Habrá que redefinir el conocimiento inútil.

Que el conocimiento inútil era cualquier cosa menos inútil ya lo sabíamos pero lo que no vimos venir es cuán útil va a llegar a ser… y mucho menos que la culpa iba a ser de la IA. Vaya por delante que no voy a hablar de la IA ni de la que va a armar a todos los niveles en los próximos años porque soy la antítesis de un auténtico experto en la materia, ahora bien, me basta con las miserables nociones que tengo de ‘la cosa’ para entender cuán cargado de razón está Recuenco al afirmar que las habilidades que la IA no tiene están relacionadas con la creatividad y con el pensamiento lateral, con la resolución de problemas complejos; dice Recuenco que la IA nos gana mirando para atrás (hacia lo sabido y conocido) pero que nosotros, los mortales humanos, seguiremos ganando cuando miramos hacia delante, cuando afrontemos retos nuevos que exijan soluciones nuevas y creativas.

Es así donde el conocimiento inútil demuestra no solo que nunca fue tal cosa sino también que la educación que nos guiaba cual rebaño bien amansado hacia los estudios ‘con más salida‘, nos llevaba a cubrir ciertas necesidades del mercado, de las empresas (porque era eso lo que aseguraba un buen sueldo, o algo así…): haciendo uso de la brocha gorda (que en este punto procede) podríamos decir que estaban los estudios que cubrían esas necesidades del mercado (licenciados en empresariales, económicas, derecho, informática, ingenierías varias… levantad la mano, también los FP de fontanería, albañilería, electricidad…) y los que estaban ahí porque siempre habían estado y porque ‘tienen su importancia’ (aunque nadie se la concedía), ahí nos toca levantar la mano a los de filología, historia, filosofía… Humanidades en general y en particular.

No hacía falta la IA para entender la importancia del conocimiento inútil, David Cerdá lleva años señalando la mentalidad de esclavo que subyace a los planes educativos en marcha y cuán cómplices somos todos del desastre: ¿recordáis cuando pedíamos a gritos y a voces más inglés y más informática desde la guardería? Cuando decíamos que vaya tontería la asignatura de música, no digamos literatura o filosofía ¿total para qué? Con eso no se come, que les enseñen a hacer la declaración de la renta desde bien pequeñitos; si eso no es educar a placer la mentalidad de esclavo no sé qué es: pensadlo por un momento, enseñarles a pagar impuestos por los rendimientos de su trabajo antes de capacitarlos para la vida (y para el mundo laboral, sí, también).

Cuanto más rentable era el conocimiento útil más despreciable nos parecía el conocimiento inútil y lo de ‘estudia algo que tenga salida‘ lucía en carteles de neón en toda casa y escuela pero hete aquí que llega la IA y el útil programador o el útil contable, por poner un par de ejemplos, resultan no serlo ya tanto ¡menos lo será el historiador, el filósofo o el filólogo! diréis, incautos de vosotros… y lo diréis con cierta razón pero obviando, o sin llegar a entender, que el conocimiento inútil siempre fue útil, ahora bien, también en ese ámbito la IA lo revolverá todo y por eso (terminando el tercer párrafo llego al meollo de la cuestión…) habrá que redefinir el conocimiento inútil.

Empecemos por el principio y hagamos un poco de historia: ¿qué es o era el conocimiento inútil?

El conocimiento inútil es aquel que no tiene un uso inmediato y por tanto no reporta, a priori, un beneficio directo (pecuniario); se trata de un conocimiento aparentemente trivial o anecdótico, intrascendente. Ahora bien, el conocimiento inútil es, más que nada, imprevisible en la medida en que puede desvelarse como útil en función de los tiempos, las circunstancias y su confluencia con otros conocimientos.

