De los sesgos, la realidad y la opinión.

Todos tenemos sesgos porque todos somos lo que hemos visto, vivido, leído, aprendido… Nuestra opinión no se construye solo con realidades objetivas actuales sino con la huella que ha dejado en nosotros todo aquello que nos hace ser quienes somos y no otros. Por eso conviene tener siempre presente que toda opinión está trufada de sesgos y bien está que sea así porque en esos sesgos está también el saber de cada cual, lo que el que expone esa opinión ha aprendido a lo largo de su trayectoria vital.

¿Por qué tienen entonces tan mala prensa los sesgos? Porque no trufan solo la opinión, también la información.

Que un periodista escriba una columna de opinión exponiendo precisamente eso, su opinión, no tiene nada de particular, es más, no espera uno otra cosa cuando va a leer una columna de opinión que encontrarse con la opinión de quien la firma ¿sus sesgos? Forman parte de los cimientos de esa opinión. Otra cosa es que los sesgos (y no me refiero solo a los sesgos personales sino también a los profesionales, a eso que solíamos llamar línea editorial y que ahora nos cuesta tanto distinguir de ‘informar en función del poder político que sostiene al medio en cuestión‘). Eso sí es un problema, uno muy serio porque la opinión pública se forma a partir de la opinión publicada, entendiendo por opinión publicada no solo tal sección en los periódicos sino los periódicos enteros y lo que no son periódicos, todo lo publicado, también lo digital. Si lo publicado no responde a la realidad ¿qué podemos esperar? Nada bueno, me temo.

Recuerdo a Elon Musk hablando de la importancia del periodismo ciudadano y recuerdo a una periodista a la que respeto y admiro profundamente, Ketty Garat, echarle agua al vino y rebajar la importancia de ese periodismo ciudadano frente al auténtico periodismo. Curiosamente hoy pienso que ambos tienen razón: Elon Musk tiene razón al hablar de la gran importancia del periodismo ciudadano porque el periodismo de carnet está controlado por el poder político y económico (no a la inversa…) ¿cómo íbamos a enterarnos de lo que pasa en Irán si no fuera por los periodistas ciudadanos y los periodistas independientes que trabajan en esos términos? Estamos descubriendo que si se decreta un apagón informativo lo único que nos queda es el periodismo ciudadano y los periodistas independientes. Ahora bien, no le falta razón a Ketty Garat cuando defiende el valor del auténtico periodismo porque no hay periodismo ciudadano capaz de destapar, con pruebas y responsabilidad, tramas como las que ha destapado ella misma en The Objective. ¿Conclusión? Ahora que la crisis de los medios ha hecho que a veces parezcan más controlados que controladores del poder, necesitamos periodismo ciudadano y periodismo independiente, ambos.

¿Y qué tiene esto que ver con los sesgos? Todo.

Todo porque el periodismo controlado, el que responde a los apagones informativos callando o el que permite que los partidos políticos (algunos partidos políticos…) marquen la agenda informativa, no solo nos llega sesgado por quien ejerce ese control sino que busca las palancas que necesita para imponerse en los sesgos del público: un ejemplo muy claro lo vimos con el supuesto genocidio palestino ¿cómo vas a estar en contra de que se deje de masacrar a los pobres gazatíes? ¿cómo vas a estar en contra de la paz, del diálogo, del consenso…? Aunque ya entonces se le veían las costuras a los sesgos porque lo de la paz, el diálogo y el consenso encajaba regular con que Palestina fuera libre del río hasta el mar (una llamada al genocidio judío… otra vez).

La España democrática es un país socialdemócrata porque la han hecho así, primero el PSOE y después un PP acomodado a aquella socialdemocracia tanto como para esconder (sino renunciar a) su conservadurismo y no digamos ya al liberalismo (que es casi tan contrario al socialismo como a la socialdemocracia). Esos son nuestros sesgos como país y sobre eso cabalga la izquierda en dirección a ninguna parte, ellos creen que van más hacia la izquierda pero van hacia ninguna parte ¿por qué? Porque en su cabalgada han olvidado la importancia de los sesgos:

Iglesias fue el primero en reconocer la fluidez de los sesgos y habló, literalmente, de cabalgar contradicciones; Sánchez se sintió Trump cuando dijo aquello de que podía salir y pegar un tiro a alguien en la Quinta Avenida y que le seguían votando, Sánchez pensó que podía cambiar de opinión hasta el infinito y más allá y no pasaría nada, como pensó que podría conseguir que echaran a Alandete de El País sin que aquello tuviera como consecuencia, por ejemplo, que lo contratara ABC y que se convirtiera en el mejor corresponsal español en la actualidad, uno que además ha demostrado ser de la casta de Ketty Garat, de los que, más allá de sus sesgos, entiende que su responsabilidad es contar la verdad, no poner el titular que el político con poder quiere leer.

