¡Es la corrupción, idiotas!

¿Entenderemos por fin el precio que pagamos por la corrupción? Y no me refiero a la corrupción en la que chapotean y se lucran los políticos del momento, no, me refiero a la corrupción de una sociedad entre cuyos miembros abundan los que no quieren acabar con la corrupción política sino ser ellos quienes chapoteen y se lucren de ella; ahí está el auténtico problema, el auténtico sostén de la corrupción política es la corrupción social. Hablemos de ambas, de cada una en sus términos.

Corrupción social

La corrupción social es la ignorancia, es el analfabetismo funcional (el que pudiendo leer no lee, el que pudiendo aprender no aprende), es la ceguera voluntaria, es el socialismo de izquierda a derecha, es el amiguismo, es el ‘hay que tener padrino’, es el desprestigio del mérito, es el desprecio del saber, es el ‘quítate tú que ya me pongo yo’, es la plaza pública creada a medida, es el funcionario que, superada la oposición, a vivir, es promocionar hasta llegar al nivel de incompetencia e instalarse en él, es la titulitis, la apariencia, la desidia, la vagancia, es el desprecio del esfuerzo, de la libertad y de la responsabilidad y es el ‘total que más da, son corruptos todos…’.

¡Menudo cuadro nos he pintado eh! ¡Nos he hecho un traje! Y no, no es para tanto… o no lo era hasta que quienes encajan con alguna de las categorías listadas en el párrafo anterior fueron demasiados ¿y por qué sucedió eso? Ya os lo digo yo: por la mala educación, así de sencillo y así de terrible porque años de mala educación no se revierten en dos días, porque para recuperar la fibra moral que hemos perdido necesitamos primero recuperar la educación y ya estamos perdiendo la inercia que hacía que, mal que bien, todo fuera funcionando. Vienen tiempos duros y no por los políticos y la política, que también, sino por nosotros.

No debemos permitir que sigan corrompiéndonos, no debemos permitir que la prisa y el miedo nos despisten y nos lleven a tomar atajos que llevan a ninguna parte o incluso a infiernos peores, nos toca poner los pies en el suelo, ver la triste realidad que nos hemos dado y reconstruir desde los cimientos ¿por donde empezar? Empecemos por hacer cada uno lo que pensemos que debe ser hecho, lo que pensemos que debemos hacer, continuemos por decir a nuestros hijos y a quien quiera y pueda oírnos que la vida va de hacer lo que debe hacerse, de hacer lo que crees que debes hacer y no de otra cosa y entendamos de una buena vez que quien hace lo que cree que es lo correcto (lo que cree que debe hacer) no es un héroe sino un ciudadano civilizado y quien hace lo contrario, es decir, quien hace lo que le conviene importándole un bledo su deber y los demás, es un villano. Y estaría bien que, además, exigiésemos a nuestros políticos, si tiene que ser vía huelga o manifestación que así sea, que saquen sus sucias zarpas de los puestos técnicos y de lo que no les compete (también de la justicia, sí) y que se aseguren de que a tales cargos llegan los más capacitados para ocuparlos.

Solo con eso ya vamos a estar un tiempo entretenidos pero en esa tarea está nuestra recomposición moral, está nuestro seguir siendo civilizados; si optamos por seguir a los propagandistas y activistas de turno y por envolvernos en las banderas que éstos ondeen… entonces estaremos cavando bajo nuestros pies o tirándonos por un barranco (elegid la metáfora que más gráfica y clara os resulte).

Corrupción política

El término ‘corrupción política’ nos suena en cierto modo ajeno y no solo porque no somos políticos sino porque de algún modo hemos disociado la gestión de lo público de la política: de algún modo no, empezamos a hacerlo cuando Pablo Iglesias apeló a la emoción más baja de todas, el odio, diciendo aquello de que lo personal es político y convertimos el Congreso en un show al estilo Sálvame… a partir de ahí olvidamos que esos tipos son los que nos cobran impuestos y los gestionan y que cuando son corruptos no lo son solo por lo que se lleven de más al bolsillo sino por hacer mal su trabajo y eso ¡oh sorpresa! tiene consecuencias, no quizá a corto plazo, el sistema tiene su inercia, pero este gobierno lleva al mando ya varios años y los anteriores, aunque no parece que hayan llegado a las cotas de corrupción que alcanza este, también tuvieron lo suyo.

