Hay verdades comúnmente aceptadas como tales que tienden a incomodarme cada día más… ¿por qué? Porque el hecho de que sean comúnmente aceptadas como verdad no las hace ciertas ni verdaderas; una de esas verdades que lo son solo un poco o solo a ratos es esta: los niños de las familias con menos recursos son los más desfavorecidos (y por ende los que más necesitan del sistema educativo para progresar).
Suena lógico ¿verdad? Tanto que todos lo aceptamos como cierto, es más, aportamos incluso estudios y estadísticas que así lo demuestran y hasta nos consideramos afortunados porque nosotros no somos los más desfavorecidos, nos sentimos en deuda con ellos; vamos incluso más allá, señalamos a quienes, sin ser de los más desfavorecidos, osan ser críticos con determinados aspectos del sistema educativo, supuestamente, pensando en el beneficio de sus hijos y no en el de los más desfavorecidos (como si al poder pagar una clase de apoyo (a veces con mucho esfuerzo) pudieras tapar todas las grietas del sistema educativo para tu hijo).
Pues bien, niego la mayor. ¿Que existe un porcentaje de familias con pocos recursos en las que se cumple el dato cierto de que sus hijos son los que presentan un peor desempeño escolar y, por tanto, afrontan el futuro en peores condiciones? No lo niego, lo que niego es que se pueda trazar una correlación directa entre ‘las familias con pocos recursos’ y ‘los alumnos con peor desempeño‘; afirmar tal cosa es negar, en primer lugar, la responsabilidad de los padres sobre la educación de los hijos independientemente de su nivel de estudios o económico y en segundo lugar supone aceptar un marco que hace tiempo que ha caducado: hoy en día el acceso al saber es universal, no hace falta ser una familia con recursos para hacer uso de las bibliotecas públicas, por ejemplo, y son muy pocas las familias en cuya casa no hay acceso a internet; lo que hace falta es ser consciente de la importancia de una buena educación y esa certeza no viene con la cuenta bancaria, viene con la educación misma y por supuesto con la lucidez (que tampoco cotiza en bolsa).
Trazar esa correlación directa entre las familias con menos recursos y los niños más desfavorecidos es aceptar una falacia en la que ahondan quienes piensan en la escuela como la única salida de esos niños y lo hacen, curiosamente, teniendo razón: la educación es el único ascensor social al que ‘los más desfavorecidos’ pueden tener acceso y por eso, precisamente por eso, el sistema público de educación tiene que ser no solo bueno sino excelente; y eso no pasa por poner ni quitar pantallas ni por pagar una clase de apoyo o media docena sino por dejar de ver la escuela como un parque de atracciones (qué magnífica frase, y título de un libro, de Gregorio Luri: la escuela no es un parque de atracciones).
Decís que las escuelas tienen que ser digitales porque los niños lo son y porque los más desfavorecidos, si no es en la escuela, no tendrán acceso a la tecnología y se quedarán atrás… Y todo ello parece cierto y es falso: los niños no son digitales, usan la tecnología pero ni son nativos digitales ni se van a convertir en ciudadanos digitales… más bien se convertirán en ciudadanos esclavos si no recuperamos el deber ser de la educación que es convertirlos en ciudadanos libres.
Se me ocurre una pregunta: quienes abogáis por una digitalización acrítica de la escuela para proteger a los niños de las familias mas desfavorecidas de la falta de contacto con la tecnología ¿os preocupáis igualmente por su exigua comprensión lectora a falta de libros en sus casas? No lo hacéis… Y vayan esto por delante: no pertenezco a la liga anti-pantallas ni a la liga pro-digitalización de la escuela, creo que la tecnología es una herramienta más y que debemos usarla cuando aporte algo bueno y desecharla si nos aleja de nuestros objetivos: si sabemos que la exposición temprana a las pantallas provoca problemas de atención en los niños que acaban alejándolos de la lectura y empeorando su comprensión lectora ¿tiene sentido digitalizar las etapas tempranas de la educación? No lo creo; en cambio, si sabemos que los adolescentes van a recurrir a internet para consultar sus dudas, documentarse para hacer un trabajo… (no digamos ya para usar la IA con fruición…) ¿tiene sentido que los mandemos a la biblioteca como si no supiéramos lo que van a hacer, como si no pensáramos que es importante que sepan cómo hacerlo? Pues tampoco lo veo. Eso así, por dar dos pinceladas respecto a lo que pienso de las pantallas en educación: que todo lo que pueda hacerse a través de la tecnología no va a hacerse de otro modo es cierto pero eso no significa que no haya que aprender a hacerlo de otro modo; en educación la clave no es cuán digital será el mundo en el futuro sino cuál es el mejor modo de preparar a los niños para ese futuro, la solidez del aprendizaje no es cuestionable, no puede serlo… Pero me estoy desviando del tema…
Decía que trazar una correlación directa entre las familias con menos recursos y los alumnos más desfavorecidos es una falacia y lo es porque pone la carga de la prueba sobre los recursos cuando hoy la educación es pública, hay bibliotecas públicas… la carga de la prueba no hay que ponerla tanto en los recursos (sin pretender soslayar lo obvio, la vida suele ser más fácil con más que con menos recursos) como en los padres y no me refiero a su nivel educativo (aunque también influya) sino a la importancia que dan a la educación de sus hijos; tanto es así que cuando pienso en los alumnos más desfavorecidos no pienso en aquellos que viven con menos sino en los que tienen padres a los que les importa entre cero y nada su educación ¿que estudias? bien ¿que no? también. Y los hay.
