Un lugar en el mundo: el Jardín del Príncipe.

A los lugares que son Patrimonio Nacional les ocurre lo mismo que a las obras literarias que son clásicos o que son canon, lo son por alguna razón de ahí que ponerte los Reales Sitios por destino sea siempre una gran idea; ahora bien, cabe que pienses que son lugares sobradamente conocidos y en cierto modo es así pero, a poco que los visites, te darás cuenta de que incluso los más populares guardan mucha más belleza de la que imaginabas y los menos populares son auténticas joyas sorpresa. A mi uno de los que más me sorprendió fue el Jardín del Príncipe de Aranjuez.

Cuando piensas en los Reales Sitios y en Aranjuez piensas, inevitablemente, en el Palacio de Aranjuez e incluso en sus jardines pero, cuando llegas allí, descubres que hay otro jardín, uno inmenso, tanto que es el jardín privado más grande de Europa, que guarda auténticos tesoros reales, es el Jardín del Príncipe; recorriéndolo podrás visitar la Casa de Falúas, un museo en el que se exponen las suntuosas embarcaciones con las que la realeza navegaba el Tajo tiempo atrás; la Casa del Labrador, un pabellón de caza que te dejará sin palabras, está actualmente cerrado aunque la buena noticia es que la reforma que ha sufrido para asegurar su perfecta conservación ya ha terminado y es cuestión de meses que sea de nuevo accesible al público; y el tercer lugar que te dejará pasmado es el estanque chinesco, porque es un pequeño (no tan pequeño) y precioso lago de inspiración oriental.

Esos son los tres lugares estrella del Jardín del Príncipe, algo así como los tres lugares clímax de este jardín que podrás pasear durante horas a través de sus senderos sin dejar de maravillarte y, con un poco de suerte, ver alguna que otra ardilla a la caza y captura de algún bocado delicioso.

Este maravilloso jardín se construyó a instancias de Carlos IV cuando todavía era Príncipe de Asturias, de ahí que fuera llamado el Jardín del Príncipe; antes de que la idea de Carlos IV se pusiera en marcha aquí solo había una pequeña huerta y el embarcadero de Fernando VI, espacios que se conservaron, ampliaron y enriquecieron hasta crear el mayor jardín privado de Europa (y uno de los más bellos, me atrevo a decir…).

¿Más detalles bonitos de este jardín? Los hay ¡vaya si los hay! las fuentes, por ejemplo, tanto la de Narciso como la de Apolo son verdaderas maravillas y eso sin entrar a valorar la riqueza botánica del jardín y antes de caminarlo en primavera o en otoño ¿por qué en primavera o en otoño? Porque parecen dos jardines diferentes, uno explosivo y deslumbrante y otro apagado y precioso (imposible elegir solo uno); también te encantará cruzar los puentes sobre rías artificiales que crean islas en las que se desarrollan especies vegetales traídas de otros continentes (son la isla asiática y la americana). Primavera u otoño, decía… pero lo cierto es que en verano es un refugio refrescante en los días más tórridos de un verano que en Aranjuez es más verano que en cualquier otro lugar de Madrid ¿y en invierno? Pues también ¿a quién no le gusta calzarse unas cómodas zapatillas y caminar en un entorno natural de belleza deslumbrante hasta entrar en calor?.

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