Sí, todos tenemos sesgos y precisamente por eso cuando quienes se acomodaban a nuestros sesgos, ya sean políticos (ese partido al que votábamos plácidamente elección tras elección porque ellos eran los nuestros) o medios de comunicación (ese periódico que comprábamos domingo tras domingo años atrás y al que estamos hoy suscritos porque nos cuenta la verdad tal y como la queremos leer, dando gusto a nuestros sesgos) dejan de hacerlo, dejan de encajar, nos inquietamos, nos revolvemos, tratamos de entender que pasa… y en ese intento por acomodarnos de nuevo en nuestra zona de confort descubrimos que nos mienten.

Algún que otro ejemplo: descubrimos que quienes se dicen feministas son puteros o han hecho fortuna con prostíbulos y saunas gays o callan vilmente ante la humillación y masacre de mujeres en países islámicos en general y en Irán en particular porque cobran de ahí; descubrimos también que quienes más declinan la palabra democracia son quienes más engarzados están con regímenes que son lo contrario a una democracia (con Venezuela, China, Irán…) y que quienes más utilizan la palabra ultraderecha son los que están más cerca de la ultraizquierda… Y entonces cabe que cojamos el antifaz de dormir a oscuras y nos lo pongamos para ir por la vida como ciegos voluntarios pero tal vez no hagamos tal cosa… quizá prefiramos abrir los ojos, aceptar que nos han engañado y mentido, que han usado nuestros sesgos contra nosotros mismos…

Las costuras de la izquierda patria están todas a la vista y quienes siguen en sus filas lo hacen con el cuchillo entre los dientes o el antifaz bien ajustado sobre los ojos (cuando no ambas cosas); el problema es que frente a ella hay demasiados socialdemócratas con carnet conservador que sueñan con la España que fue antes de que Zapatero empezar a deconstruirla (porque construir, lo que se dice construir, no hay construido nada) y Rajoy mantuviera la deconstrucción en stand bay en lugar de reconstruir lo roto hasta entonces.

Es la intensidad de nuestros sesgos lo que nos permite aceptar como feminista a alguien que se ha lucrado de la prostitución y a quienes le apoyan o a quien calla ante la lucha por su libertad de las mujeres iraníes; son esos mismos sesgos los que nos permiten mantener viva la memoria del Franco y silenciar la memoria del terrorismo de ETA o los que hacen que se hable constantemente del peligro de la ultraderecha y nunca del de la ultraizquierda.

Son nuestros sesgos, nuestra ignorancia y nuestro empeño por vivir en una zona de confort que ya no existe los que hacen que alguien que recuerda quién levantó el muro de Berlín, con qué fin y de qué lado a qué lado huía la población sea facha y nazi aunque los abogan por el genocidio de los judíos sean los otros…

Lo curioso es que en realidad solo hacen falta dos cosas para sacudirse la intensidad de los sesgos (que no los sesgos): un poquito de valor para aceptar que se ha estado equivocado (no hace falta mucho, en cuanto encuentras el justo para reconocer el primer error te sientes lo suficiente orgulloso de tu honestidad como darle más fuelle a ese valor y redecorar e incluso ampliar tu zona de confort) e interés y respeto por el saber, por saber, por la verdad…

Solo hay que anteponer el interés por la verdad al empeño por dar gusto a nuestros sesgos (sesgos que, por otra parte, pueden evolucionar, es más, lo hacen en función de nuestra experiencia vital).

Un comentario

  1. Un analisis muy cierto acerca del tema de la manipulacion y falsedades de informacion, que solo lleva a intereses altos y financieros que grupos de poder economico que no permiten a que la verdad nos haga libres.

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