Endogamia judicial.

Que repetir una mentira mil veces no la convierte en verdad lo sabemos; pero también sabemos que sí la dota de ciertas hechuras que la hacen parecer verdad a quienes quieren creerla, por eso en propaganda política es una herramienta tan poderosa, más aun cuando quienes la repiten y repiten llegan a creérsela. Y todo ello para pasmo de quienes no caen en esa trampa tan cutre que no son los oponentes políticos sino quienes conservan un mínimo de dignidad y amor propio y se niegan a tragar mentiras como catedrales por un bien que les es tan ajeno en realidad como el del partido de turno.

Pero no quiero hoy hablar de la mentira así, en general, sino de una mentira muy concreta, la que habla de la endogamia judicial; el mero hecho de saber que a la carrera judicial se accede por oposición (a través de unas oposiciones, además, de las más duras) debería hacernos desconfiar de esa teoría según la cual a juez llegan los hijos de jueces… Luego están las estadísticas que, si bien es cierto que son maleables y pueden decir lo que uno quiera, dicen claramente que no, que no son tantos los hijos de juez que llegan a juez.

Ahora bien, alguno hay, sí, igual que no es raro ver médicos hijos de médicos o abogados hijos de abogados o empresarios hijos de empresarios… Y no, no va en los genes ni los padres les compran el título ni el cargo a los hijos, les dejan su patrimonio en herencia, eso sí, lo hace Amancio Ortega y Pepe Pérez. ¿Y por qué no es raro que el hijo de un médico sea médico o, al menos, tenga estudios superiores? La respuesta no está en ningún tipo de endogamia, esa es solo la excusa que usan siempre los colectivistas para hurtarnos la responsabilidad que tenemos sobre nuestro destino y el de nuestros hijos y echársela encima a un enemigo invisible, la respuesta está en la EDUCACIÓN. Y por eso quienes han destrozado la educación y se niegan a poner en marcha las reformas necesarias para recuperarla NO TIENEN PERDÓN. Y, curiosamente, en buena parte son los mismos que hablan de la dichosa endogamia.

Llega, por ejemplo, de Celis, y grita ¡endogamia judicial! (no se engañen, no lo dice porque así lo crea sino únicamente para generar desconfianza hacia un poder judicial que está trabajando en los delitos cometidos por miembros del gobierno o de su entorno); y quienes tienen en estima lo que diga este señor o su partido empiezan a sentir la gota malaya caer y van desconfiando cada día un poco más de la justicia mientras depositan su confianza en forma de voto en políticos que joden el sistema educativo, rompen el ascensor social y provocan, precisamente, eso contra lo que dicen luchar: cavan brechas de clase.

Pero no es el dinero ni es la dichosa endogamia, no, es la educación; en un sistema educativo mediocre solo salen adelante los mejores (y aun de esos podemos perder algunos) y los que tienen unos padres que se ocupan de hacer en lo posible lo que no hace el propio sistema (pagan colegios privados o clases particulares o trabajan ellos mismos con sus hijos, llenan sus casas de libros, visitan museos con los niños…); y ahí sí hay una brecha: quienes tienen padres con un nivel educativo alto tienen ventaja (o no, depende como gestionen los padres lo que eso tiene de ventaja), quienes tienen un nivel económico alto tienen ventaja (o no, depende de cómo gestionen los padres lo que eso tiene de ventaja); ¿dónde está la ventaja incuestionable? En la importancia que los padres dan a la educación de sus hijos.

No hablo de oídas, tampoco me baso en sesudos estudios ni en estadísticas de ningún tipo, hablo de lo que ven mis ojos (y no, no me van a convencer de que la verdad es lo que dice el político de turno y no la que estoy viendo brillar delante de mis ojos, tal vez me quede ciega algún día pero no será voluntariamente y porque lo diga un inane político por lleno que esté maldad o arte manipulatorio); es más, no solo es que lo vea hoy, es que lo llevo viendo toda mi vida, permítanme que les hable de mis abuelos:

La de mi abuela era una familia pobre, tanto que en cuanto supo leer, escribir y las cuatro reglas, dejó la escuela para ayudar en casa, en el campo, porque sino ni ella ni sus padres y hermanos comían; lo triste del asunto es que su padre era ebanista, con taller propio, pero les hablo de la posguerra y entonces ni los supuestos ricos lo eran tanto, el bueno del ebanista trabajaba pero le debían el pago más clientes de los que pagaban así que mi abuela, ya una adolescente que había madurado por necesidad, se convirtió también en algo así como la cobradora del frac… La familia de mi abuelo estaba algo mejor en lo económico pero se quedó huérfano de padre siendo muy pequeño y una mujer sola con dos hijos en aquella época tampoco era ideal, con 14 años entró en los astilleros como aprendiz.

