Soy muy anglófila, lo reconozco, lo soy más que nada porque me encanta su literatura, porque de Shakespeare a Virginia Wolf pasando por Dickens, las Brontë, Chesterton, Austen, George Eliot… disfruto cada palabra y eso sin saltar el charco para chapotear en la elegancia decadente de Francis Scott Fitzgerald o en el preciosismo de Emily Dickinson. Ahora bien, mi anglofilia no me ciega ante lo evidente: el espíritu bárbaro que forma parte de la esencia inglesa. E hijo de ese espíritu bárbaro es esta decisión:
El pecado original de esta resolución es la definición del aborto como un derecho, no lo es, no puede serlo salvo que queramos renunciar a la esencia misma de la civilización pero no ahondaré en este argumento porque ya lo hice aquí; en lo que sí quiero ahondar hoy es en las consecuencias de decisiones de este porte porque van mucho más allá de la destrucción de una vida (y ya solo eso sería razón suficiente para que le diésemos una vuelta al asunto…):
En primer lugar el aborto, que se presenta como una conquista feminista, a mi me parece más bien un triunfo del machismo más brutal: el aborto como un derecho de las mujeres al primero que mata es al padre, que no tiene nada que decir ni decidir sobre su hijo por una razón circunstancial: se gesta en vientre ajeno; no importa aquí si el feto es una vida humana o medio humana, hecha o a medio hacer, importa dónde está el feto, nada más, y como está en vientre ajeno el padre, éste no tiene capacidad de acción ni decisión, ya saben, nosotras parimos, nosotras decidimos. Otra cosa es que decidamos parir, entonces decidimos también, en aras de una igualdad que hemos negado hasta el día del parto, que el padre tiene que serlo. Si no reconocer la implicación del hombre desde la concepción misma es un derecho feminista, entonces el feminismo no defiende a las mujeres, sólo a las mujeres que quieren abortar.
Claro que sobre este debate, el del aborto como derecho, vienen corriendo ríos de tinta desde hace mucho tiempo, y de esos ríos llegamos a su legalización (¿quién podía negarle el derecho a abortar a una mujer cuya vida corriera peligro, cuyo feto no fuese viable o que hubiese sido violada?) y de ahí, podríamos decir, al infinito y más allá porque nos parecía una broma cuando Juan Carlos Girauta en su libro Sentimentales, Ofendidos, Mediocres y Agresivos nos hablaba de que en determinados ambientes se estaba hablando ya del aborto post-parto y nos parecía una respuesta muy atinada la de Marcos de Quinto cuando decía algo así como que si podemos abortar a un bebé de 15 días ¿por qué no de 15 años, que ahí igual sí que tenemos claro que eso no era lo que queríamos? Pero resulta que ahora aquello que nos sonaba a broma de mal gusto lo vemos mucho más cerca porque en el Reino Unido han despenalizado el aborto en cualquier estadio de la gestación (y no me vengáis con que se despenaliza en lo tocante a la mujer pero no en lo que se refiere a sus colaboradores necesarios, por favor… no me hagáis explicar aquí otra vez la ventana de Overton, esa lección tenemos que tenerla ya grabada a fuego en la memoria).
Para explicar las que son para mí las consecuencias más diluyentes y corrosivas, las más perversas de una decisión de esta índole, me aprovecho de la lucidez de Julián Marías:
Que una mujer aborte es un drama que se circunscribe a sí misma, su entorno y sus circunstancias, que una sociedad entera entienda el aborto como un derecho (¿por qué no ejercerlo entonces? ¿por qué privarnos de apurar el cáliz de un derecho como tantos que ostentamos?) nos lleva a pensar que un aborto a los 8 meses de gestación no ha de penalizarse, el feto ya es un bebé que sería perfectamente viable fuera del útero materno pero, oye, que si lo matas dentro de tu útero no ha de ser considerado un delito mientras si lo ahogas en su cuna, sí… ¿a que ya no parece tan de aurora boreal hablar de aborto postparto? Pues lo es, es de aurora boreal hablar ya no del aborto postparto o del aborto en cualquier etapa de la gestación, sino hablar del aborto como un derecho. El aborto es un hecho que a veces, por razones que podemos entender o no, sucede pero un derecho no, derecho es el derecho a la vida y aceptando la despenalización del aborto en cualquier etapa de la gestación estamos ya solo a un paso, a un paso muy pequeño, de despenalizar el aborto postparto… eso que cualquier persona con un mínimo de fibra moral llama asesinato.