Civilización moribunda.

Parafraseando a Forrest Gump, los libros son como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar… Todos son de chocolate, sí, pero todos ofrecen matices diferentes y no importa con cuanto cuidado hayas elegido la caja, siempre acabas por encontrarte alguna sorpresa. Exactamente lo mismo pasa con los libros; hace ya unos meses, desde abril o mayo más o menos, que el tiempo de lecturas no obligatorias lo dedico a P.D. James y sus novelas negras protagonizadas por el comisario Dalgliesh, lecturas entretenidas y degustables que recuerdan a las novelas de Ágatha Christie pero, en mi opinión, con un punto más de complejidad y riqueza.

Lo raro, ciertamente, es que no hubiese caído yo antes presa de las historias de Dalgliesh, supongo que se debió a que me negué a echarles mano en su momento porque estaba un poco saturada de noir y sobre todo porque estaba chapoteando a placer entre otros clásicos británicos (aquí la prueba: beisbook.com), en todo caso esa es otra historia y es, además, lo de menos, lo de más es cómo te sorprenden los libros, como guardan enseñanzas que te envuelven y que a veces, como en este caso, te sorprenden porque ¿quién espera un consejo velado como éste en una novela negra?:

La gente que vive en una civilización moribunda, como nosotros, tiene tres opciones. Podemos tratar de evitar la decadencia, como un niño que construye un castillo de arena para detener la marea. Podemos hacer caso omiso de la muerte de la belleza, la erudición, el arte y la integridad intelectual buscando solaz en las cosas que nos consuelan (…) En tercer lugar podemos unirnos a los bárbaros y exigir nuestra parte del botín. Esa es la elección más popular…

Al leer este pequeño párrafo recordé a Reverte diciendo aquello de que era consciente de que estaba viviendo el fin de una era o la caída de una civilización (o algo así) y deduje que P.D. James estaba de acuerdo con él aunque ella vio menos del fin porque ya lo ve desde el más allá (si es que ese más allá existe); lo cierto es que más que lo de la civilización moribunda en sí, al fin y al cabo el mundo y las sociedades evolucionan y se reinventan, a poco que se estudie la historia se deduce que tras cada muerte viene una nueva resurrección, lo que me interesa es cómo afrontar el tiempo que nos ha tocado vivir y las tres posiciones que explicita P.D. James en boca de Gregory (Muerte en el Seminario es la novela), me parecen una propuesta lúcida y completa, seguro que hay posturas mixtas y también imposturas pero lo cierto es que estas tres acogen y recogen a la mayor parte de nosotros porque si quitas a los ilusos, los civilizados y los bárbaros poco queda de la sociedad actual. ¿Y quienes son los ilusos, los civilizados y los bárbaros? cabe que te preguntes…

Los ilusos

Los ilusos son, como dice P.D. James, los que creen que pueden protegerse de la fuerza del mar construyendo un castillo de arena, son los que sin saber nada creen tener soluciones para todo, los que defienden causas que los reconfortan y refuerzan pero no miden las consecuencias de sus posiciones, son los nihilistas, los insustanciales, los inconscientes, los ilusos… y también los engañados por otros y los que se engañan a sí mismos, los que defienden a los suyos porque los suyos son siempre los buenos aunque la realidad los desmienta cada día.

Los civilizados

Los civilizados son los que no se engañan ni se dejan engañar, los que miran a la realidad al frente y a la cara y deciden cómo vivirla, no construyen castillos de arena para protegerse de un tsunami sino que pertrechan por dentro, intelectualmente, para que les llueva por fuera (porque saben que les va a llover se pongan como se pongan).

Los bárbaros

Los bárbaros, como los civilizados, ven la realidad aunque rara vez se molestan en analizarla, son los pescadores que tratan de pescar en río revuelto sin medir las consecuencias de su descuido porque solo piensan en sí mismos, en su propio beneficio y los que vengan detrás… que arreen.

Cada cual que elija su role y viva su propia aventura, ahora bien, lo que sí os digo es que en la novela de P.D. James Gregory nunca fue un iluso, vivió siempre como un ser civilizado (aun siendo un tipo notablemente egoísta) hasta que tomó la decisión consciente de convertirse en bárbaro… Y no, no le fue bien.

Deja un comentario