El Bien Común como coartada.

¿Qué por qué somos cada vez más los que nos alejamos de las tertulias y rendimos nuestras orejas (y algún que otro puñado de neuronas) a los podcasts? Por una parte está lo de escucharlos cuando y como quieras y por otra parte la de elegir el contenido… A poco que hayas hecho una selección de podcasts de cabecera, siempre tendrás algo interesante que escuchar. Y a poco que tiendas a darle vueltas a lo que escuchas necesitarás un blog para ordenar las ideas que se te arremolinen en la cabeza tras la debida escucha. Y quien dice un blog dice un substack (pero esa es otra historia).

¿A qué le estoy dando vueltas? Al Bien Común ¿y a santo de qué? la culpa es por una parte de Julio Llorente y ViOne y por otra de David Cerdá: el uno dedicó una Taberna Ilustrada al Bien Común y el otro, lamento no recordar dónde le oí exponerlo, incidía en la importancia de hablar menos del bien común y más del bien. Y tiendo a pensar que es así, que más nos valdría hablar más del bien y menos del Bien Común, no porque el Bien Común no sea importante ni mucho menos porque sea un concepto con aristas sino porque tiende a funcionar como coartada. El Bien Común hoy es la coartada del colectivismo y, en mi opinión, el colectivismo es la antítesis del bien porque el colectivismo no es la unión de muchos por el bien común a todos ellos sino la unión de muchos por el bien de unos pocos a costa de esos muchos colectivizados (y, por descontado, de los que están por colectivizar).

Cuando aceptamos la contraposición del bien común con el bien individual denostando el segundo en favor del primero podemos estar en lo cierto, especialmente si entendemos bien individual como egoísmo y bien común como solidaridad, pero podemos también estar haciendo el caldo gordo al colectivismo; además olvidamos algo esencial: el bien común no nace con el hombre, al bien común llega el hombre ¿y cómo? buscando el bien individual: para explicar esto nos sirve divinamente navegar en las diferentes teorías acerca del origen del lenguaje porque hay algo común a todas ellas: todas aceptan que el hombre desarrolla su capacidad lingüística como respuesta a una necesidad previa, por ejemplo, el recolector quiere avisar a otros de su tribu de donde hay frutos que recoger porque él no puede recogerlos todos, eso además de que sabe que así cuando sea otro el que encuentre los frutos le avisará de dónde están; es el bien individual (el del hombre que busca frutos para alimentarse y alimentar a su prole) el que lo lleva al bien común (a trabajar conjuntamente con otros porque eso beneficia a todos).

También recuerdo una película que, sin ser una gran película, tiene un final brutal, uno de esos que si lo ves cuando eres poco más que una adolescente, como fue mi caso, no lo olvidas jamás: la película en cuestión trata sobre un par de jóvenes de un grupo de debate universitario a los que, en la liga de debate, les toca defender el no al aborto, algo que a ambos (chico y chica) les cuesta lo suyo porque, a priori, su opinión es la contraria. Pero resulta que, obligados a defender algo en lo que no creen, se ponen en los zapatos de sus oponentes, tratan de entender sus motivos y descubren un mundo de grises y matices no poco importante; la escena final, esa que se me quedó grabada, la protagonizó el chico, que fue a quien le tocó cerrar el debate, y ni corto ni perezoso el tipo preguntó: si te dijeran que puedes lograr la paz en el mundo (no se me ocurre mayor bien común que ese…) pero que para hacerlo tienes que matar, con tus propias manos, a un bebé en su cuna… ¿lo harías?. Insistió en la idea de que si decides apostar por ese bien común, la paz en el mundo, con la inmensa cantidad de vidas que salvarías, tendrías que matar con tus propias manos a ese bebé… La decisión ya no parece tan fácil, el bien común ya no parece siempre un bien mayor… o sí pero ¿a qué precio?.

Entiendo el Bien Común, entiendo que el hombre es un ser social que vive mejor en convivencia con otros pero si insistimos demasiado en la idea del bien común podemos acabar apoyando barbaridades como hacen quienes otorgan derechos a los colectivos (derechos que hurtan al individuo que llora en su cuna…). ¿El hecho de que el Bien Común se use como coartada para males mayores debe llevarnos a rechazarlo? Sólo si estamos dispuestos a dejar de ser seres sociales o a convertirnos en bárbaros, es decir, no. Pero me quedo con el planteamiento que leí a Enrique García Máiquez en Cuadernos CEU-CEFAS (Cuaderno 10 / invierno 2024: Las fronteras del Bien Común); dice García Máiquez que ser uno es un deber de todos, ser uno para sumar porque si no es uno no se suma; y dice también que la mejor contribución al Bien Común es la que consiste en el cumplimiento del deber particular, la vocación personal y la vida vivida según los dictados de la propia conciencia, resumido en una frase: común, de acuerdo, más mi parte de bien la haré yo.

Cuantas más vueltas le doy al asunto más absurda veo la contraposición entre el bien común y el individual, más redondo y perfecto me parece el concepto del bien, sin adjetivo que lo califique, y más me reafirmo en la importancia de la responsabilidad individual, sin coartadas ni excusas de ninguna clase, para sumar, para aportar lo nuestro a ese Bien (Común).

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