Llevamos mucho tiempo sin valorar en su justa medida el precio de la corrupción, nos quedábamos en los dineros que desaparecían, en las mordidas de unos u otros, en el 3%, en las bolsas de billetes camino de Andorra o en las cuentas en Suiza o en la República Dominicana; ¿cuántas veces se ha dicho que la corrupción no pasa factura, vía urnas, a la izquierda o que la mala gestión no pasa factura ni a los políticos ni a los funcionarios nunca jamás? Es ahí donde está la auténtica corrupción política, no solo en el dinero que se desvía sino en la mala gestión pero sucede que el dinero que se desvía se puede detectar no sé si al vuelo pero sí relativamente pronto en cambio, debido a que el sistema tiene su inercia, la mala gestión tarda más en revelarse, explicado con un ejemplo que viene muy al caso estos días: si reduces la inversión en una red ferroviaria en buen estado, a corto plazo no va a pasar nada porque, dado que está en buen estado, aguantará pero con el paso del tiempo el riesgo de que no aguante irá aumentando y si no corriges el presupuesto y vuelves a invertir más en mantenimiento pasará lo que ha pasado… llegarán los accidentes.

La corrupción política se paga, la factura tarda en llegar por aquello de la inercia del sistema pero llega y cuanto más tarde llegue mayor será el recargo: ya no podemos permitirnos tener al frente de la gestión pública a gente que cree que el dinero público no es de nadie, a gente que ha vivido y construido su carrera política con dinero sucio, procedente de la prostitución y el proxenetismo, a gente que no tiene ni idea del negociado que dirige ni de gestión pública, a activistas de salón, a mangantes de guante blanco, a los del 3% o del porcentaje que sea, a quienes se han lucrado políticamente del asesinato, a quienes destruyen la igualdad de todos ante la ley, a quienes quieren hundir el país para desguazarlo después, a quienes se afanan en la compra de votos por la vía que sea, a quienes mienten, a quienes envilecen la vida pública deshumanizando al que piensa distinto y amenazando… Están ahí porque les hemos permitido llegar hasta ahí y es responsabilidad de todos sacarlos de ahí porque la corrupción llegada a esos niveles, queridos, también tiene su inercia… ¿un ejemplo? Venezuela: el 80% de los votantes está con Edmundo González y María Corina Machado pero ¿quién ostenta el poder? Y no, no es por Trump (sin Trump sería Maduro en lugar de Delcy, tanto monta, monta tanto) es por la inercia del poder: del mismo modo que no se destruye una democracia en dos días (si es por la fuerza, con una guerra, lleva un tiempo y si es por la fuerza de las urnas, desmontando las instituciones o tomándolas colocando a los afines, lleva incluso más tiempo) tampoco se desmonta una dictadura en dos días y por la misma razón, la inercia del poder.

Conclusión

Hoy nos preocupa la corrupción política porque está más a la vista que nunca por la sencilla razón de que la inercia que hacía que todo funcionara ya se va perdiendo pero no nos desharemos de la corrupción política si antes no afrontamos una realidad incómoda: es la corrupción social la que ha permitido a la corrupción política campar a sus anchas y sí, desde la política, propaganda mediante, se ha trabajado arduamente en los últimos años para corromper más si cabe a la sociedad.

Podemos manifestarnos y hacer huelga, bien estará si se hace, pero eso solo servirá para frenar la corrupción política, no para desmantelarla, su desmantelamiento dependerá de que se reduzcan los niveles de corrupción social, de que hagamos cada uno a nuestro nivel y en nuestro ámbito lo que pensemos que debe hacerse, así de sencillo y así de duro, porque es duro ir por libre pero lo contrario es ser esclavos de la corrupción.

