Sé elitista.

Sé elitista, no diré que sin medida o sin límite, pero casi… Dicho así seguro que te está sonando feo porque estarás pensando en el elitismo propio de quienes tienen el dinero y las cátedras o tesis que paga por mérito y élite pero yerras en tu análisis, o peor, en tus ideas preconcebidas, también conocidas como prejuicios; lo que te sucede es que Iglesias y su tropa te han convencido de que las élites son el demonio, no los mejores… y aún lo crees ahora cuando ves que lo único que buscaban es ocupar los puestos de poder a los que por mérito no podían acceder. Pero me desvío… te animaba a ser elitista.

¿Quién quieres que te opere el día de mañana? ¿El mejor cirujano o un cirujano de partido?; ¿quién quieres que vaya a tu casa a solucionar una fuga de agua? ¿el mejor fontanero o un fontanero (o fontanera) de partido?; ¿quién quieres que sea el profesor de tu hijo? ¿un sabio o un ideólogo de partido?; y, como estoy segura de que quieres al mejor cirujano, porque te va la vida en ello, al mejor fontanero, porque te va el buen mantenimiento de tu hogar en ello, y al mejor profesor porque va el futuro de tu hijo en ello, te pregunto ¿a santo de qué aceptas que quienes gestionan la cosa pública, es decir, el dinero y los servicios de todos, no sean los mejores sino santos rufianes de medio pelo?.

Sé elitista, exige a los mejores al frente, pon (en la medida de tus posibilidades) a los mejores al mando y sobre todo sé tú uno de los mejores en lo tuyo, no importa a qué te dediques, sé de los mejores sino el mejor y hazlo compitiendo contigo mismo y colaborando con los otros. Huye de la mediocridad y el desencanto, del conformismo, del vacío, de la nada, de lo absurdo, de la pérdida de tiempo sin sentido, del desperdicio de tu vida…

Haz lo que creas que DEBES hacer, hazlo aunque te cueste, aunque creas que no servirá para nada, hazlo porque si crees que es lo que debes hacer, sencillamente, debes hacerlo y cabe que te lleves alguna sorpresa, es posible que encuentres en ese camino a otros que, como tú, se empeñan en hacer lo que consideran que deben hacer… y aunque no fuese así: acuéstate cada noche sabiendo que por ti no fue…

Y, si eres padre, haz de tus hijos élite ¿cómo? Cultivando en ellos un buen hábito de lectura, incitándolos después a leer libros con fondo, forma y contenido; te dirán que provocas desigualdad porque habrá padres que no lo hagan pero tú sabes que ser de la élite lectora está al alcance de todo el que quiera y no porque los libros sean baratos, que lo son, sino porque son gratis, al menos los clásicos (libres de derechos todos ellos), son gratis para un ebook y a precio de saldo en tiendas de libro viejo y de ocasión, eso por no hablar de las bibliotecas públicas (que no son gratis, las pagamos todos, pero usarlas no te costará más que el esfuerzo de hacerte una tarde cualquiera el carnet); ¿que tu hijo te mira con rencor cuando le pones un libro en las manos? ¿que se le pone un tic en el ojo y parece estar echándote un conjuro? Sonríe, haz como si no vieras esos nimios detalles porque cuando avance unos cursos y la densidad del libro de historia o del de filosofía exija lectura serán otros quienes sufran tics en los ojos, tu hijo ya no.

Y quien habla de buenos hábitos de lectura habla también de buenos hábitos de cultura: música, cine, museos, paseos, palacios, jardines… Llegará el día en el que todo lo que tu hijo tenga sea el cielo sobre él, el camino a sus pies y las herramientas que le hayas dado para recorrerlo. Pero me desvío, estaba hablando del mérito de ser élite… claro que, dado que la meritocracia son los padres ¿qué más puedo decir? Sólo que huyas de la mediocridad y lo fácil como de la peste y enseñes a tu hijo a hacer lo mismo, anímalo a ser élite, a ser de los buenos, de los mejores en lo suyo sea lo suyo lo que sea… Pongamos a la élite en su lugar y a los mediocres, malechores y maleantes en el suyo ¡cuánto mejor nos irá si lo hacemos!.

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