Hay palabras que eran bonitas y son ahora apenas nada; son palabras manoseadas hasta la nausea, usadas como si fuesen antítesis de sí mismas, retorcidas hasta lo inimaginable y, finalmente, vacías, huecas, sin sentido porque han perdido el ser, la esencia, su auténtico significado… ya no significan nada, son mantras desarraigados de lo humano. Lo inquietante es pensar dónde va el significado de las palabras cuando las deja vacías y si los hombres serán capaces de reencontrarse con esos significados perdidos y darles palabras nuevas… Más nos valdría que así fuera.
Para entender la gravedad de la pérdida de la que estamos siendo víctimas sin darnos cuenta ni poner freno a tamaño maltrato de nuestro lenguaje habría que empezar por entender la importancia del lenguaje en nuestra vida pero este no es el objeto de este artículo, sólo dejaré aquí un apunte: el lenguaje es la herramienta con la que nos comunicamos, sí, pero es mucho más que eso, es la herramienta que usamos para pensar, para aprender, para enseñar… Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro pensamiento y por tanto de nuestro mundo y de nuestra capacidad de aprender y progresar; cada daño que infligimos al lenguaje es una piedra en nuestro camino.
Hecha esta aclaración, voy a al lío… y el lío es tomar consciencia de cuánto hemos perdido ya con la degradación de nuestro lenguaje, con el manoseo de palabras que eran bonitas (y mucho más que eso, eran importantes) y su pérdida de significado (significados que siguen siendo importantes y que ya no están, que se han licuado y evaporado):
DIÁLOGO
El diálogo, dialogar para llegar a acuerdos, es una buena idea siempre y cuando no olvidemos que dos no dialogan si uno no quiere, tampoco si se convierte en una herramienta impuesta o en un subterfugio para acometer un chantaje; si la solución a todo conflicto es el diálogo sin valorar la capacidad e intención dialogante (la verdadera, no la aparente) entonces ya no hay solución porque no hay diálogo posible. Además ¿en qué marco se dialoga? Porque habrá que poner un marco, limitar el campo de juego o negociación para que el diálogo tenga sentido ¿o vamos a aceptar que lleguen unos a la mesa diálogo con metralletas o advirtiendo de antemano que no hay nada de negociar, que solo van a que se les de lo que consideran suyo? El diálogo usado a destajo como bálsamo de Fierabrás ya no cura ni el más leve de los resfriados.
MODERADO / MODERACIÓN
Ser moderado, templado, razonable, tolerante… ¿quién podría negar que es una virtud expresada con al menos cuatro palabras? Pero ¡amigos! ¿qué hay entonces de la pasión, de la emoción, del arrebato, de la convicción? No osaremos decir que son defectos… o sí, porque lo cierto es que cuando la moderación ya no es templanza en las formas sino tolerancia a todo en el fondo, pierde su auténtico significado y quién osa defender aquello en lo que cree apasionadamente (que no violentamente) es tachado de violento, de ser activo de violencia política nada menos así que o bien te dices moderado sabiendo que te estás reconociendo como ‘el que se aguanta’ y no como el de la templanza, o te arriesgas a caminar por la vida con la etiqueta de ultra colgada al pecho… y arrancarte la etiqueta, incluso el mero hecho de ignorarla, te hará si cabe más ultra. Y todo porque hemos licuado la palabra moderación, porque la hemos vaciado de su auténtico significado.
DERECHOS
Si todo es un derecho, nada lo es. ¡Qué terrible perder el auténtico significado de la palabra derecho! ¡Con tanto esfuerzo como ha costado su conquista a quienes, mucho antes de que nosotros fuésemos siquiera un proyecto de futuro, construyeron el mundo occidental piedra a piedra, derecho a derecho! Y, por si esta pérdida fuese poco, nos encontramos con choques de derechos, porque si mis deseos y mis sentimientos son mis derechos puede suceder, sudece de facto, que choquen con los deseos y sentimientos de otros (que también son, por supuesto, sus derechos… o no); puedes ser mujer si te sientes mujer aunque tu biología te contradiga y, por razones que no alcanzo a entender (o a querer entender…) ese derecho está por encima del derecho de una mujer, a la que la biología no contradice, a utilizar las duchas de un gimnasio sin compartirlas con hombres biológicos.
