¡Es la educación, idiotas!

Dicho sea con todo cariño… tómenselo como una mera interjección, un modo de llamar su atención: no es que sean ustedes idiotas sino que les toman por ello… porque actúan como si lo fueran ¿por qué digo ésto? No se me ofendan y déjenme que me explique:

Repasemos los acontecimientos más comentados en las últimas horas: una señora de Podemos le mete un dedo en el ojo (metafóricamente hablando) a una señora de VOX, esa señora de VOX se niega a dar la mano a otra señora de Podemos y un señor del PSOE, en el pleno de su Ayuntamiento, acaba dando tres cachetes (literalmente) al alcalde.

Sucedieron más cosas, por supuesto, entre ellas un canutazo de un señor del PNV muy ofendido porque se le mete en el mismo saco que a Bildu cuando lo cierto es que el PNV, desde la moción de censura que apoyaron contra un presidente de gobierno del PP (de infausto recuerdo, por cierto), chapotea en el mismo charco que Bildu ¿incomprensible? En el mundo real sí, lo es, pero en Narnia, que debe ser el destino del cohete del que hablaba una señora de Sumar, no; porque allí, como sucede en El Mundo Feliz de Huxley, en 1984 de Orwell o en Farenheit 451 de Bradbury el relato es el verdadero constructor de realidades, realidades distópicas por supuesto, pero en las que, si se llevan unas orejeras bien grandes y un antifaz, se sobrevive pensando que se vive libre.

Pasaron más cosas, decía, cosas como que un ciudadano llamó chulo a un diputado en un tren y éste, para demostrar su poca chulería, llamó a las fuerzas del orden e impidió que el tren saliera a su hora para que cambiaran de vagón al ciudadano que le había llamado chulo… pero volvamos a los tres ejemplos primeros y ahondemos un poco:

De lo de la señora de Podemos nadie dice nada (como si lo natural fuera llegar a un acto al que acudes como ministra e ir directa a molestar a tu anfitrión porque no-sé-cuándo te dijo no-sé-qué… de patio de colegio la cosa); lo de la señora de VOX le ha parecido a muchos, entre los que me incluyo, una insoportable falta de educación y lo del señor de los cachetes le ha costado el puesto a su ejecutor a pesar de ser íntimo del presidente de su partido y del país; pero de lo que nadie habla es del caldo de cultivo común del que nacen estos comportamientos maleducados ni mucho menos de sus consecuencias.

No me entretendré en hablar del caldo de cultivo porque lo he hecho con el detenimiento debido en ‘Maleducados‘, la clave, queridos, está en la falta de respeto: cuando se admite, ya sea como gesto político o de marketing, cualquier acción que implique la falta de respeto al otro, a uno mismo o al cargo que se ostenta y a quien se representa, lo civilizado para a ser incivilizado y eso tiene consecuencias ¿cómo no va a tenerlas que dejemos de portarnos como personas civilizadas y lo hagamos cada vez más y con más ganas como bárbaros?. Lo justificamos desde la superioridad moral y siempre desde un bando, siempre desde la demonización del que piensa distinto… Así nos llevaron a una guerra civil hace menos de un siglo.

Las consecuencias son lo realmente importante porque lo cierto es que, como sucede con todo lo relativo a la educación, tienden a disolverse en un éter que se define como ‘no pasa nada’; pues bien, en el día de ayer descubrimos que, tal vez, sí pase algo: las cachetadas del concejal al alcalde no se producen como un hecho aislado ejecutado por un tipo alterado, se producen en un momento en el que hemos visto a su partido en actitud chulesca y macarril por partida doble y aquí sí voy a poner nombres: el señor Puente en la tribuna del Congreso y el señor López en rueda de prensa también en el Congreso; ellos marcaron el tono, su partido aplaudió y al día siguiente su concejal cacheteó al alcalde.

La mala educación, que se demuestra en la falta de respeto constante que ejercen tantos representantes políticos con la connivencia de los demás, tiene consecuencias y no son menores: Antonio Escohotado lo explicó con meridiana claridad, un país no es rico porque tenga diamantes, es rico porque tiene educación; cuando se tiene educación se cuenta con la herramienta esencial para progresar en la vida, cuando se carece de ella o se hunde uno en el fango o se progresa recurriendo a otras herramientas (la violencia es una de ellas pero no la única).

Al final del día vimos como las cachetadas le costaron el puesto al concejal porque así se lo exigió el líder de su partido en su región; no sé si se trata de una pequeña disidencia respecto al tono macarra de falta de respeto y demonización constante del otro o si alguien ha empezado a darse cuenta de que al seguir subiendo el tono se pasa de la falta de respeto a la violencia verbal, de ella a la amenaza física ¿siguiente paso? Es evidente…

Me consta que hay quien temía que gobernara el odio si llegaba VOX al poder y yo me pregunto ¿no vemos al odio gobernando cuando habla Bildu o cuando habla gente como Puente o López o cuando, hable quien hable, se define como extrema derecha o derecha extrema a todo lo que no es izquierda?.

Y no, queridos, no, no es política; eso es lo que quieren que penséis, es lo que consiguen que penséis y por eso os he interpelado de modo tan directo en el título de este artículo, no es política, es educación; la falta de respeto no es un gesto, no puede ni debe serlo jamás, la falta de respeto es la demostración más evidente de los problemas educativos que padecemos; empecemos a exigir respeto, dejemos de pensar que sólo los que piensan como nosotros tienen razón, quitémonos las orejeras y descubramos con quién tratan de hacernos conniventes, despertemos de este wokismo líquido en el que vivimos construyendo un mundo a la medida de vaya usted a saber quien a base de borrar todo lo que nos molesta, quedémonos con la transición y demos una patada en el culo a quienes quieren destruirla y llevarnos de vuelta a los años más oscuros del siglo pasado.

Es la educación, queridos, es la educación; la prosperidad se nos va por el desagüe de la mala educación y el único modo de recuperarla es recuperar antes las buenas formas y el respeto a los demás y a nosotros mismos, exigírnoslo y exigirlo a los demás. Estamos a tiempo… pero no hay tiempo que perder.

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