Cuando se casaron mi abuelo seguía en los astilleros y, aunque con el tiempo se convirtió en un delineante de primera de los que se jubilaron pronto y con la pensión máxima, en sus tiempos mozos con su sueldo no vivía una familia, menos aun una familia con tres hijos y sin casa propia y todavía menos si se tenía en mente que los hijos fueran a la universidad… ¿y lo tenían en mente? Si algo le pesó a mi abuela (pesar en el sentido de lamentar, no de arrepentirse porque siempre supo que hizo lo mejor que podía haber hecho en cada momento de su vida) fue dejar la escuela; no recuerdo habérselo oído decir expresamente pero su admiración por ‘la gente que sabe’ y por ‘el saber’ era tal que resultaba imposible no darse cuenta. Así que no dudo que sí, lo tenían en mente, al menos ella.

Por eso, porque quería que sus hijos supieran mucho más que ella, cuando eran adolescentes, quizá un poco antes, se hicieron socios del Círculo de Lectores; no recuerdo haber visto a mis abuelos leyendo novelas en el sofá ni tener libros en la mesilla de noche (el periódico sí, pero no libros), en cambio sí recuerdo las estanterías del salón con sus libros y a mis abuelos, cada vez que La Voz de Galicia sacaba alguna colección de libros, preguntar si la quería alguien… Las pagaban ellos por supuesto, pero para quien la quisiera, no para sí.

De los tres hijos que tuvieron mis abuelos (dos hijas y un hijo) dos fueron a la universidad y la tercera, que era en realidad la primera (la mayor) no porque no quiso… para disgusto de sus padres (pero ya estaba en-noviada seriamente y no hubo quien la convenciera, tampoco el futuro marido, a la sazón mi padre).

¿De qué endogamia me van a hablar para explicarme que de una señora que sabía leer, escribir y las cuatro reglas y de un señor que empezó a trabajar como aprendiz a los 14 años nacieran un ingeniero agrónomo y una maestra?

Pero voy más allá… de los 7 nietos que tuvieron ese par de grandes abuelos, 6 tienen estudios superiores y el que no los tiene es funcionario militar; entre los 7 hay una filóloga, dos de derecho, un ingeniero informático, uno de económicas y una de doble grado de empresas y turismo además del de la marina; vuelvo al origen… la señora que trabajaba el campo y era la cobradora del frac de su padre y el aprendiz de la Bazán… ¿endogamia? No me digan…

No. No es la endogamia. No es la situación económica. No es el sistema educativo. Es la importancia que se da a la educación y cómo se sustancia y ahí sí, en cómo se sustancia, por supuesto que, como en todos los ámbitos de la vida, quienes disfrutan de situaciones económicas más holgadas lo tienen mejor y lo tienen además mejor de lo que deberían tenerlo ¿por qué? Porque quienes lo tienen peor son quienes no pueden suplementar un sistema educativo que está hecho trizas.

Y por eso me enciendo como un farolillo cuando oigo hablar falsamente de endogamia profesional a quienes deberían estar trabajando para que tengamos un sistema educativo que aminore las desigualdades, que de a todos la oportunidad de acceder al saber, de crecer, de prosperar, de aprender a tomar las riendas de su vida y llegar más lejos que sus padres tanto si tienen la suerte de tener unos abuelos como los que tuve yo como si no es así.

Oigo en la radio que hay 9.000 niños que todavía no han vuelto al cole desde la dana que asoló Valencia hace más de un mes… ¡más de un mes! Y es un titular que no merece desarrollo, que ahí se deja por si tiene interés para alguien… Un país que desprecia así la educación es un país destinado a ser pobre. No lo digo yo, lo dijo Antonio Escohotado:

+

Hace ya más de un año que publiqué MALEDUCADOS pero bien muy a cuento recordarlo hoy porque, además, empieza precisamente recordando esas palabras de Escohotado.

Deja un comentario