Corruptos y corruptores.

No es que corruptos y corruptores sean la misma cosa, que lo son, es que son los mismos; los políticos de izquierda demuestran sentirse como tales moralmente superiores al resto del mundo al considerar que el corrupto es un sujeto pasivo de la corrupción y que el corruptor es quien pone la pasta, pero esto es una falacia, no es cierto: el corrupto no es un sujeto pasivo de la cosa sino activo y el corruptor no es tanto el que pone la pasta como el que la recibe ¿o no podríamos decir acaso que quien paga un soborno lo hace bajo la amenaza de ser borrado de todo concurso público si no lo hace? ¿O vamos a defender ahora que quienes pagaban a ETA el impuesto revolucionario so pena de morir de un tiro en la nuca o con una bomba lapa bajo su coche eran el sujeto activo del terrorismo? O explicado de modo más sencillo: ¿quién tiene el poder? ¿quién puede decir algo como ‘o me pagas o no te cae ni un contrato de obra pública y, si deslizas algo de esta conversación, te mando una inspección de Hacienda’ o quien a lo sumo puede decir ‘¿cuánto quieres o cuánto pides?’ y poner un cero más en el montante de la obra?.

No quiero con eso indultar a quienes se han sometido al espíritu corruptor de los políticos pagando sobornos pero sí señalar que quien gestiona el presupuesto público, quien nos cobra los impuestos, quien nos promete el cielo en la tierra cada vez que hay elecciones y por tanto quien se compromete con nosotros y en quien depositamos nuestra confianza son los políticos, no los empresarios y por tanto cuando hay corrupción ellos son los corruptos, corruptores y traidores a su compromiso con los ciudadanos.

Si algo ha hecho la izquierda estos días es desnudarse completamente al decir cosas como las que dijo Rufián en el Congreso y corroboró Sánchez: que la izquierda no roba, que la izquierda no es corrupta… como si ser corrupto no fuera una decisión personal sino una característica ideológica y como si efectivamente se creyeran la gran falacia que defienden con descaro: que robar para mantener redes clientelares, como tan bien explicó Errejón en su día, y evitar así que la derecha toque poder fuera defender la democracia, como si consideraran, como Largo Caballero, que la democracia (él hablaba entonces de la República) o es de izquierdas o no es tal, como si la alternancia fuera una filfa y como si la decisión de la mayoría popular que, dicen, los sostiene, sólo pudiera ser tenida en cuenta si se vota lo que ellos quieren.

Podemos plantear la ilegalización de un partido político por razones justas, como se ilegalizó el brazo político de la ETA en su día por sus vínculos con el terrorismo (cosa que nunca debió deshacerse y que, conviene recordarlo, deshizo Zapatero… porque solemos decir que Sánchez se ha tragado el programa de Podemos y que el PSOE sanchista es, básicamente, Podemos con la estructura del PSOE pero lo cierto es que ya Zapatero se parecía más a Iglesias que a Felipe González); ahora bien, una vez admitimos el derecho a presentarse a unas elecciones a un partido político nos toca tragar con lo que las urnas vomiten y quien niegue esto es quien niega la democracia, como la niega Pedro Sánchez cuando dice que no puede convocar elecciones porque no puede entregar el gobierno a PP y VOX: alguien debería recordarle que en democracia son los votantes los que entregan el gobierno, no los gobernantes; además, cuando los gobernantes quieren erigirse en salvadores de un pueblo que no los quiere tienen otro nombre (y no es bonito).

