Si vas a leer algo, que no sea el odio.

Me maravillan los juegos malabares de periodistas y juristas defendiendo la publicación de ‘El odio’ el libro que un periodista, a modo de true crime, le ha escrito a uno de los asesinos más repugnantes que ha dado de sí nuestra Españita, José Bretón.

Me maravillan porque hablan de cosas tan estupendas como la libertad de expresión anteponiendo los derechos del asesino a los de las víctimas o, cuando menos, planteándolos en pie de igualdad. No es que yo esté en contra de la publicación del libro (estoy en contra, frontalmente en contra, de su lectura), es que estoy en contra de que haya podido escribirse del modo en que se ha hecho. Y no me vengan con Capote y A Sangre Fría, que nos conocemos… más que nada porque si para que las víctimas puedan descansar en paz (tanto las muertas como las vivas) tenemos que perdernos una pieza literaria de primer nivel pues nos la perdemos, que el artista pergeñe una que no perturbe la paz de la víctimas y andando…

Porque para mi la clave está ahí, la libertad de expresión está muy bien, es básica en democracia, claro que sí pero es que hablamos de un asesino condenado a perder su libertad… ¿por qué eso no afecta también a su libertad de expresión? Porque resulta que al preservar su libertad de expresión le estamos dando el único arma que necesita para seguir hiriendo a quien quiso herir desde el principio, a su mujer, la víctima viva de esta historia, las muertas son los dos niños a los que su padre mató y quemó… ¿de verdad le vamos a permitir a este señor que mantenga intacta su libertad de expresión después de haberlo condenando a cadena permanente revisable, es decir, a no volver a ser libre jamás? No entiendo por qué por muy juristas que se me pongan y menos aún por muy periodistas que se me pongan…

Menos aun, decía, desde el periodismo porque cuando se ondea la bandera de la libertad de expresión del escritor y periodista para defender que el señor Bretón hurgue en la herida incurable que infligió a su mujer lo que se está defendiendo es la libertad de expresión del culpable y condenado por encima de la protección de las víctimas y se hace con la excusa de defender la libertad de expresión de todos… Pues no lo veo, no entiendo que un tipo al que condenamos a perder la libertad pueda tomarse estas libertades, menos aún entiendo que nadie preste su pluma para mayor gloria del asesino, que haya editorial que publique el despropósito… y que haya quien lo lea.

Miento, que haya quien lo lea sí lo entiendo, no entenderlo es desconocer al ser humano pero si no somos capaces de ver la diferencia entre leer o ver en TV un true crime con dar al asesino más minutos de fama, gloria e inmortalidad de los que logró con sus macabros asesinatos es que estamos perdiendo civilización y haciéndonos cada vez más bárbaros.

Perdonar a los malos y malvados es una cosa, olvidar a las víctimas otra bien distinta y la más fea de todas es anteponer los supuestos derechos de un condenado a cadena perpetua revisable a los derechos de sus víctimas y todo por la libertad de expresión de un periodista ¿o es por su derecho a hacer caja?.

Dicho todo esto… que pase lo que la justicia diga que tiene que pasar, que se publique el libro si se tiene que publicar pero, háganme caso, no lo lean, no dediquen su atención a ese asesino que la busca ni a ese escritor que no quiso hablar con la víctima antes ni después de escribirle el libro al asesino; si quieren true crimes y novelas negras, las tienen a punta pala en plataformas y librerías, es más, vayan a la hemeroteca de los periódicos si quieren saber de este true crime en particular, está tan reciente que podrán leerlo todo de principio a fin.

No debemos perder la humanidad, dicen… yo voy más allá, la humanidad tiene sus cosas, algunas maravillosas y otras terribles (el asesino es muy humano también), lo que no debemos perder es la civilización porque ser civilizados es lo que nos permite condenar al ostracismo al asesino y apoyar a las víctimas. Lo demás es barbarie y odio, el odio.

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Créanme que me ha costado decidirme a escribir esta reflexión porque sé lo que cuesta escribir un libro, lo que le cuesta a una editorial publicarlo, el esfuerzo que hay que hacer para promocionarlo después del de escribirlo y revisarlo galeradas van, galeradas vienen… pero si tenemos que defender la civilización, y creo que estamos obligados a ello salvo que queramos arriesgarnos a perderla, tenemos que hacerlo incluso cuando duele a libro y por encima y por debajo de cualquier corporativismo.

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