Permítanme que me presente: si fuera más flamenca empezaría con un ‘yo soy esa’ pero los de Ferrolterra de flamencos tenemos poco, somos más de llevar la procesión por dentro y sacarla a la calle sólo en Semana Santa y otras fiestas de guardar así que me dejaré de circunloquios e iré al grano: soy Berta Rivera, casi filóloga y profesora de inglés (por estudios lo soy, por profesión no), casi periodista (por estudios no lo soy, por profesión sí), secretaria de dirección (eso sí, con todas las de la ley, por estudios y profesión) y ¿escritora? Esa palabra es tan grande y la llevan tantos a los que he leído, leo y leeré con admiración que me cuesta aplicármela pero lo cierto es que he publicado mi primer libro, un ensayo pequeño y directo que se titula Maleducados y que es algo así como una autopsia de la educación zombie que padecemos.

No soy médica pero sí madre, que diría aquella, y llevo casi tantos años viviendo en Madrid como los que viví en Galicia ahora bien, salvo errata noble al más puro estilo de Rosalía de Castro, me abstengo del leísmo y del laísmo y de cambiar la s por la jota en la tercera persona de indicativo del verbo ser (ej que…); soy una gallega rara, desarraigada (más pájaro que árbol) o, como decía mi abuelo, una ‘pataca ventureira’ que son las que crecen a su aire allí donde nadie las espera; ¿volverás a Galicia? (me pregunto así, con buen tono, como le preguntan a todos los madrileños por el mundo que salen contando su vida por televisión) y me respondo: de visita sí, claro, pero a vivir… qué quieren que les diga, a mi Madrid no me mata, a mi me da la vida.
Me gusta pasear por la Cuesta de Moyano y la sonrisa del librero viejo, dejar que los pies vayan solos callejeando por el Barrio de las Letras y descubrir los lugares que huelen a historia y a literatura, seguro que hubiera sido feliz en París, como Hemingway, Fitzgerald y otros chicos del montón, o en Roma y su ser de ciudad vieja, en el Londres de Virginia Woolf o en el Bath de Jane Austen pero la luz de Madrid y el ambiente de ciudad vital, cultural y enérgica te envuelve con el abrazo del oso (y el madroño) y cuando te quieres dar cuenta marcharte ya no es una opción, ni para volver por donde viniste ni para irte todavía más lejos.
No tengo nada de bruja ni de meiga aunque a veces vivo en las nubes, lo hago sin separar los pies del suelo (no me dirán que no es meritoria la cosa…)
Soy de las que no le pierden la cara a la vida jamás y guardan los cuentos, los relatos y las historias para el ocio, el esparcimiento y la literatura y es que eso de que la vida es muy corta y tan preciosa como cruel lo aprendí cuando todavía contaba los años con los dedos de las manos; es una lección difícil, para que engañarnos, más cuando la vida te la da demasiado pronto pero es también la más útil de todas, la que te hace respetar la vida con la misma pasión que ansías gozarla (ahora podría decir, como diría aquel torero, que la vida es como un toro… pero recuerden que no soy flamenca, tampoco taurina).
Que soy madre ya lo he dicho ¿verdad? ¡es que es lo más importante! También que soy de letras, de las del plan antiguo, cuando Bolonia era la ciudad italiana de las torres más que un plan universitario; lo mío es la lengua y la literatura, especialmente la literatura en inglés; sí, soy anglófila en lo cultural, me gusta la literatura inglesa y la americana, también el aire liberal de lo anglo hasta que las universidades americanas parieron un engendro (el wokismo) pero no se me vayan a confundir, también sé que la Hispanidad es un legado que no sólo mira de frente y a la cara al Imperio Inglés, le saca los colores en muchos aspectos.
Ya estoy divagando, y miren que dije apenas empezar que iba a ir al grano… pero es que poco más hay que decir, con lo ya dicho me doy por presentada y les abro la puerta de mi casa que es el blog en el que siempre digo lo que pienso después de haber pensado lo que voy a decir.
https://www.linkedin.com/in/bertarivera/
https://www.facebook.com/berta.rivera.74
https://www.instagram.com/berta_rivera/