SOSTENIBLE / SOSTENIBILIDAD
Si todo es sostenible, nada se sostendrá… o lo hará sobre nuestras espaldas. En aras de la sostenibilidad del planeta (un concepto etéreo en sí mismo que nadie logra definir aunque sus defensores lo intenten cada día) hacemos la vida de sus habitantes cada vez menos sostenible, cada vez más dura, más difícil; damos pasos atrás diciendo que son pasos adelante y lo que cada vez se sostiene menos es el mantra de la sostenibilidad. Pero lo grave no es que caiga el mantra (tanta paz lleve como descanso dejará el día que de verdad se volatilice), el problema es que al haber perdido el significado de este concepto, al haberlo sepultado tras capas y capas de pintura verde, cabe que olvidemos su verdadero sentido y eso es tanto como olvidar que la vida, el mundo, es una cuestión de equilibrios.
MEDIADOR / MEDIAR
Si la mediación es siempre la respuesta, si el origen y raíz del conflicto no cuenta, si agresor y agredido han de sentarse en igualdad de condiciones frente a un mediador… ese mediador no media, es sólo un policía en la sala para impedir que el conflicto llegue a las manos ¿un ejemplo? Un caso de okupación ¿hay que mediar entre el propietario y el okupa? ¿hay que negociar entre quien delinque quien es víctima de la delincuencia? No solo ha perdido su sentido la mediación, lo ha perdido hasta la ley porque si la ley no protege a quienes la respetan es una ley fallida, no es ley.
PROGRESO / PROGRESISTA
El sinsentido de la palabra progresista empieza en su uso como categoría política, aceptar que solo un espectro político busca el progreso social es el primer despropósito, aunque no el último; las cotas del despropósito que estamos alcanzando son difíciles de creer: el ecologismo defendiendo las plantaciones de placas solares o aerogeneradores en lugar de los olivares o la huerta de Murcia, las feministas defendiendo los derechos de quienes se definen como transexuales por encima de los derechos de las mujeres, médicos, psicólogos y pedagogos defendiendo el derecho de los niños a mutilarse por encima de la obligación de los padres de proteger y educar a sus hijos…
MENTIRA / CONFIANZA
Cuando la mentira se define como un cambio de opinión… la mentira ya no existe. Y eso que podría sonar a buena noticia ¿no sería estupendo que la mentira no existiese, que todo lo que vemos, sentimos, decimos y oímos fuera verdad? (no, no lo sería… pero esa es otra historia); lo que sucede en realidad es que la mentira sigue existiendo sin concepto que la defina, se convierte en un cáncer que lo degrada todo porque, dado que aparentemente no existe porque si una mentira es susceptible de ser un cambio de opinión ya no es mentira; cierto es que mentira no es una palabra bonita y favor le hago incluyéndola en esta lista… favor que le hago porque el drama de que hayamos vaciado de significado la palabra mentira no está en el eco que se oye ahora al decirla sino en otros conceptos que, como en un juego de dominó, han caído con ella: la fe (en la palabra dada) ¿cómo confiar en lo que nadie dice si, a cuenta de un cambio de opinión, puede decir mañana lo contrario con la misma convicción, que es ninguna?. Puede que perder la fe no os parezca preocupante (porque ya la hayáis perdido y sigáis viviendo y respirando con absoluta normalidad, sin percataros de cuánto habéis perdido) pero no diréis que no es terrible haber convertido la confianza en un despropósito y a quien confía en un incauto.
Eso así, hablando de palabras gruesas e importantes, luego están las pequeñas pérdidas que, aunque tienen algo de cómico, no deben movernos a la risa sino a la preocupación: que cancelar sea dejar de publicar y leer a un escritor en lugar de anular una cuenta bancaria o un viaje, que progreso sea llevar a los niños al colegio en un carrito tirado por una bicicleta que mueves a pedales y no en coche o en autobús, que poner nombres en inglés a cosas feas las convierta en bonitas (coliving para compartir piso porque no puedes pagar un alquiler, staycation para quedarte en casa porque no puedes permitirte viajar en vacaciones, coworking para una oficina compartida porque ni tienes espacio para trabajar en casa ni una oficina…).
Puede parecer un asunto menor cuando no absurdo preocuparse por la belleza de las palabras pero no lo es porque esa belleza no radica en su sonoridad, (si fuera por eso nos quedaríamos con palabras como limonero, que suena igual de bien si los limones son valencianos, marroquíes o transgénicos), la belleza de las palabras está en su significado, ahí está su auténtico valor y si perdemos eso lo perdemos todo porque cuanto más limitado sea nuestro lenguaje, cuanto más lo pervirtamos sometiéndolo entre otras barbaridades a las leyes de la propaganda de Goebbles, menos civilizados seremos nosotros y, si hay que elegir entre civilización o barbarie, no deberíamos tener dudas: elegir progreso es elegir civilización y el camino más seguro hacia la civilización empieza en la amplitud del lenguaje (piensa sino en cómo vivíamos en las cavernas antes de desarrollar nuestra capacidad lingüística…).