La Fundación Diabetes Cero señala un dato un tanto descorazonador: en España sólo hay en marcha cuatro ensayos clínicos en diabetes tipo 1. Ciertamente son muy pocos y nos hacen ver la cura de esta enfermedad autoinmune, si cabe, un poco más lejos. Además, si algo sabemos quienes conocemos de cerca esta exigente y traicionera enfermedad es que ha sido en el intenso trabajo de investigación, con sus correspondientes ensayos clínicos, donde han nacido los avances para su tratamiento y gestión, avances que hacen que la calidad de vida de un diabético tipo 1 sea hoy mucho mejor de lo que lo era hace 25 años y las complicaciones asociadas a esta enfermedad más controlables cuando no evitables.
Ayer, comentando este tema con mi hijo (17 años y DT 1 desde los 10) me sorprendió con un: lo entiendo. ¿Lo entiendo? ¿Entiende que haya tan pocos ensayos de diabetes tipo 1 en España? Lo entiende. Y, como lo entiende, me lo explicó: piénsalo mamá, hay enfermedades mucho peores, mira el cáncer, hay gente que se muere, los DT 1 no vamos mal, tenemos insulinas, glucómetros, sensores de medición continua, bombas de insulina… No vamos mal, nos tienen que dar todo el equipo y la formación, eso sí, pero no vamos mal.
Como madre de un DT 1 a mi ese ‘no vamos mal’ no me convence, claro, yo quiero que vayan mejor y quiero la cura, faltaría más, pero un día como hoy, Día Mundial de la Diabetes, creo que también nos corresponde a quienes sabemos de qué va esto de la diabetes tipo 1 recordar a quienes han hecho posible que hoy, en noviembre de 2025 y en un país desarrollado (que esa otra…) los pacientes que sufren esta enfermedad no vayan mal:
Hace poco más de un siglo no es que los diabéticos tipo 1 fueran mal, es que no iban, desde que la enfermedad comenzaba a evolucionar era solo cuestión de tiempo que su vida tocara a su fin, sin insulina no se puede vivir por mucha actividad física que se haga y por pocos, o ningún, hidrato que se coma (de hecho en ensayos clínicos de principios del siglo pasado se logró alargar un poco la vida de algún DT 1 pero casi matándolo de hambre); no son pocos los investigadores a los que les debemos pasar de aquella sentencia de muerte al ‘no vamos mal’ que dice mi hijo hoy y los primeros a los que hay que recordar es a los que aislaron y depuraron la insulina para que pudiera utilizarse en humanos: fueron los que titulan este artículo: Frederick Banting, un cirujano canadiense que fue el primero en aislar la insulina en el páncreas de un perro, su asistente Charles Best, John Macleod, que fue quien puso en marcha el laboratorio de Banting y supervisó además su investigación y James Collip, que mejoró la pureza de aquella primera insulina para hacerla más segura para su uso en humanos.
Este descubrimiento fue tan importante, supuso la salvación para tantas personas de ahí en adelante (según la OMS hay en el mundo hoy unos 9 millones de personas con diabetes tipo 1 que están vivas gracias a él), que solo dos años después de que se produjera (en 1921) Banting y Macleod recibieron el Premio Nobel de Medicina y Banting lo compartió con Best (compartir en el más amplio sentido del término: incluso le dio la mitad del dinero que recibió por él).
Y eso no es todo, estos cuatro nombres son solo los primeros pero, tras ellos, llegaron otros médicos e investigadores que han llevado a los DT 1 a ‘no ir mal’ a día de hoy: Elliott Joslin, el primer médico en tratar a pacientes de diabetes tipo 1 con insulina, dijo algo que sigue muy vigente a día de hoy: ‘la insulina es un remedio para sabios, no para los tontos‘; la insulina es un remedio, es el único remedio, ahora bien, o se aprende a utilizarla día a día o no será un remedio tan efectivo, la falta de insulina mata, su exceso también y eso es algo que valía en los felices años 20 del siglo pasado y en los de este, ahora bien, no hace falta ser tan excepcionalmente listo hoy para manejarse con la insulina gracias a todos los avances que llegaron tras la insulina de Banting, Best y Collip: tras aquella primera insulina (rápida) llegó la lenta en los años 50 de la mano de Hagedorn pero seguía tratándose de insulina de origen animal aunque fue también en los 50 cuando se completó la secuenciación de la insulina (lo hizo Sanger) y se sentaron las bases para la creación de la insulina sintética. De los 70 a los 80 y los 90 hasta hoy han sido los laboratorios farmacéuticos los que han elaborado todo un catálogo de insulinas.
Así como la vida de los diabéticos tipo 1 cambió con la insulina (cambió de ser una vida corta y con una calidad exigüa, es decir, de no ser vida, a serlo), los modos de aplicar la insulina, dicho en su sentido más amplio, también evolucionaron de manera brutal desde finales del S.XX hasta nuestros días: plumas de insulina desde los años 80, bomba de insulina desde los años sesenta (obra y gracia del Dr. Kadish) que tiempo más tarde se conectó a un sistema de medición continua de glucosa… Hoy los nombres que nos vienen a la cabeza no son los de los investigadores sino los de las grandes empresas que los contratan y les permiten investigar, ensayar, trabajar y hacer evolucionar la ciencia en beneficio de sus pacientes: grandes farmacéuticas como Eli Lilly, Novo Nordisk o Sanofi, empresas tecnológicas como Medtronic, Dexcom, Abbott o Accu-Chek y biotecnológicas que buscan remedios que puedan ser considerados la cura de la diabetes tipo 1 como Sana Biotechnology o Vertex Pharmaceuticals. ¿Más empresas? Las hay: Novartis, Pfizer, Roche, Tandem, Insulet, Merck & Co, BD, Braun SE, Biocon, Biomm…
Y a todo esto hay que añadir a quienes nos ayudan a ser listos, como decía Joslin, y saber usar la insulina y toda la tecnología aplicada a la diabetes empezando por los endocrinos y enfermeros de educación diabetológica y pasando por gentes y webs como Dulces Diabéticos, Diabetika, Repúblika Diabetes, Enol Sierra, Making Diabetes Easier, la Federación Española de Diabetes, la Fundación Diabetes Cero, la Sociedad Española de Diabetes, la Asociación de Diabetes de Madrid…
No, no hay que conformarse, debemos ser el viento en las velas de quienes trabajan cada día para mejorar la calidad de vida y la salud de los diabéticos y de quienes buscan su cura, ahora bien, tampoco hay que olvidar que ‘no vamos mal’ y que se lo debemos a Frederick Banting, Charles Best, John Macleod, James Collip y otros héroes de nuestro tiempo.