A esta certeza, porque para mí es una certeza, no he llegado por ningún estudio recientemente publicado sino porque la he visto desplegada ante mis ojos, en mi casa: mis abuelos eran el paradigma de familia con pocos recursos: ella agricultura, había dejado la escuela con 8 años para ayudar en casa porque eran familia numerosa y comer cada día era un logro, él empezó como aprendiz en los astilleros a los 14 años; se casaron sin casa, vivían con lo justo, tuvieron tres hijos… y dos fueron a la universidad, el tercero (que era en realidad el primero, el mayor) no fue porque no quiso pero acabó el bachiller.
¿Y cómo es esto posible con padres con bajo nivel de estudios y con pocos recursos…? Porque los padres con pocos recursos se pusieron como objetivo dar a sus hijos las oportunidades que ellos no habían tenido; tanto fue así que en su casa no había libros, no… hasta que los hijos se acercaron a la adolescencia, entonces se hicieron socios del Círculo de Lectores porque los niños necesitaban libros para aprender, para progresar…
No, queridos, los más desfavorecidos no son los alumnos de las familias con menos recursos dicho así en general y con brocha gorda como lo decimos, por supuesto que lo son si nos vamos a la horquilla más baja, del mismo modo que los más favorecidos serán los de la horquilla más alta, ahora bien, la mayoría de los alumnos ni son los niños bien del barrio rico que pueden pagar una universidad privada ni los niños del poblado de chabolas, son niños de familias que viven con más o con menos, con el sueldo de sus padres, y para ellos la clave no es cuántas pantallas hay o cuántas pantallas faltan en el colegio ni si los padres los pueden mandar de campamento o no, la clave es, por una parte, la importancia que sus padres dan a su educación y por la otra la solvencia del sistema para darles la formación que necesitan para progresar en su vida; quienes saben que lo mejor que pueden hacer por sus hijos es darles una buena educación y se la dan aprovechando los recursos de los que disponen no encajan en la etiqueta ‘los más desfavorecidos’ porque cosas esenciales como un buen hábito de lectura, con la biblioteca del cole o las bibliotecas públicas, está al alcance incluso de las familias con menos recursos y esa es, precisamente, la base de un buen proceso de aprendizaje; ¿que con un buen sistema educativo todo es mejor y más fácil? ¡claro! ¡para todos, incluso para los que pueden pagar una clase extraescolar! Y a eso hemos de aspirar, por eso hemos de luchar... y escapar de los falsos debates educativos que no son pocos.
Además, quienes cuando hablan de educación lo hacen siempre sacando la bandera de quienes tienen menos recursos y los más desfavorecidos olvidan algo: la escuela es la escuela de todos, por algo es pública, y debe dar respuesta a las necesidades de todos, no porque todos lo merezcan ni por la igualdad, la equidad ni cosa semejante sino porque es lo mejor: de la escuela salen los más y los menos desfavorecidos y cuando mejor preparados salgan, todos, será mejor para todos ¿qué quiero decir con esto? Quiero decir que así como la escuela tiene que ser la oportunidad para quienes no van a encontrar una mejor, tiene que ser también el trampolín para quienes tienen la inteligencia y la capacidad de esfuerzo necesaria para usarla e, insisto, no lo digo porque tengan tanto derecho los unos como los otros a una escuela excelente, que lo tienen, lo digo porque, como ha expuesto Reverte en alguna ocasión, son precisamente los más brillantes los que van a tirar del carro de todos… Son pocos los llamados a cambiar el mundo (a curar el cáncer, a crear un páncreas artificial o a viajar a Marte…) y, con un mal sistema educativo, serán todavía menos. Y eso también es un drama porque esos pocos son los que más aportan al bien común, dicho de otro modo, su buen desempeño favorece a más.
[…] el uso de pantallas… Supongo que sí pero la único que leo esgrimir con fruición es que los más desfavorecidos necesitan la digitalización de la escuela porque no cuentan con esas herramientas en su casa: no […]
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