Hasta aquí lo que tiene que ver con lo que todos entendemos por corrupción, la que afecta a los dineros y su distracción… pero no quiero rematar este artículo sin señalar que la corrupción no es sólo desviar y robar dinero público, corrupción también es la mala gestión del dinero público y la gestión interesada del dinero público ¿a qué me refiero con gestión interesada? A la compra de apoyos en el Congreso entre partidos políticos (y ahí no hay empresas, sólo hay políticos): favorecer a Cataluña para contar con los votos de Junts y ERC sobre el resto de regiones es corrupción, favorecer al País Vasco, que viene ya favorecido de origen gracias al cupo vasco, para lograr el apoyo del PNV es corrupción, aliviar las penas de los terroristas condenados que ni han pedido perdón ni han ayudado a la resolución de los más de 300 atentados de ETA que están sin resolver para conseguir el apoyo de Bildu es corrupción, favorecer a esta o aquella región porque son tus caladeros de votos es corrupción, que el próximo AVE sea el que pasa por aquí en lugar de por allí porque lo dice uno del que necesitas su voto es corrupción… Y si leyendo esto estás pensando que confundo corrupción con parlamentarismo es porque tienes ya instalados en tu cabeza los mantras que la izquierda alimenta desde hace años, esos según los cuales ellos pueden pactar con cualquiera y cualquier cosa y la derecha o se queda pequeña y aislada o si pacta con alguien es con la ultraderecha, una ultraderecha que usan como contenedor de votos inútiles por el cordón sanitario que le imponen.

Una cosa es que un partido político necesite pactar con otros para poder formar gobierno, aprobar presupuestos o lo que sea y que, por tanto, renuncie a su programa de máximos porque, además, si la sociedad quisiera ese programa de máximos le hubiera dado mayoría absoluta así que bien está que no lo lleve a cabo si no cuenta con ese apoyo mayoritario, y otra cosa es que un partido político lleve a cabo ya no su programa de máximos sino que vaya incluso más allá de ese programa llevando a cabo el de partidos minoritarios en el Congreso (y por tanto con apoyo minoritario en las urnas y en la sociedad) porque le han dicho que o lo hace o no le apoyan… Eso no es parlamentarismo, eso es chantaje por parte de los partidos minoritarios que no negocian sino que imponen y traición por parte del partido de gobierno porque no es que incumpla su programa de gobierno, que lo hace, sino que cumple el de otros que no cuentan con el apoyo social mayoritario en España. Y sí, eso es corrupción, es la peor corrupción porque es diluyente de la soberanía nacional, porque crea una España en la que reina la desigualdad y convierte a las regiones en reinos de taifas que saben que tienen que situar a sus huestes para poder trincar un trozo del pastel o serán de la España pobre a la que no le llega nada ¿y por qué? Porque nadie busca el bien común, porque lo común se desprecia y estamos en una suerte de sálvese quien pueda (o maricón el último…).

Así que, queridos, que no os engañe Rufián diciendo que la izquierda no roba porque él es el primero en defender el robo de la soberanía nacional a todos los españoles, que no os engañe Otegui diciendo que en Bildu no hay corrupción cuando es un partido nacido del terrorismo, el secuestro y el chantaje con el mismo fin que el de Rufián, robarnos la soberanía nacional, que no os engañe Sánchez diciendo que sus corruptos son anécdotas porque su corrupción es sistémica y que no os engañe Yoli diciendo que ellos no roban porque quien se alía con quienes quieren robarnos la soberanía nacional, ya está robando. Y recordad que el pecado de esta corrupción institucional está en su base: todos estos grupos minoritarios del Congreso (y tengo para mi que hoy por hoy este mal afecta ya a toda la izquierda) olvidan la base esencial del parlamentearismo: cada uno de ellos representa a todos los españoles, no solo a los que le han votado.

Son los políticos los que nos representan, son ellos los que gestionan los impuestos que nos cobran, es a ellos a quien tenemos que pedir cuentas… ¿y la justicia? Que pida cuentas a quienes se salten la ley, sean políticos o empresarios o lo que quiera que sean pero, como ciudadanos que quieren ser libres e iguales, es a los políticos a quienes tenemos que pasar la factura, si no lo hacemos, si actuamos como locos sectarios que van con los suyos al fin del mundo sólo porque son los suyos, tendremos lo que merecemos: pobreza y desastre.

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