La Navidad es bella (a pesar de todo).

La Navidad es bella y por eso tiene tantos amantes como detractores y es que, aunque cueste entenderlos, hay detractores de la belleza y la Navidad es bella…

La belleza estética de la Navidad es imponente porque no se trata sólo de que sea bella en sí misma sino que envuelve de belleza todo lo que toca: piensa en la postal invernal que quieras, será muy probablemente una postal navideña: cualquier pueblo o ciudad iluminado en diciembre, cualquier hogar con su árbol de Navidad, su espumillón, su belén… las estampas alpinas nevadas bajo las luces navideñas, el árbol de Navidad del Rockefeller Center o el de la Puerta del Sol, los mercadillos navideños, los pueblos de la Alsacia, escenas íntimas como las hermanas March (Mujercitas) junto a su chimenea…

Sí, lo sé, te vas a Madrid a disfrutar de la iluminación navideña y caminas abriéndote paso entre la muchedumbre (y eso sin que a nadie se le ocurra permitir una manifestación por la Puerta del Sol un sábado por la tarde, que también puede suceder para complicar la cosa todavía un poco más y afear el ambiente), colas para ver el Belén, colas para tomarte un chocolate con churros en San Ginés… y todo ello si has logrado aparcar claro pero ¿y lo bonita que está Madrid con sus luces? ¿y la carita de los niños ante tanta decoración y tanto rey mago? ¿y las de los turistas gozando un día de lo que tú puedes gozar todo el año? Keep calm… Y, oye, que esto es Madrid, si te supera la marabunta urbanita siempre puedes irte a otros lugares donde no llegan trenes, metros, autobuses y aviones llenos de visitantes que vaya si los hay… ¡y bien bonitos!.

Lo único imperdonable estos días, hablando de belleza estética, es precisamente su robo, que te pongan un belén protagonizado por los personajes de la patrulla canina como hizo alguna alcaldesa de infausto recuerdo (a la que le cayó tal avalancha de quejas y lamentos que el año siguiente montó una ciudad de la Navidad…); y no, no se trata de enfadarte porque intenten robarte la Navidad ni de que montes una cruzada contra el Grinch (que, por otra parte, es un personaje de lo más navideño aunque no lo sepa…), se trata de que no te dejes robar la belleza de la Navidad ¿que tus suegros o tus padres han perdido el espíritu navideño y por no poner no ponen ya ni un triste árbol de Navidad, no digamos un Belén? Pues regálales un belén en una bola de Navidad o una figura de árbol navideño de esas que van a pilas, plántate en su casa con un gorro de Papá Noel o una corona de Rey Mago, sé tú la belleza de la Navidad.

Y es que no solo se trata de belleza estética, la Navidad es bella porque es un canto a la ternura, a la bondad, a la infancia, a la maternidad y a la magia, piénsalo, la Navidad celebra el nacimiento de un niño, un niño recibido en el mundo entre el amor de sus padres y por tres Reyes Magos que le traen regalos e, inspirados en aquello, seamos creyentes, agnósticos, ateos o rebeldes sin causa, embellecemos nuestro hogar, nos reunimos con familia y amigos, hacemos regalos y montamos un show del quince porque ¡vienen los Reyes Magos! desde escribirles la carta, hasta verlos en las Cabalgatas y dormirnos pensando que van a visitar nuestro hogar…

La Navidad es bella porque es nostálgica, nostálgica, sí, no triste: ¿que echas de menos a alguien especialmente en estas fechas? ¡felicidades coño! has vivido, has amado, te han amado, has tenido cerca de ti a alguien el tiempo suficiente como para sentir nostalgia en su ausencia… Ahora bien, si echas más de menos a los que ya no están de lo que disfrutas de los que están, háztelo mirar… sal de tu puñetero ombligo, piensa más en hacer felices a los que te rodean que en que te hagan feliz a ti e igual la cosa cambia y, si no cambia o no eres capaz de hacer ese esfuerzo, tal vez tu problema sea otro, tal vez la Navidad solo te lo señale y seguro que tiene más que ver con cómo estás y te sientes tú que con la Navidad misma porque, querido, te guste o no, la Navidad es bella.

Que sí, que sí: que el que no tiene un cuñao tiene una suegra que mira tú, o unos sobrinos sin cuello como los de la gata sobre el tejado de zinc caliente o una hermana que se cree la Obregón o la Pedroche del momento e incluso peor, una Charo o un Narciso o un Cayetano o un señoro… y además están los padres primerizos que creen que su bebé es el niño Jesús mismo… Relájate, leche: cada cual es como es y, si no lo quieres como es, es que no lo quieres en absoluto: el único límite es el respeto, somos libres, todos, cada uno vive su vida como Dios le da a entender o como se le antoja, tú la tuya, los demás la suya, flow, relax, respect, enjoy… be water, my friend, fluye…

Que sí, que cuando la Navidad termina resoplas (yo también, a veces incluso antes de que termine, es más, a veces incluso antes de que empiece) ¡que ganas de acabar ya con tanta fiesta, tanta cena, tanta comida, tanta familia por un lado y por el otro, tanto turrón y tanto polvorón, que si roscón, pularda, gamba o mejillón… ¿hasta cuándo hay que felicitar el año nuevo? pero, curiosamente, quienes más ‘sufren’ la Navidad cuando tienen todo eso (familia, amigos, niños, comidas, cenas, vida social…) son los que más nostalgia sienten por ella años después, cuando la familia mengua, los amigos están ocupados con su propia vida, las comidas son las justas y las cenas sólo las de guardar… así que tengo para mi que en realidad los que no disfrutan de la Navidad son los que, simplemente, no saben o no entienden que la Navidad es bella y, como no lo saben o no lo entienden, no se dejan abrazar por esa belleza y en lugar de gozar de lo bello y lo triste, que decía Kawabata, procesionan de fiesta en fiesta como Cristo de estación en estación por el camino del calvario.

No te dejes llevar por los penitentes de la Navidad, ilumina tu hogar y tus días, decora tu refugio, compra regalos aunque sean pocos y baratos, envuélvelos bonitos, ponles lazos y propónte disfrutar de cada día porque la Navidad es bella y no está el mundo para desperdiciar ni un ápice de belleza.

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