Coraje para defenderse.

Se habla mucho del egoísmo, tanto que la maltrecha superioridad moral de la que tanto alardean por la izquierda se basa justamente en ser antónimo de ese egoísmo: se sienten y se dice superiores a los demás porque defienden a los vulnerables, a los necesitados, a los dejados de la mano de Dios… y eso, qué duda cabe, los hace mejores (los haría mejores si fuese cierto, claro, pero no lo es).

La realidad es que no nos hacía falta internet ni nos hace falta la IA para saber que el mundo, y todo lo que lo compone empezando por el ser humano, es complejo, tanto que incluso conceptos que de modo rápido y sin pensar asociamos a algo bueno o a algo malo, a poco que los analizamos, nos demuestran que su clasificación no es tan sencilla. ¿De qué carajo estoy hablando? Del modo en que la obsesión por ser el que más se preocupa por los otros (los palestinos, los inmigrantes, las mujeres maltratadas…) nos ciega y nos hace creer una mentira y ahogarnos en una verdad.

Defendemos las causas nobles porque nosotros somos los afortunados, los que hemos tenido suerte y hemos caído del lado rico del mundo (¿de verdad te sientes rico? ¿de verdad te sientes como si te hubiese tocado la bonoloto? ¿de verdad no sientes cada día, cuando suena el despertador y te pones en marcha, que te ganas el pan con el sudor de tu frente?) –no me malinterpretes que te veo venir… por supuesto que hemos tenido suerte de nacer en un país más o menos próspero y en una época de paz, o suerte de tener una familia que se ocupó de nosotros y nos preparó para la vida pero eso no nos convierte en Bill Gates ni significa que estemos en deuda con nadie, más que nada porque, de hecho, nos ganamos la vida con nuestro trabajo, no nos cae la cesta de la compra del cielo– y tras envolvernos en esa mentira ésta ejerce de sudario y nos ahoga en la verdad: no tenemos el coraje suficiente para defendernos a nosotros mismos ¿suena duro? Sí.

Y triste, suena sobre todo triste pero si el día que el gobierno (que pagamos con nuestros impuestos) dice que va a subir la cuota de autónomos porque hay que pagar el estado de bienestar y sostener a quienes viven de él (que son esos a los que pagas el sueldo, la pensión o la subvención con esa cuota y demás impuestos) y sale un representante sindical diciendo que los autónomos ganan mucho, vas tú sostienes que harás huelga general por Palestina… lo mejor que puedo pensar de ti es que no tienes coraje para defender tus intereses ni los de tus hijos, que eres tan ciego que crees que podrás vivir eternamente pagando impuestos que son claramente confiscatorios porque ¡pobre de ti! crees que el estado es como Dios y proveerá…

Hemos visto sobres de chistorras, soles y lechugas, folios en cajas, sobres y carpetas*, pagos en metálico cuando tú no puedes pagar en mano ni un sofá y, a pesar de todo ello (y de todo lo demás…) sigues pensando que los políticos que se lo están llevando en crudo, en sobres y en narcodólares se ocuparán de tu bienestar… lo tuyo sí es fe y no lo de los católicos…

Hace no mucho defendí la importancia de ser elitistas y defiendo hoy la importancia de ser egoístas… entendiendo el egoísmo, claro, con el coraje para defenderse a uno mismo, el valor para no ser un borrego que obedece al perro pastor que le pongan y deja que se lleven a sus hijos para ser paletilla de lechal en la cena de Navidad.

¿Y qué es coraje? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul, coraje es lo que tiene María Corina Machado y es lo que le falta a los que no han tenido el valor de felicitarla por haber recibido el Premio Nobel de la Paz (por ejemplo). Pero, no cabe aquí confundirse, el coraje no tiene por qué ser heroico ni excepcionalmente valeroso, el coraje es, principalmente, íntimo, no es seguir una bandera ni una idea ni a un partido ni líder político sino una convicción que nace del respeto a lo que uno es y quiere llegar a ser, es hacer uso de la razón, no de las vísceras.

*Para los despistados, este era el código que compartían los Koldos, Cerdán, Ábalos… y demás: los soles son billetes de 200 euros, las lechugas son billetes de 100 euros y las chistorras son billetes de 500 euros que se cambiaban por folios que son billetes de 50 euros. Añadamos a esto, para completar la cutre picaresca política actual, las cafeteras… que éran móviles privados desde los que hacer llamadas no rastreables (las llamadas eran el café…).

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