Leer o no leer (a los clásicos), esa es la cuestión.

Leer o no leer, esa es la cuestión… Eso no es lo que dijo Shakespeare, el fue más intenso, más profundo, menos y a la vez más pragmático y planteó lo siguiente: ser o no ser, esa es la cuestión... ¿a que no tienes ninguna duda en ese caso? ¿a que quieres ser aunque no tengas ni la más remota idea de qué quieres ser o para qué quieres ser? Sin embargo si cambiamos ser por leer te asaltan las dudas, se adueña de ti un pragmatismo que roza lo indecente y te preguntas, tomándote por sesudo filósofo ¿leer para qué?. Y entonces queda claro que no entiendes nada, que no entendemos nada…

Cabe empezar por aclarar que los clásicos lo son por alguna razón, razón que va mucho más allá de su calidad literaria, de su riqueza lingüística o de su creatividad narrativa y argumental, los clásicos lo son porque sirven al hombre, no al hombre de su tiempo sino al hombre de todos los tiempos; si no logramos que esto se entienda no importará cómo ni cuánto nos desgañitemos defendiendo la importancia de leer a los clásicos, estaremos predicando en el desierto.

¿Y cómo es posible que un libro sirva igual a un hombre del S.XV que a uno del S.XXI? Para responder a esta pregunta hay que desnudar al hombre posmoderno, ponerlo frente a un espejo sin todos sus accesorios y recordarle que es exactamente eso que ve reflejado ahí, ni más ni menos; que podemos ser más o menos inteligentes, más o menos sabios, estar mejor o peor conformados, habernos cuidado más o menos… pero el hombre es lo que siempre ha sido ¿desde cuándo? Desde que es hombre ¿y eso cuando sucedió? No ahondaré aquí en esto… solo diré que el hombre es tal no tanto desde que empezó a caminar erguido y a asentarse en lugares concretos en lugar de moverse en busca de comida sino desde que la evolución lo dotó de la herramienta más poderosa que se conoce: el lenguaje (¿estás ya soltando espumarajos por la boca y explayándote sobre la importancia de otras herramientas como la física y las matemáticas? Pues yo te pregunto: si no es a través del lenguaje ¿cómo accedemos al resto de saberes? Sin lenguaje somos poco más que primates, no podemos acceder a la física ni a las matemáticas).

Temo otra pregunta que cabe que esté revoloteando por tu cabeza ¿qué tiene que ver el lenguaje con leer a los clásicos? La temo pero reconozco que también la deseo porque me permite ir a quid de la cuestión: en los clásicos está el saber y está la riqueza lingüística, es decir, en cierto modo podríamos afirmar (con poco o ningún temor a equivocarnos) que en los clásicos está todo, todo lo conocido hasta la fecha, todo lo que necesitamos saber para seguir creando (nuevos clásicos) y avanzando…

Alguien a quien conozco bien, y a quien respaldan no pocas lecturas, me decía ¡pero los clásicos son un coñazo! ¡la Celestina, el Quijote! me acuerdo en el instituto… un coñazo… Y luego me dice: yo entonces leía a Julio Verne, que sí que me gustaba… Y yo me pregunto ¿y qué es Julio Verne más que un clásico? Que sea bueno leer a los clásicos no quiere decir que vayan a gustarnos ni tampoco significa que tengamos que leerlos a todos porque no nos bastaría una vida dedicada a tal fin. Lo peor del asunto sucede cuando me revuelvo y digo: vamos a ver, más allá de que te guste o no La Celestina ¿por qué tengo que justificar que haya que leer y estudiar a los clásicos en la educación obligatoria y a nadie se le ocurre pedir que se justifique que haya que estudiar matemáticas? Respuesta obvia (y trampa): con las matemáticas se come, con la literatura no, la literatura es ocio. (No grité, pero ganas no me faltaron).

¿La literatura es ocio? Sí, es ocio y también placer, disfrute, saber, conocimiento, riqueza lingüística, nuevos contextos… ¿De verdad hay que explicar que es bueno meter la literatura en la vida de nuestros hijos? Sí, hay que explicarlo porque son legión los que creen que los nativos digitales tienen unos intereses distintos a los de generaciones anteriores… Lo que me lleva de nuevo a la imagen del hombre desnudo frente al espejo, es decir, lo que me lleva de nuevo a la realidad evidente de que a lo largo de los años, las décadas y las generaciones cambian más los contextos y circunstancias que el propio hombre.

Leer a los clásicos es hacer precisamente eso, desnudarnos de los signos de nuestro tiempo, de lo accesorio, e ir a la esencia de lo que fuimos, somos y seguiremos siendo, hombres: la única especie creativa sobre la faz de la tierra, la única que va más allá de su propia supervivencia, la única que no se limita a servirse de los recursos que encuentra sino que además crea nuevos recursos, la única especie que tiene un fin que va más allá de su propia supervivencia: el saber… el saber que está en los clásicos.

¿Y cómo se hace leer a un adolescente hoy en día? En primer lugar no se hace leer al adolescente sino al niño, el hábito de lectura comienza a trabajarse antes de que el niño empiece a leer, se empieza leyéndole… Y en segundo lugar ¿que cómo se le hace leer? Del mismo modo que se le hace estudiar matemáticas: hay un combo de saberes esenciales que tienen que adquirir antes de Bachillerato y no valen excepciones ni discusiones: se puede negociar lo que se lee, no si se lee o no ni tampoco si se lee cualquier cosa… (y conste que soy de las que prefiero que se lea cualquier cosa a que no se lea por una razón muy sencilla: si se lee se puede llegar a leer lo bueno, si no se lee nada es imposible llegar a leer lo bueno… y lo bueno son siempre los clásicos).

No me adentraré en la película de terror que es el currículo de literatura en Primaria y Secundaria porque lo cierto es que a poco que se repasen los libros de texto actuales se puede concluir que la reducción de contenidos afecta a todas las materias ¿y por qué se me antoja particularmente grave lo que tiene que ver con el ámbito de la lengua y la literatura? Lo he dicho ya: porque la lengua es la herramienta más poderosa que tiene el hombre, los clásicos son un compendio del saber humano accesible a toda la humanidad usando esa poderosa herramienta… El lenguaje es el principio de todo, el saber es lo ya descubierto, conocido e inventado y todo lo demás viene después…

¿Conclusión? La conclusión es una pregunta: tanto si pensamos que la literatura es ocio (y por tanto opcional) como si entendemos ya que es saber (y por ende obligatoria) ¿por qué aceptamos sin rechistar que desaparezca de la vida de nuestros hijos? ¿Por qué aceptamos esa renuncia al ocio, el placer, el conocimiento, el saber… tan accesible para todos?.

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