De Cmglee - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=91612069

Queridos milenials, nada empezó con vosotros…

Queridos milenials, siento ser yo quien os diga esto (en realidad no, lo cierto es que incluso lo disfruto pero esa es otra historia): el mundo posmoderno que algunos adoráis y del que otros renegáis, en el que tratáis de encontrar vuestro espacio o en el que os revolvéis como podéis no surgió por arte de magia en un momento de la vida de vuestros padres boomers, no os cayó encima como si fuera un meteorito llegado de Marte. Hay vida entre vuestros padres boomers y vosotros, una vida en la que aterrizó internet para provocar un cambio más profundo que cualquier cambio generacional, un cambio de era, y no, no os dio a vosotros en la cabeza porque estabais en la cuna, algunos ni siquiera habíais nacido, nos dio de lleno a quienes estábamos entonces en la universidad… ¿y quiénes somos? Somos esa generación que no veis, la que está entre vosotros y vuestros padres, la generación X.

No voy a hacer un elogio de mi generación, sería entrar al trapo de los que tratan de etiquetarnos como sea para luego enfrentarnos, de hecho no quiero tampoco enfrentarme a vosotros, solo deciros que existo, que la generación X existe, que no prestarnos atención, que el hecho de que ni siquiera nosotros nos prestemos atención, puede que nos haga invisibles pero no inexistentes y, curiosamente, si nos observaseis un poco, aunque sea con la curiosidad justa (esa con la que os miro yo a vosotros), cabe que encontrarais algunas de las respuestas que buscáis, no porque seamos muy listos, no lo somos ni más ni menos que vosotros, solo porque por donde estáis vosotros ahora, nosotros transitamos hace no mucho, porque nosotros sí fuimos los primeros en algo, en la era del interné… una era que no empezó con vosotros.

Para que os hagáis una idea de hasta qué punto os parecéis a nosotros (de cuán continuación de nosotros sois… con una salvedad a la iremos después) os diré que ya fuimos de erasmus (yo no, pero otros muchos de mi edad sí), ya viajábamos tanto como podíamos porque era muy cool, ya tuvimos hijos tarde porque teníamos que conquistar antes los cielos profesionales, ya emigramos, algunos porque queríamos hacerlo, otros porque no tenían una opción mejor, ya nos las vimos de todos los colores para alquilar un piso (en Madrid ni os cuento… en el año 2000 hice cola para ver pisos y pagaba de alquiler más de la mitad de mi sueldo porque, después de 8 años compartiendo piso de estudiantes, a mi de las bondades del coliving no me hubiera convencido ni la mejor campaña gubernamental…), nos casamos tarde (los que nos casamos), tuvimos hijos tarde (los que los tuvimos) y pocos; ya descubrimos que tanto curro no merecía la pena pero sí el sueldo porque para pagar la hipoteca hacían falta dos, ya nos volvimos locos buscando el cole bilingüe más estupendo, el que tuviera actividades extraescolares más espectaculares, inglés desde pequeños pero también francés o alemán, atención al chino que viene fuerte, tecnolgoía, ¡deporte! ¡qué no falte el deporte!, y los cumpleaños en los parques de bolas y… (y luego el niño cumple 10 años, en la farmacia le hacen un control glucémico y da 495, llegas al hospital y está ya en 666 (no es broma, fue así…), te dan el diagnóstico evidente: diabetes tipo 1, insulinodependiente por siempre jamás y tú te preguntas qué carajo te importa, qué carajo importó nunca el baloncesto, el chino, el parque de bolas y la veloz rueda infame de cosas intrascendentes que te parecían lo más importante el mundo hasta un diagnóstico antes… pero esa es otra historia).

No es que importe. No es que importemos. No importamos más ni menos que vosotros pero, si queréis, podemos ser vuestra ventaja, queridos milenials, porque algunas de las preguntas que os hacéis las resolvemos nosotros como podemos, son nuestra realidad; se preguntaba Ana Iris Simón en una entrevista con Álvaro Bernard en Vione cómo se las apañará su generación cuando se les junte la adolescencia de sus hijos con la ancianidad de sus padres… pues no lo sé, pero si desde la treintena en la que viven quienes se hacen tal pregunta miráis hacia los que estamos estrenando la cincuentena veréis lo que hacemos exactamente en esa situación (a la que hay que añadir otras variables que la complican más, si cabe como la hipoteca (por no hablar de otras cosas propias de esa edad…), habrá respuestas que os gusten más que otras pero el mero hecho de observarlas os podrá servir para aprender en carne ajena, que siempre duele menos que hacerlo en carne propia.

Además, si seguís empeñados en sentiros los inventores de la posmodernidad, el único mundo tras los boomer, las víctimas de la posmodernidad… corréis el riesgo de convertiros en el queso del sándwich en el que, inevitablemente, quedaréis metidos (aislados e incomprendidos incluso por vosotros mismos): la generación X a la que ignoráis y la generación Z educada por esa generación X serán los panes: ¿recordáis las cosas que se dicen ahora de los zoomers? ¿os habéis parado a pensar como la izquierda ha desistido de que se vote a partir de los 16 años? No ahondaré aquí en cómo son o dejan de ser los zoomers porque buena parte de esa generación está todavía haciéndose en su adolescencia pero sí os diré algo: vosotros, milenials, sois los damnificados del wokismo, no lo son tanto los zoomers y menos aún la generación X (aunque ciertamente la línea que separa las generaciones es siempre fluida y hay de todo en todas partes) y ya sabéis lo que le pasa al queso cuando el pan comienza a calentarse… Yo que vosotros me dejaba de tanta fluidez y abogaba por un poco más de consistencia… y realidad (cosa que hace en buena medida, por cierto, Ana Iris Simón).

Pero qué sabré yo, qué sabrá esa ignorada generación X… (sí, estoy tirando de ironía).

2 comentarios

  1. […] Aprendimos a andar en bicicleta pegándonos unos leñazos monumentales según nos iban retirando los ruedines, podía ser una Derby azul o una BH roja… tal vez hubiera otras marcas y colores pero yo recuerdo esas porque eran la mía y la de mi hermano, miembro también de la silenciada, a la par que incomprendida, Generación X. Nos llegó el móvil y el internet cuando buscábamos el modo de comernos el mundo, mientras nos sacudíamos los usos y costumbres que cambiaron a velocidad de vértigo en los 90, mientras pasábamos por la Universidad (no tengo tan claro que la Universidad pasara por nosotros como ha pasado después por los Milenials). […]

    Me gusta

Deja un comentario