Esta definición del conocimiento inútil es, obviamente, utilitarista y frente a ella no han sido pocos los filósofos que han ahondado en el error que subyace a ella, nos quedamos con el planteamiento de Nuccio Ordine: según este ensayista italiano la utilidad de lo inútil es evidente: defiende que el arte, la filosofía o la literatura pueden ser considerados inútiles si nos ceñimos a una definición mercantil pero son no solo útiles sino además esenciales para la humanidad; en la medida en que la obsesión por el resultado inmediato y económico se impone, el pensamiento crítico decae porque para que exista pensamiento en general y pensamiento crítico en particular tiene que existir conocimiento (útil e inútil…).

‘Sólo aquellos que poseen una vida interior rica y variada pueden liberar el espíritu humano de la ceguera producida por la utilidad’

Y por tanto:

‘La educación, la investigación, la cultura y la belleza deben defenderse precisamente porque son inútiles, es decir, porque no producen beneficios inmediatos’.

Es decir, necesitamos el mal llamado conocimiento inútil para mantener vivo ya no el espíritu crítico, el espíritu humano mismo. Y es que ‘lo inútil no es lo superfluo, es aquello que nos hace humanos’.

Además ha habido otros pensadores que, directa o indirectamente, han dejado escrita negro sobre blanco la importancia del conocimiento inútil: empezamos por John Dewey: ‘la curiosidad no es sólo una cualidad del niño sino una condición del progreso’; al progreso se llega a través de la curiosidad, la curiosidad es por tanto útil, ahora bien, los caminos que recorremos llevados por la curiosidad nos llevan a veces a manejar ingentes cantidades de conocimiento inútil, dicho de otro modo, el conocimiento inútil es también el camino hacia el progreso.

Imposible sería hablar del conocimiento inútil sin nombrar a Bertrand Russell porque publicó un ensayo titulado tal que así: El valor del conocimiento inútil (si eso no es una declaración de intenciones no sé qué es…); decía Russell cosas como que ‘el conocimiento que no sirve para nada es a menudo de gran importancia para el bienestar del ser humano’ y también cosas como que ‘gran parte de lo que más importan al espíritu humano puede ser considerado inútil desde un punto de vista práctico’.

Otro que dijo lo suyo sobre el conocimiento inútil, desde una perspectiva política eso sí, fue el francés Jean François Revel ¿y qué dijo? atentos a esto: ‘la función de la mentira es hacer inútil el conocimiento‘. El conocimiento inútil no es por tanto el que no da rédito a corto plazo sino el que yace enterrado por la mentira… Pero no estamos hoy aquí para hablar de política.

¿Por qué ahora el conocimiento inútil va a ser más útil que nunca?

Lo será no tanto por sí mismo, porque al fin y al cabo la IA va a saber más de historia que el historiador más sabio, como por las habilidades que nos obliga a desarrollar y por las relaciones que nos va a permitir hacer: no se trata de acumular conocimientos cual biblioteca parlante o erudito impostado sino sabiduría, entendimiento, comprensión… y de ahí pasar a la capacidad de relación, deducción, intuición…: decía Rod Liddle hace bien poco en The Times que ‘primero muere la lectura, tras ella el conocimiento y finalmente la ciencia. Es la Desilustración‘ y ¿sabéis qué? llegados a ese punto muere hasta la IA y volvemos a las cavernas, la caza, la sangre y los gritos. Gregorio Luri lleva años advirtiéndonos de la importancia de la comprensión lectora (que es no es otra cosa que el dominio de la lengua propia), ha llegado a decir que el nivel de comprensión lectora de un niño de 9 años nos permite saber cómo será su desempeño en la vida, no solo su desarrollo educativo, también su nivel profesional futuro y, oye, que a nadie le tiemblan las canillas al escuchar o leer esto ¿por qué? Porque en el fondo no lo creemos, seguimos amarrados a las burdas falacias según las cuales lo importante es que los niños dominen la informática y el inglés, que les enseñen a hacer facturas y lo que es el IRPF antes dejar terminar la ESO.

