese que feminista, calla ante las agresiones a mujeres en Irán y ante la designación de una de las luchadoras iraníes por la libertad de las mujeres como nuevo Premio Nobel de la Paz (Narges Mohammadi); calla ante el secuestro y violación de mujeres en Israel hacia la franja de Gaza, calla ante la vejación y exposición de sus cuerpos… y habla a favor de los terroristas de Hamas del mismo modo que defiende implícita y a veces incluso explícitamente, el sometimiento de las mujeres a través del velo islámico:


Lo del gusto de la extrema izquierda (extrema izquierda hay que decirlo más…) por la barbarie (porque ETA es barbarie) en Galicia lo sabíamos hace tiempo, cuando nadie dudaba de que ETA era una banda terrorista a la que había que derrotar y veíamos al BNG invitarlos al día de Galicia; ahora parece que no está tan claro, algo que es consecuencia directa del indigno blanqueamiento que se ha hecho del entorno de ETA a pesar de su falta de colaboración con la justicia para aclarar los más de 300 asesinatos pendientes de resolver; y si ya no le ponemos a los terroristas (no existen los ex-terroristas como no pueden existir los ex-asesinos porque, dado que los muertos no vuelven, quienes los mataron no pueden dejar de ser lo que son) la etiqueta de bárbaros ¿cómo vamos a ponérsela a una banda de ladrones que no mataron a nadie, que sólo robaron a manos llenas y declararon la independencia de su región, al tiempo que la arruinaban, durante unos segundos?
Claro que la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero (uso mucho esta frase, lo sé, pero en tiempos líquidos en los que se imponen los relatos a la realidad hay que repetirla tanto como sea posible) y, por si acaso la verdad tuviera la desfachatez de revelarse (o de verse revelada por alguien no cancelado a tiempo, que todo puede ser) la izquierda insiste en sus cuentos de ciencia ficción que no van sólo de cohetes sino también de tergiversar la historia de maneras inimaginables ¿cómo no vamos a perdonar una declaración de independencia que duró unos segundos si perdonamos el golpe de estado de Tejero? No es que lo piensen o lo digan, es que lo escriben… lo hacen obviando que nadie perdonó, indultó ni mucho menos amnistió a Tejero. Lo hilarante del asunto es que si Tejero en lugar de ser un Guardia Civil hubiera sido un Puigdemont cualquiera dirían ¿¡cómo no vamos a perdonarle si sólo pegó 4 tiros al techo del Congreso?!.
En momentos de mucha calma y mucha paz podemos permitirnos estos alardes de ignorancia y sectarismo, podemos tomárnoslos a broma o rebatirlos como corresponde, podemos silbar mirando al horizonte con o sin vistas al mar y jugar a la equidistancia; pero en tiempos en los que los bárbaros actúan como bárbaros, en tiempos en los que incluso quienes no actúan como tales defienden sus actos sin pudor y se arrogan además el poder de dictar sentencia sobre hechos pasados pasando por encima de la ley (eso es exactamente lo que hace la amnistía), en esos tiempos nos toca dejar la equidistancia en el cajón, ser conscientes de que la escala de grises se nos ha ido a blanco y negro y elegir entre civilización o barbarie, entre justicia o amnistía: nos toca elegir entre estar con las madres y padres que sufren el secuestro y asesinato de sus hijos además de la vejación de sus cuerpos o con sus asesinos, nos toca estar con las víctimas de ETA y del secesionismo catalán o contra los verdaderos opresores que eran los del tiro en la nuca y son los de la policía lingüística en el patio del colegio.
Y no es una decisión instrascendente, es la misma decisión que tuvimos que tomar cuando salimos a la calle tratando de salvar la vida de Miguel Ángel Blanco y gritándole a ETA ‘NO’, la misma decisión que tomamos cuando llenamos la calles en Barcelona primero sin Borrell y luego con él gritando Puigdemont a prisión, exactamente la misma, la única diferencia es que entonces una parte de la izquierda estaba con la civilización y la justicia ¿dónde está hoy el PSOE? Y lo que es más importante ¿dónde estás tú?.
Civilización o barbarie. Amnistía o justicia. No es tan difícil…
La verdad es que nos sobran los motivos para ser pesimistas hoy en día y en España pero, tras años ejerciendo como periodista de estilo de vida, descubro con asombro que los pantalones rotos han desaparecido del mercado, recorro tienda tras tienda, reviso campaña tras campaña y los veo reducidos a la anécdota cuando no desaparecidos ¿será un signo del regreso de la civilización perdida en un mar de diseños que destruían el concepto de belleza que heredamos de los griegos? Quien sabe, quizá Occidente esté despertando y se niegue a sucumbir a la barbarie… tal vez… En todo caso el futuro de Occidente, ni el de España, lo va a decidir ninguna élite ni poder político en particular, lo decidimos cada uno de nosotros cada día cuando elegimos entre civilización o barbarie, realidad o relato, progreso o decrecimiento, justicia o amnistía…
[…] la disyuntiva civilización o barbarie y por eso, porque tal vez nos veamos abocados a elegir entre civilización y barbarie, resulta esencial entender qué es lo uno, qué es lo otro y dónde se quiere estar; curiosamente […]
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[…] fiesta y su celebración? ¿recordáis su barbarie? Escribí entonces un artículo así titulado: civilización o barbarie; y ahora vuelvo sobre lo mismo porque si no entendemos ésto que nos dice Masha Gabriel, no […]
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[…] un poco acerca de lo que dio de sí el año 2024 me he visto contraponiendo, de nuevo, la civilización y la barbarie; vaya por delante que soy consciente de que hablar en esos términos supone alejarse unos pasos de […]
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[…] leyes de la propaganda de Goebbles, menos civilizados seremos nosotros y, si hay que elegir entre civilización o barbarie, no deberíamos tener dudas: elegir progreso es elegir civilización y el camino más seguro hacia […]
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[…] como nos quieren hacer creer, es lo opuesto a lo racional y es por tanto lo que nos aleja de la civilización y nos acerca a la barbarie: ¿cómo es posible que alguien que se reconoce homosexual, transexual o […]
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