Miles de voluntarios que se dirigen a las zonas de La Torre y Paiporta para ayudar en las labores de limpieza y reconstrucción. EFE/Biel Aliño

Maleducados, sí. Y la culpa es nuestra.

El cielo ha caído sobre Valencia y se ha desatado la catástrofe; una catástrofe que la complejidad de nuestra administración aliñada con los siempre rastreros cálculos políticos no ha hecho más que agravar ¿y entonces? Entonces llegó el manido ‘el pueblo salva al pueblo‘ y con él los voluntarios para ayudar a los afectados por la dana que llegaron a Valencia antes que el ejército. ¿Y quienes eran, son, esos voluntarios? la mayor parte de ellos jóvenes, jóvenes de esos a los que acusamos (unos más que otros y algunos de unas cosas, otros de otras) de ser victimistas y ofendiditos, de ser unos blandos, chicos y chicas de cristal… Ahora, tras verlos enfangarse en Valencia, son la gran esperanza blanca. Pues bien, ni eran tan malos ni son tan buenos, o mejor, eran tan malos y son tan buenos… ¿Maleducados? Sí y no (parezco gallega, oiga…). Me dejo de divagaciones.

Hay una idea, que es para mi una idea fuerza, subyacente a todo lo que cuento en mi ensayo Maleducados: los padres somos los responsables de la educación de nuestros hijos; lo que, en mi opinión, ha quedado patente en Valencia es el choque entre esa educación, -la que proveemos los padres y que los incautos limitan al cuidado, crianza y entretenimiento de los niños-, con la línea educativa oficial de quienes defienden que los niños no son de sus padres y trufan los currículos escolares de ideología. Y ha ganado, de largo, la primera, algo por lo que bien podemos felicitarnos pero sin perder de vista una realidad que necesitamos cambiar:

Los jóvenes han demostrado un coraje notable y también han mostrado los valores que los mueven; se han ido a limpiar barro, a ayudar, no a confrontar con nadie y con esa actitud han destrozado en pocos días las teorías de la confrontación tan delicadamente alimentadas por algunos desde el 15m; pero cuando decimos que las nuevas generaciones están plagadas de jóvenes maleducados no nos referimos únicamente a los valores que tienen o de los que carecen, a si ceden el asiento en el metro o si usan el por favor y el gracias, nos referimos también a si son conscientes de lo que deben y no solo de lo que se les debe y, he aquí la clave, si están preparados para hacer lo que deben…

¿Por qué digo que la clave estriba en si están preparados o no? Porque lo anterior no depende de nosotros como sociedad: si los padres educamos a nuestros hijos con ciertos valores y principios, con cierta exigencia o si los sobre-protegemos no depende de un colectivo llamado ‘padres’, depende de cada padre y cada madre; si fruto de esa educación entienden el valor de la cortesía y la amabilidad (ceder el asiento, saludar en el ascensor, usar el por favor y el gracias…) depende también poco de nosotros aunque aquí el ejemplo, no solo la familia, tiene su influencia. En cambio que estén debidamente preparados depende directamente del sistema educativo y hay dos maneras de afrontar esto: o bien pensamos que eso depende de los políticos así que estamos vendidos o bien pensamos que de lo que depende es de que los ciudadanos entendamos que somos nosotros los que quitamos y ponemos a nuestros políticos, los que podemos y debemos decirles: así no, por ahí no.

Lo que han demostrado los jóvenes que han dedicado su tiempo, que están dedicando su tiempo y su esfuerzo, a ayudar a quienes más lo necesitan en una catástrofe es que la fibra moral está ahí y que es la que los mueve en una situación límite (no la ecoansiedad, su antagonismo al heteropatriarcado ni las dichosas pantallas). Bien por ellos.

¿Que me decís que algunos van por postureo? Los habrá, no digo que no; ¿que son sólo unos pocos? Pero bien pudieran ser suficientes; ¿que esto es flor de un día? Eso está por ver y, en todo caso, es lo de menos, lo de más es que hemos visto que la fibra moral está ahí y lo que debe preocuparnos, y ocuparnos, es que esos jóvenes que han mostrado esa fibra, y los que vienen detrás, reciban una preparación a la altura que ellos han demostrado.

¿Y entonces? Entonces termino esta reflexión como terminé Maleducados (con un año cumplido desde su publicación ya no cabe hablar de spoilers, menos aún en un ensayo): para asegurar la buena preparación de nuestros hijos, dado que a corto plazo no está en nuestra mano una ley educativo que lo haga, tenemos un as en la manga que debemos usar: la lectura ¿por qué? Porque un nivel alto de comprensión lectora es la mejor herramienta que les podemos dar para que accedan a todo el conocimiento que puedan necesitar; además no dar a la lectura la importancia que realmente tiene y privar de este modo a nuestros hijos de la buena comprensión lectora que trabajarán al practicarla, estamos llenando su camino de aprendizaje de nuevas piedras y dificultades que no podrán resolver fácilmente porque la llave que abre todas las puertas es el conocimiento y al conocimiento se accede a través del lenguaje.

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