¡Balones fuera!

Me maravilla el modo en el que hemos no solo aprendido a tirar balones fuera (como último recurso, cuando tienes al delantero en el área pequeña a punto de chutar a gol puede ser un recurso aceptable, incluso recomendable) sino la firmeza con la que hemos aceptado esta táctica, la de tirar balones fuera, como respuesta a todo en todo momento (también desde medio del campo a poco que el lateral ponga cara de querer correr la banda).

Tirar balones fuera es mandar lejos de nosotros la responsabilidad cuando no echar la culpa a otro (o a lo otro) de lo que quiera que nos pase y a veces será así, no lo dudo, pero otras veces no y lo sabemos (o deberíamos saberlo); aunque esto no es lo esencial.

Lo peligroso de la táctica balones fuera no es que echemos por sistema la culpa de nuestra mala fortuna a los ricos, a los listos, a los que tienen libros en casa, a los que tienen nombre aristocrático, a los que viven en aquel barrio o en aquella ciudad… lo peligroso no está en ese modo infantil de vivir, aunque triste es un rato, sino en lo que hacemos con la responsabilidad: la mandamos, con el balón, bien lejos de nosotros, es decir, jugando a tirar balones fuera nos ahorramos la responsabilidad de jugar.

¿Y a cuento de qué salgo hoy con esta reflexión? A cuento de un comentario en Linkedin que me dejó pasmada: compartía alguien (de cuyo nombre no quiero acordarme) un artículo en el que se hablaba de un nuevo estudio científico según el cual los niños que leían en casa (es decir, los que han tenido padres coñazo de los que les hemos metido cuentos por las orejas (literalmente, porque se los leíamos) desde bien pequeños) iban al menos medio curso por delante (en cuestión de nivel) sobre los que no leían en casa. Nadie cuestiona este dato y alguien (ese alguien de cuyo nombre ya no me acuerdo) tampoco pero planteó lo siguiente: quizá sea aventurado decir que es por la lectura, puede que la razón por la que esos niños van medio curso por delante esté en la genética, cabe que su cociente intelectual sea mayor porque que sus padres sean leídos significa que ya ellos tenían mayor cociente intelectual que otros… Si esto no es tirar un balón fuera, ya me dirán ustedes qué es.

No voy a decirles que para ahorrar disgustos y esfuerzos a sus hijos lo mejor que pueden hacer es fomentar la lectura, las actividades culturales, ver series y películas con enjundia… porque es el único modo de crear pensamiento crítico en lugar de echar más borregos al mundo (aunque lo pienso), lo que voy a sugerir hoy es que jueguen a no dar ni un balón por perdido, ni uno… no tiren ningún balón fuera ¿por qué? Porque estarán enseñando a los niños a asumir la responsabilidad de gestionar cada cosa que les pase (en lugar de culparse o culpar a otros por ello): importa poco si tienen un gran cociente intelectual o uno más bajo, si hay libros en casa o no, si sus padres tienen el bolsillo con agujeros o bien lleno… no importa porque son cosas que no dependen de ellos y la vida no va de lo que no depende de nosotros sino de lo que nosotros podemos hacer; solía decirme un compañero de trabajo (manager en un área de gestión de proyectos) que no elegimos el campo en el que jugamos pero sí cómo jugamos.

La vida no va de culpas, tampoco de derechos ni de privilegios por mucho que cierta casta política se empeñe en convencernos de ello; tampoco va de competir con los otros, de ganar (al fin y al cabo el destino que nos espera a todos es exactamente el mismo, el polvo); de lo que va realmente es de jugar con las cartas que nos toquen, de tratar de manejarlas con pericia sacándoles el máximo partido con las capacidades que tenemos todos: todos podemos esforzarnos, todos podemos insistir y persistir, ser constantes, todos podemos aprender… El tipo con el que competimos no es el compañero de pupitre ni de trabajo, somos nosotros mismos, a lo que tenemos que aspirar es a nuestro progreso personal, a ser hoy un poco mejores y un poco más que ayer ¿que por el camino nos caemos? Pues a levantarse y seguir adelante, sin dramas, sin culpas, con esfuerzo, con lo aprendido bien presente…

No aceptar excusas ni culpas por sistema es una gran idea, ser responsables y respetuosos con los demás es si cabe una idea mejor (complementaria de la anterior); el victimismo es un cáncer que corroe a quien lo alimenta, lo inciviliza, lo convierte en un bárbaro saco de odio; colocar etiquetas a otros es asqueroso (¿quién se cree nadie para decir a los demás lo que son) pero etiquetarnos a nosotros mismos como si fuésemos cajas de galletas en un supermercado es de tontos dispuestos a dejarse tratar precisamente como eso, como tontos útiles; decía Julio Llorente (de su nombre sí me acuerdo porque, tanto cuando estoy de acuerdo con él como cuando no es así me hace pensar y reflexionar) que el wokismo es el escalón superior al individualismo pero no es cierto, es el escalón que lleva al colectivismo, al etiquetaje de la población, a su organización en grupos de interés y la dictadura de las minorías sobre la mayoría. ¿Y por qué acabo en el wokismo si de lo que hablaba es de tirar balones fuera? Porque eso y no otra cosa hace el wokismo: detecta a un grupo susceptible de ser un colectivo unido por sus interés común (las mujeres, los homosexuales, los animalistas…) y le señala a su enemigo (el heteropatriarcado, los ricos, los machistas, los fascistas…), de este modo el balón sale volando a modo de culpa del área de juego dejando al grupo susceptible de ser un colectivo convertido en un colectivo victimista más que no tiene ya modo de responsabilizarse de lo que le pase ni de buscar soluciones porque ha mandado el balón con el que podía jugar al quinto pino (que no a la cabeza de nadie, como se les hace creer…).

Evitar el corrosivo victimismo y el diluyente colectivismo son buenas maneras de alejarse un paso de la inane táctica de tirar balones fuera; inane en cuanto a que casi nunca aporta nada bueno y, aun peor que eso, al mandar el balón fuera del campo incapacita para seguir jugando ¿significa esto que, dado que el wokismo lleva al colectivismo el individualismo es la solución? No. Significa que la solución empieza en el individuo pero si algo sabemos desde hace mucho tiempo es que la colaboración entre individuos es la que nos lleva a las cotas más altas, tanto es así que sabemos que somos el único animal con un lenguaje complejo porque nuestro empeño en colaborar unos con otros para progresar a través de nuestra evolución forzó su surgimiento. Por eso el bien común es un buen objetivo, porque aunque en un momento dado suponga sacrificios a la larga mejora la situación general de la sociedad y eso se traduce en mejoras también para cada individuo, mejoras a las que se llega a través del esfuerzo propio, nunca tirando balones fuera.

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