Y no estamos ya a tiempo de nada que no sea desmantelar la corrupción política a través del desmantelamiento de la corrupción social porque la corrupción política que está destruyendo nuestro país es la que se engarza con la corrupción social tal que así: poniendo al frente de los ministerios a perfectos incompetentes en la materia que tienen que gestionar, permitiendo que esos ministros nombren asesores a personas de su confianza que están tan capacitados para asesorarlos en la materia que gestionan como ellos mismos, y así vamos bajando hasta ir descubriendo CVs falsos y amigos por doquier, y así quienes son realmente competentes se van al sector privado, sino del país, porque aquí no tienen hueco…

Pensadlo, que están descarrilando cercanías, que se nos han muerto 42 personas en un accidente de alta velocidad y ¿quién lleva años al frente del MInisterio de Fomento? El PSOE, primero Ábalos, hoy en la cárcel por corrupción, con Koldo, el portero de puticlub, como asesor; Ábalos, sí, el que colocaba putas y sobrinas en ADIF con puestos creados a medidad ¿y después de Ábalos? Puente, el Ministro mamporrero y bloqueador en X que ha tenido la desfachatez de decir que el sindicato de maquinistas quiere ir la huelga por el estado emocional de los maquinistas (han muerto dos en tres días…).

¿Recordáis lo que pasó en Valencia? Olvidad el ruido y la furia de quienes, entonces sí, jugaron a politizar la tragedia: lo que pasó es que quienes tenían que gestionar la cosa no sabían cómo hacerlo (incapacitados para ocupar el puesto que ocupaban) y además no contaban con la información necesaria para hacerlo ¿por qué? Porque al frente de otras instituciones había otros tan incapacitados para lo suyo como ellos…

Después de tres años de Sanchismo (y no recuerdo cuántos de la nada Rajoyista y taitantos de vil Zapaterismo…) al sistema ya apenas le queda inercia, ya se le ven las costuras; como decía Olga Rusu hace poco en X, el mantenimiento es civilización (y si habéis estado en La Habana y habéis visto como se cae a pedazos sabéis que es así y si os habéis fijado en la casa de vuestros abuelos, perfectamente mantenida a lo largo de sus años arreglo tras arreglo, sabéis que es así…); ¿y entonces qué hacemos? Vuelvo a lo dicho, cada uno lo que considere que debe hacerse y debe hacer ¿que eso igual nos lleva a una huelga de maquinistas, otra de médicos, otra de profesores…? Pues si ha de ser así, que así sea (aunque debería llevarnos antes, opino, a unas elecciones generales), como ha dice Pedro Herrero, los españoles somos un pueblo de motines y levantamientos populares y, añado yo, lo somos porque somos cainitas y gregarios y por tanto nos entretenemos mucho entre nuestras pequeñas cuitas y envidias y también entre las cosas que hacemos bien pero ese entretenernos tanto llega un día que rebosa el vaso de la paciencia, un vaso que raro es que no haya rebosado ya; en realidad yo creo que ya lo ha hecho pero que la ocupación de todas las instituciones, incluidos los sindicatos, nos ha descabezado pero tengo para mi que llegará el día, que ya impacientes del todo, nos servirá de cabeza el que se ponga delante ya sean los maquinistas de renfe o el que antes y mejor se organice para decir ‘hasta aquí’.

Salto de unas cosas a otras, se me va la cabeza de una cosa a otra pero no es por dispersión, que también, es porque todo lo que nos pasa, todo, viene de la corrupción: de la corrupción social que ha permitido estos niveles de corrupción política y de la corrupción política que, por la cuenta que le trae, alimenta y mantiene la corrupción social.

¿Se entiende así la gravedad de la situación en la que estamos? ¿Se entiende así que la corrupción es el cáncer que nos corroe y nos acabará matando (entendiendo matar como convertirnos en un estado fallido)? Porque si no entendemos esto… no tenemos solución.

*Nota: iba a empezar el post con un ‘perdonadme el improperio’ porque no por manido es menos feo empezar llamándonos idiotas… pero he decidido no hacerlo porque no importa si me perdonáis o no, yo tengo que escribir lo que creo que debe escribirse, lo que creo que debo es escribir.

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