Es verdad que los seres humanos funcionamos por incentivos, por eso estudiábamos lo que tenía salida (incluso los que hacíamos filología inglesa porque, ya se sabe que con el inglés va uno a cualquier parte… o algo así) pero ahora los incentivos van a cambiar ¿y cuáles van a ser? Quien os de una respuesta clara y concisa a esta pregunta os estará mintiendo, si hay algo que va a caracterizar a los próximos años es la incertidumbre así que los incentivos no van a estar exclusivamente en la informática, el inglés ni la aeronáutica, van a estar mucho más (aunque ciertamente siempre lo han estado..) en la funcionalidad humana (¿de qué eres capaz?), en la humana capacidad de soportar y gestionar la duda y el misterio (¿cuánta incertidumbre puedes soportar?) y en la también humana capacidad creativa y de atrevimiento (¿cuán audaz eres? ¿cuán poco te atenaza el miedo?).

Si me has seguido hasta aquí y te atreves a compartir mis tesis seguro que te estás preguntando cómo carajo vas a responder a unos incentivos tan vagos, tan intagibles… grábate esto en la cabeza: con el saber, con el conocimiento en general y el conocimiento inútil en particular, desarrollando las humanas habilidades que resolverán los problemas que nos están llegando ¿que no es tan fácil como ‘estudia derecho que tiene mucha salida‘? No, no lo es… pero será, sin duda, mucho más divertido, salvo que te atenace el miedo, entonces vas a vivir un infierno.

¿Por qué digo que habrá que redefinir el conocimiento inútil?

En realidad no será tanto cosa de redefinirlo como de ampliar esa definición, es decir, no quedarnos en lo obvio, en la primera capa de chapa y pintura, sino profundizar; el poder del conocimiento inútil no está en el saber que aporta, al fin y al cabo los datos, la información, nos los dará la IA rauda y velozmente (aunque no te fíes, que la IA en no pocas ocasiones alucina) sino en las habilidades que desarrollamos trabajando ese conocimiento: la capacidad de atención, la comprensión del lenguaje, la capacidad de relación y deducción… ¿y cómo se desarrollan esas capacidades? LEYENDO. No solo leyendo, por supuesto, pero leer es lo que podemos hacer todos, hasta el más iletrado sabe leer y leyendo se mejora no solo la comprensión lectora y el dominio del lenguaje y por tanto nuestra capacidad de comprensión de cualquier cosa y de aprendizaje, sino también la capacidad de atención porque para leer hay que prestar atención a las letras escritas, a las palabras que componen, a lo que significan… La lectura es el principio de todo y para todos, a partir de ahí por supuesto tenemos que aprovecharnos de vivir los tiempos que vivimos y de las diversas e inmensas formas y posibilidades de acceder al conocimiento, un conocimiento que no está encerrado en bibliotecas inaccesibles sino en librerías, mercados, videos de Youtube, Podcasts…

Hay una razón más básica si cabe por la que afirmo que le conocimiento inútil no existe y es que el saber ocupa lugar y el lugar que ocupa es el de la ignorancia; dado que con la ignorancia no vamos a hacer gran cosa (ni con IA ni sin ella) apostemos por el saber, por el útil conocimiento que nos permite desarrollar las humanas habilidades que son a su vez lo auténticos motores de evolución y progreso. Si obviamos esto, si olvidamos que tras el inmenso proceso evolutivo y de progreso que ha sufrido nuestra especie siempre han estado las habilidades humanas, habilidades sin las cuales no habría tenido la revolución industrial, ni la tecnológica ni ninguna otra de las que nos han traído los avances que nos hacen la vida más fácil, correremos el riesgo cierto de menospreciarlas, despreciarlas, de dejarlas menguar… destruyendo nuestro próspero futuro posible, caminando hacia atrás en lugar de hacerlo hacia delante ¿recordáis aquello de que vivimos peor que nuestros padres? Podríamos convertir esta afirmación en una profecía autocumplida y no por el precio de la vivienda sino porque olvidamos lo que nos ha hecho evolucionar como especie, lo que nos ha traído el progreso a lo largo y ancho de nuestra historia.

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