Nuñez Feijóo sorprendió a propios y extraños por su dureza contra Sánchez (y no solo) en el Congreso, esa sorpresa demuestra el limitado conocimiento del personaje que hay fuera de Galicia, tan limitado conocimiento que sorprende que sepa mostrar el colmillo retorcido o que cuele ante según qué parroquia como ultraderechista cuando es más regionalista que el que inventó las regiones.
El problema, intuyo, es el elevado número de sectarios que siguen a su partido político como los hooligans a su equipo de fútbol, es tan elevado ese número que no levanta ampollas que haya políticos en el Congreso que defiendan como proyecto político que nunca gobiernen los otros ¿puede haber mayor ataque a la democracia liberal y a una sociedad libre? Claro que somos un país en el que los terroristas dan lecciones de moral a sus víctimas… ¿Y por qué digo que este es el problema? Porque quienes viven la política con esa pasión ideológica son ciegos que no quieren ver y, como no quieren ver, no ven la realidad y la realidad es que Feijóo ni es un señor de ultraderecha ni un nostálgico del franquismo, es un señor regionalista a rabiar y dueño y señor de ese complejo según el cual se acepta la invisible superioridad moral de la izquierda, tan dueño y señor de ese complejo es que ha dicho públicamente que él votó al PSOE de Felipe González… Ahora bien, hay algo que Feijóo domina: la mano de hierro en el guante de seda.
¿Y cómo se puede dominar el uso de la mano de hierro en el guante de seda siendo un regionalista conservador y acomplejado ¡perdón! moderado… digamos moderado? Eso es lo que esta España polarizada no entiende y no lo entiende porque si alguien no responde a las etiquetas que le corresponden incomoda que da gloria y porque, como cada cual ve el mundo con las gafas del color de su partido, quien se sale del carril, como poco, sorprende.
La cuestión es ¿cómo es realmente Feijóo? Es como lo veis si queréis verlo, si sois capaces de quitaros las gafas ideológicas y observar al personaje: Feijóo es un nostálgico de la España que fue… pero no de la que fue hace 50 años sino de la España que fue en tiempos de Felipe González y de José María Aznar, de la España anterior al golpe de timón de Zapatero y del incumplimiento de Rajoy del mandato de las urnas cuando, vía mayoría absoluta, la sociedad entera le pidió deshacer aquel infausto golpe de timón… y, como dado que no lo hizo asumimos que no lo entendió, se le dio incluso una segunda oportunidad ya en minoría pero gobernando con el apoyo de un partido que si era algo es anti nacionalista y reformista (Ciudadanos) pero tampoco cumplió.
De aquellos polvos estos lodos, Sánchez no es el hijo ideológico de Zapatero, ese en todo caso sería Iglesias, pero sí es un oportunista de primer nivel (y ojo, más acomplejado que Feijóo, tanto él como su señora, sino no se explica que a él su suegro le compre una tesis y a ella le compre él una cátedra) que sirve divinamente al proyecto de Zapatero con el programa de Iglesias… ¿España votó eso? No hay mentira mayor… Otra cosa es que una ley electoral manifiestamente injusta en colaboración con una base de votantes dispuesta a aceptar que su partido haga lo contrario de lo que le dice que va a hacer sin rechistar, lo haga posible.
Pero volvamos a Feijóo, que es de quien hablábamos… A mi, curiosamente, no me sorprendió ni un poco la andanada del gallego en el Congreso y no es porque sea yo medio meiga (ya me gustaría, no paso de pataca ventureira) sino porque conozco el paño, es más, lo que me extraña es que haya tardado tanto… ¿os habéis fijado en el detalle no menor de que llevaba la andanada escrita? Pincho de tortilla y caña, que diría Luis Herrero, a que ese papelito llevaba tiempo escrito esperando su momento…
No, Feijóo no es un blando, es lo que llaman un político de raza, conservador, sí, regionalista, también, pero un tipo moderado y sobre todo, a diferencia de Sánchez, es una persona con límites éticos y morales (que no es que eso sea un gran mérito, debería ser lo mínimo exigible a un político pero tal y como está el patio…); para conocer a Feijóo solo hay que revisar las campañas electorales gallegas, ahí se ve el modo en el que consiguió mantener prietas sus filas y creedme que no es cosa fácil porque en el PP de Galicia no solo confluyen conservadores y liberales, también los regionalistas y hasta los nacionalistas del expectro político de la derecha), lo hizo sin dar agua ni tregua a sus contendientes, sin ceder un paso ante Ciudadanos ni VOX y sin dar pie tampoco a que el nacionalismo conservador gallego se lanzara a la aventura de crear su propio partido (lo que vendría siendo un PNV o una Convergencia gallegos).
Esa fue su virtud, en Galicia, y podría ser su defecto, en España ¿por qué? Porque en España no se trata de mantener prietas las filas… las filas están rotas desde hace muchos años (la derecha ha estado partida en tres: PP, Vox y Cs, y lo está ahora en dos PP y Vox) y aunque en la cabeza de Feijóo aglutinar todo el voto antisanchista y anti-esta-izquierda pase por reunirlo en el PP para tumbar de modo incontestable el proyecto de disolución de España dictado por los nacionalistas y puesto en práctica por el PSOE de Sánchez y Zapatero, lo cierto es que hay un grado de desconfianza hacia el PP, ganado a pulso no solo por la traición de Rajoy sino también por el equipo de la infausta campaña del Verano Azul, que hace que su proyecto parezca casi inviable… más que nada porque la carta que le queda, y creedme que le he visto jugarla y me ha dado mucho asco, es la del chantaje, la del ‘o yo o el caos’, ‘o me votáis a mi o va a gobernar la extrema izquierda’ … ya lo avisó en su último Congreso: o Sánchez o yo.
Eso le funcionó en Galicia porque estaba en una posición de poder, partía del gobierno, de sus mayorías absolutas y repelía los ataques a derecha e izquierda, votarle era casi lo moral porque estaba enfrentando al nacionalismo de izquierda (en Galicia la izquierda nacional ya no existe) y estaba feo ponerle palos en las ruedas… Pero esa no es la situación en España, en España el poder se lo tiene que ganar, es la izquierda quien lo tiene y quizá fuera más inteligente por su parte proveerse de aliados (Vox) que crearse más enemigos de los que ya tiene en todo el arco izquierdista y nacionalista del Congreso.
Sea como fuere a mi no me digáis luego, ni para bien ni para mal, que no os avisé:
En cuanto a su proyecto, Feijóo es un nostálgico de los primeros años de nuestra maltrecha democracia, no del franquismo, y lo que eso significa es que su proyecto es de reconstrucción del 78 ¿que mejorará el sindiós que padecemos ahora? No me cabe duda pero ¿mejorará el 78? Porque si no lo mejora en pocos años podemos estar en las mismas que estamos hoy o peor… (eso suponiendo que en las próximas elecciones la izquierda pierda el poder).
En cuanto a su forma de ser en política: no es un blando, maneja con destreza aquello de mano de hierro en guante de seda, es conciliador y moderado, sí, pero en sus límites y en sus términos; no lo veréis cortar cabezas a diestro y siniestro ni hacer renovaciones a lo bestia pero… ya lo habéis visto preguntándole a Sánchez de qué prostíbulos ha vivido.
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Si os dicen que con Feijóo y Tellado vuelve el franquismo o llega la extrema derecha, os mienten; si os dicen que Feijóo es un reformista, os mienten. Es un regionalista convencido y un defensor del 78, un nostálgico del tiempo en el que el PP y el PSOE asumían ciertas cosas como intocables (eso lo rompió Zapatero) y los nacionalistas aceptaban el marco constitucional y barrían para casa sin sacar los pies del tiesto. ¿Es posible una reconstrucción del 78 con la izquierda y el nacionalismo echados al monte? ¿Con una sociedad que no se espanta cuando un gobernante plantea como proyecto político que no gobiernen los otros como lo hizo en su día Iglesias, hace nada Yolanda, cada día diferentes ministros y barones del PSOE? No veo el modo, la verdad…
Ahora bien, una cosa sí os digo: con estos bueyes hay que arar.